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Porqué la
comunidad negra de EEUU no levanta cabeza
Publicado
en Libertad Digital: 17/03/06
Desde
su cátedra en Berkeley y su plaza en
el Manhattan Institute, McWhorter ha
venido realizando una importante
labor intelectual en torno a la
cuestión negra. Vale recordar sus
trabajos sobre el inglés de los
negros, en su variante de black
english y el polémico dialecto
popularizado como ebonics. En
lo sociológico son destacables sus
dos conocidos libros Losing the
race (2001) y Authentically
Black (2004), cuyas tesis
entroncan directamente con lo
aportado en este nuevo ensayo. Se
unifican así sus anteriores
perspectivas en un volumen
clarificador y alejado del sectario
"multiculturalismo".
McWhorter señala sin ambages que la
sociedad negra norteamericana no
avanza como debiera. Y no lo hace
por sus propios errores, por su
dejadez, su estancamiento y su
errónea consideración de "víctima".
De ser un problema por resolver, el
demagógico discurso de la "victimización"
ha pasado a aceptarse en las
comunidades negras como algo válido
y definidor de la propia identidad
afroamericana. Con argumentos
propios y convincentes, el ensayo se
ubica en la línea trazada de
distintos modos y perspectivas por
autores como Dinesh D'Souza, Shelby
Steele, Armstrong Williams, Ken
Hambllin y Thomas Sowell.
En
Winning the race sostiene que la
comunidad negra está perdiendo la
batalla del avance social y humano
debido a tres factores o actitudes
propias: el rechazo a la
intelectualidad (anti-intelectualismo),
el separatismo y la propia
victimización. El título del ensayo
juega expresamente con la palabra
race, que en lengua inglesa
apunta a la vez a raza y a "carrera":
es la carrera que la raza negra –como
cualquier otra en toda sociedad
libre– debe correr para avanzar y
alcanzar la prosperidad en igualdad
de oportunidades.
El
necesario activismo a favor de los
derechos civiles de los años 60 se
ha convertido en un voluntario
parasitismo en nuestros días que,
generado por la misma comunidad
negra y sus líderes, resulta
negativa para el futuro. Es por ello
que hay que ganar la carrera y
apartar los ya anquilosados reclamos
de discriminación racial y otras
actitudes trasnochadas. La perpetua
dependencia de la comunidad negra de
unos subsidios gubernamentales de
ayuda social impiden el avance de
sus individuos y los convierte,
generación tras generación, en
grupos ignorantes que consideran la
educación como algo propio de otras
razas, especialmente la blanca, e
ignoran la responsabilidad
individual.
McWhorter analiza la situación de
las sociedades negras urbanas, con
especial atención al caso
paradigmático de Indianápolis.
Apunta las razones para dudar de la
viabilidad de los actuales programas
de "Acción Afirmativa" y desarrolla
ideas al hilo de lo que califica
como "alienación terapéutica" de los
negros respecto a otras formas de
vida norteamericanas, una suerte de
aislamiento autoimpuesto reflejado
en muchos aspectos de la propia
cultura popular negra: en la música,
con el rap violento, militante y
radicalizado, o con el hip-hop
plagado de brutalidad y misoginia,
cuando no de pornografía; en la
política, con el discurso inútil de
figuras como Jesse Jackson o Al
Sharpton; en lo académico, con
intelectuales de la izquierda más
radicalizada, como Michael Eric
Dyson o Cornel West. Asegura
McWhorter que algo falla en el seno
de la comunidad negra cuando,
cuarenta años después del triunfo
legal de los derechos civiles, buena
parte de ella no han avanzado tanto
como los otros grupos. Lo que se
desprende de estas páginas y de la
propia experiencia del autor es la
tergiversación procedente de los
colectivismos propugnados por la "Nueva
Izquierda" de los 60, que siguen
instrumentalizando a las comunidades
más empobrecidas con nefarios
argumentos sobre el origen de la
pobreza, la criminalidad, la ruptura
familiar y otros problemas sociales.
En todos los casos el culpable es
siempre el capitalismo, generado por
el ambicioso hombre blanco.
Cabe
señalar que la América negra de la
que habla McWhorter es
fundamentalmente la de lengua
inglesa y los llamados "afroamericanos",
sin profundizar en las de origen
caribeño y de raíz hispana. En todo
caso, vale la pena conocer esta obra,
para valorar que, lejos de lo que se
pretende desde el antiamericanismo
militante, en la América de hoy no
hay espacio para el racismo oficial,
ni para la opresión o la
discriminación. Existen fórmulas
legales que funcionan perfectamente
para combatir todo eso, de ahí que
McWhorter se enfrente a los líderes
negros que perseveran en alienar a
su comunidad alegando pesimismo y
confrontación racial. Lo que de
forma detallada y bien argumentada
plantea McWhorter es lo mismo que ha
venido defendiendo un personaje tan
popular en la comunidad negra como
el actor Bill Cosby: que hay que
terminar con la idea del "racismo
para siempre" y sustituirla por una
voluntad real de la misma comunidad
negra por formar parte de una
sociedad –la norteamericana– donde
predomina la igualdad de
oportunidades y donde el éxito o el
fracaso depende de la
responsabilidad individual.
Al
margen de ciertas apreciaciones
históricas y otros detalles de
conjunto, estamos ante un libro
aclarador, algunas de cuyas páginas
habría suscrito –de vivir todavía–
el mismo Martin Luther King. El
ensayo de McWhorter es una buena
vacuna frente a los demagogos de la
propaganda de la izquierda de los
años 60. Lo es, sobre todo, porque,
como él mismo dice, no es un votante
de George W. Bush, sino un
intelectual consciente de la
realidad de su propia comunidad.
John
McWhorter: Winning the race.
Beyond the crisis in Black America.
Gotham (Nueva York), 2005; 352
páginas.
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