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La politización de un viaje

 

Publicado en La Nación: 22/04/08

Como mero ejercicio de salud mental resulta recomendable ver el tratamiento de ciertos medios de comunicación a acontecimientos de importancia, en este caso el exitoso viaje papal a Estados Unidos. En la misma mañana del aterrizaje de Benedicto XVI en Roma, la agencia de noticias Associated Press amanecía con el titular: “Incierto impacto de la visita de Benedicto XVI a Estados Unidos”, y a renglón seguido afirmaba que todavía estaba por verse si su gira pastoral de seis días imprimiría una huella perdurable “en un país que admira a todas luces”… A la progresía secular le resulta siempre doloroso que alguien, y más el Papa, admire a Estados Unidos.

Con parecida actitud, la Agencia France Press se detenía a mencionar que el Papa rindió homenaje a la “diversidad étnica” de la sociedad norteamericana, como si la sandez de lo políticamente correcto fuera el punto fundamental de la visita. Fidel Castro tampoco perdió la oportunidad de politizar el viaje para lanzar unas nuevas reflexiones bajo el título “Paz y prosperidad”, publicadas por el diario oficialista “Granma”. Según Castro, los discursos de Benedicto XVI en Estados Unidos expresaron la antítesis de la política de brutalidad y fuerza que aplica Bush en medio de la guerra desatada por Estados Unidos contra los musulmanes. Ni más, ni menos. En Europa, el diario alemán “Suddeutsche Zeitung” señaló que el Papa permaneció abstracto e impreciso en sus misas y en sus discursos ante el público político, tanto frente a Bush como ante Naciones Unidas.

Los ejemplos dados no son, afortunadamente, representativos de lo dicho en general por los medios, pues la gran mayoría de las informaciones han sabido valorar en su justa medida el éxito del viaje papal. Este viaje no tenía una intención política sino apostólica. Así lo ha sabido ver la inmensa mayoría del pueblo norteamericano y sus líderes, tanto los religiosos como los políticos. Dick Cheney, al que la progresía secular nos sigue presentando como el ogro neocon de la Administración Bush, despidió el domingo por la noche a Benedicto XVI en el aeropuerto de Nueva York agradeciéndole hondamente su visita y reconociendo que Estados Unidos se fundó en la idea de Dios. Lejos de politizar esta visita, Cheney no dudó en decirle a Benedicto XVI que él es y será siempre bienvenido a Estados Unidos como heraldo del evangelio de Jesucristo y como líder de la Iglesia Católica, como maestro y pastor de billones de almas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     

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