Nunca como hasta
ahora la visita de un Papa a Estados Unidos
había llegado en un momento tan apropiado y tan
necesario. Benedicto XVI llena estos días los
rincones y los televisores de millones de
hogares norteamericanos, católicos y no
católicos. Su mensaje de fe y esperanza es la
mejor receta que puede recibir hoy un Occidente
enfermo y, en particular, un pueblo como el
estadounidense. Porque Estados Unidos necesita
imperiosamente recuperar aquellos principios y
valores religiosos judeocristianos que fueron el
fundamento de su establecimiento como nación
hace ahora más de dos siglos.
El mensaje
cristiano de esperanza de Benedicto XVI
contrasta estos días con el pagano rito
post-secular de la falaz “audacia de la
esperanza” de figurones políticos como Barack
Obama. Vamos ya sabiendo, al hilo de sus hechos
y declaraciones, que Obama es un mero producto
de marketing, elevado a la condición de mesías
salvador en los torcidos catecismos de la
progresía secular. Ni siquiera candidatos
piltrafa como McGovern, Mondale o Kerry
alcanzaron el radicalismo de Obama. Los
norteamericanos llevamos varios años escuchando
la negatividad y el pesimismo escupido por las
catervas mediáticas ateas y anticonservadoras.
Obama, como la otra aspirante Demócrata -Hillary
Clinton-, insisten en que no hay oportunidades
para el individuo sin la intervención del Gran
Gobierno salvador. Al otro lado en el espectro
político, el Partido Republicano y su actual
candidato -John McCain-, miran desafortunada y
cobardemente de reojo a los valores religiosos
que hicieron grande a Estados Unidos y que
provenían del movimiento conservador.
En este ambiente
de mediocridad política general, aterriza en
Estados Unidos un gran Papa -Benedicto XVI- para
brindar a la nación más poderosa de la tierra
ese necesario mensaje religioso de auténtica
esperanza. Ratzinger no viene a hacer turismo:
llega para hablar claro -como siempre hace- y
para poner cordura sobre unos principios y
valores que enarbolan los fundamentos religiosos
de toda verdadera democracia. En esta época de
trastorno y confusión relativista, Ratzinger
recordará a los norteamericanos la necesidad de
no olvidar sus raíces religiosas como único
camino para defender la libertad y evitar el
creciente vacío espiritual. En medio de la sucia
batalla política electoral, el mensaje del Papa
llega para limpiar el horizonte y para animar a
muchos.