En las
últimas horas, todas las cadenas
nacionales de televisión y radio
norteamericanas han vuelto a prestar
especial atención a la figura del
reverendo Jeremiah Wright, el
controvertido pastor del aspirante
presidencial por el Partido
Demócrata, Barack Obama. Hace unas
semanas, al saltar el escándalo de
los sermones incendiarios de Wright,
Obama criticó muy tímidamente a su
pastor y calificó los puntos de
vista de aquél sobre EEUU como
distorsionados. Cuando parecía que
el episodio en torno a Wright y los
exabruptos de sus sermones se habían
ya evaporado, el pastor racista
acaba de volver otra vez a escena
por la puerta grande para encender
más, si cabe, al rebaño progresista
de la izquierda norteamericana,
siempre anhelante de recrear otro
68.
A una
semana de otras nuevas primarias, el
gran perjudicado de esta reaparición
no es otro que el propio Obama. En
una charla al National Press Club en
Washington este pasado lunes, Wright
afirmó que las críticas a sus
sermones eran un ataque a la Iglesia
negra. La realidad, sin embargo, es
que las acusaciones a la forma y al
fondo de sus sermones resultan tan
justos, como necesarios porque nunca
se tomaron fuera de contexto. No
iban contra religión alguna, sino
contra la politización de ésta.
Wright ha usado el púlpito durante
varias décadas para hacer política
barata y para criticar sin
argumentos ni pruebas a EEUU y a la
comunidad angloamericana y blanca.
Ante esto, a Obama no le queda ya
otro remedio que salir públicamente
cuanto antes a denunciar y repudiar
a Wright, sobre todo ahora que éste
ha reiterado las mismas ideas
insanas de sus sermones pasados.
Entretanto, los Clinton aguardan.
Ellos son la marca del mejor jabugo
en cuanto a estrategia para ganarse
el voto de los "superdelegados".
Bill y Hillary harán lo imposible
para evitar que Obama les arrebate
la candidatura. Su estrategia es
ganar, sobre todo ahora que el
presidente del Partido Demócrata,
Howard Dean, haya afirmado que uno
de los dos aspirantes habrá de
renunciar a seguir en campaña
después de la última primaria en
junio y a fin de que el partido se
unifique antes de la Convención
Nacional Demócrata en agosto. Los
Clinton no lo tienen fácil, pero el
problema de Obama es ahora que no ha
ganado nada desde fines de febrero y
que muchos van ya conociendo mejor
su condición, sus amistades y su
demagogia populista: la aprendida en
los bancos de la lamentable y
desfasada teología negra de la
liberación, esa basura pseudo-intelectual
vociferada hasta con chulería por el
mismo Wright como pastor y mentor
espiritual del propio Obama.