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Pesimistas y
apocalípticos
Publicado
en USA Digital: 17/10/06
Desde varias columnas hemos venido defendiendo el
ideario conservador de los EEUU. Con sus errores y
virtudes, hemos destacado la importancia de la
figura de George W. Bush como la de un presidente al
que la historia y el tiempo pondrán en su debido
lugar. Escribíamos hace unos días sobre los
complejos de la derecha, también en EEUU, a la hora
de mirar con optimismo a las próximas elecciones. A
esa turba de miedos, se añade un grupo de personajes
que desde el mismo seno del conservadurismo o desde
los márgenes del campo libertario, acusan a Bush de
impostor. A los libertarios hispánicos -como a la
progresía-, el ataque a Bush les suena a perlas y no
faltan agencias y diarios que se apresuran a
reproducir columnas de todo cuanto le pegue duro a
Bush y a su Administración.
No
pretendemos ser tan ciegos como para negar aquí los
errores que Bush ha podido ir cometiendo hasta ahora
en sus seis años como presidente, desde el gasto
público al tema fronterizo. Pero la cuestión ahora
no es seguir culpando siempre a Bush, porque las
elecciones del 7-N no son sobre Bush. Son para el
Senado y para el Congreso, donde nada está decidido
todavía, como muestra el
gráfico electoral
de un periódico tan opuesto a Bush y al Partido
Republicano como el New York Times.
Curiosamente, incluso ese gráfico desmantela ese
pesimismo apocalíptico de la derrota de los
conservadores y pone en tela de juicio y sobre datos
objetivos todos los augurios prematuros sobre el
supuesto y seguro triunfo del Partido Demócrata en
ambas cámaras de representantes.
No
perderemos ni un minuto intentando convencer a los
enemigos del conservadurismo y menos aún a los
enemigos de los EEUU. Hoy no tenemos ni el tiempo ni
las ganas. Escribimos para quienes se definen como
gentes de derechas, ligadas al ideario conservador.
Escribimos para los pesimistas y apocalípticos que
se juzgan pro-norteamericanos pero no dejan de
maldecir a Bush y a su Administración. A todos
ellos quisiéramos animarles a mirar con calma el
anterior gráfico.
Quisiéramos también recordarles que el ciudadano
norteamericano es, en su inmensa mayoría,
conservador, como prueban las conocidas encuestas de
Battleground Poll,
una de las más fiables, independientes, reconocidas
y mejor preparadas en EEUU. En los últimos años y
hasta la última encuesta de hace unos días,
aproximadamente el 61% de los norteamericanos
encuestados se han venido definiendo como
“conservadores” o “muy conservadores” y el 35% se
han ido catalogando como “liberales” o “muy
liberales” (entiéndase “liberal” en EEUU, como lo
opuesto a “conservador” y equivalente a “progresista”).
Esa amplia ventaja en la autodefinición del propio
ciudadano norteamericano como ser eminentemente
“conservador” debería ser, en sí misma, objeto de
reflexión para los pesimistas y apocalípticos de la
derecha norteamericana. Y no digamos ya para la
derecha mundial, sobre todo la que pinta y calza en
lengua española. Por eso, y a pesar de que en
ciertas áreas las encuestas no resulten muy
favorables para los conservadores, vale la pena no
dejarse embaucar por los pronósticos de la progresía.
Vale la pena siempre estar lejos de los falsos
fantasmas de las izquierdas y sus comparsas.
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