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Bush en la Casa Blanca
Publicado
en Libertad Digital: 04/10/07
El título,
Dead Certain, nos habla del optimismo y
la seguridad con que Bush ha asumido el reto de
la Presidencia de los Estados Unidos de América.
Por lo que hace al autor, el periodista Robert
Draper –que ya se ocupó de Bush cuando éste era
gobernador de Texas–, no ha seguido el camino
trazado por otros autores que han publicado
obras sobre el actual inquilino de la Casa
Blanca, como
Ron Suskind,
Bob Woodward,
Fred Barnes o
Bill Sammon.
Draper es
objetivo: ni adula ni censura a Bush; acaso
por ello ha recibido tanta crítica enconada
desde todos los frentes. Estamos ante un
recuento fiable y serio que trasciende las
opiniones personales y los gustos políticos
actuales y que, debido a las fuentes de
primera mano que maneja el autor (se ha
entrevistado numerosas veces con el
presidente y con sus asesores), será punto
de referencia en el futuro para quien quiera
estudiar con rigor la presidencia del
político texano (Draper también es del
estado de la estrella solitaria).
Resulta
chocante leer algunas de las notas y
comentarios que se han vertido en España
sobre este libro. Rezuman antiamericanismo
por todos los lados. El País, por
ejemplo, ha sido incapaz hasta de traducir
correctamente el título. Y es que dead
certain no equivale a "[una] muerte
segura", sino, como recoge el diccionario
on line al que hemos remitido más arriba,
a "completamente seguro". Así de confiado se
ha mostrado Bush durante sus dos mandatos al
frente de los Estados Unidos de América.
Draper
presenta un recuento de la Presidencia de
Bush, e intenta informar y elucidar más que
abogar a favor o en contra del personaje o
de las medidas que ha ido adoptando. Para
ello se ha apoyado en las seis entrevistas
que mantuvo con Bush entre diciembre de 2006
y mayo de 2007, en las dos que le concedió
la Primera Dama y en las que realizó a más
de doscientas personas del entorno del
presidente, entre ellas Dick Cheney,
Condoleezza Rice, Donald Rumsfeld y Karl
Rove. El resultado no es nada tendencioso.
Además, las notas finales aportan una
sustanciosa y detallada documentación.
Dead Certain
demuestra que Bush no es un títere en manos
de otros, ni el cowboy que tantas veces nos
han querido colar, sino una persona que,
evidentemente, tiene sus virtudes y sus
defectos pero que tiene una gran seguridad
en sí misma. El Bush que encontramos aquí es
un tipo que desayuna leyendo la Biblia, un
esposo fiel, un padre y amigo que invita a
hacer deporte en la Casa Blanca a Michael
McNaughton, un sargento discapacitado de
Luisiana herido en combate y con una pierna
ortopédica. Es el Bush que, cuando puede,
habla en español a los hispanos, y que
defiende y explica las ideas relacionadas
con el conservadurismo compasivo y la
responsabilidad personal. Un Bush, también,
que reconoce haber sufrido y aun llorado a
solas.
Evidentemente,
encontramos aquí páginas dedicadas al 11-S,
a lo que vino después del 11-S, a Afganistán,
a Irak... Sobre las armas de destrucción
masiva, Draper señala que la información
procedía de la CIA: el entonces director de
la agencia, George Tenet, heredado de
la Administración Clinton, llegó a decir que
era un hecho seguro e incontestable que
Sadam Husein poseía ADM. Asimismo, se da
cuenta de una entrevista que mantuvo Bush
con tres exiliados iraquíes en enero de
2003, y en la que éstos aseguraron a aquél
que sus compatriotas recibirían a las tropas
norteamericanas con entusiasmo y que las
tensiones se disiparían con la caída de la
dictadura baazista.
La citada
entrevista se produjo un mes antes de la
célebre reunión que mantuvieron José María
Aznar y Bush en Crawford (Texas), cuyas
actas secretas filtró recientemente el
Ejecutivo socialista a sus medios afines (de
nuevo El País). Este libro permite
valorar en su justa medida cómo fue el
ambiente en que transcurrió ese encuentro, y
afirmar que Bush tenía la voluntad de agotar
las vías diplomáticas en Naciones Unidas,
con el respaldo de sus más cercanos aliados:
el propio Aznar, Blair, Howard y Berlusconi.
Dead Certain
nos confirma que Bush está muy atento a lo
que ocurre en y con Irán, y que se muestra
optimista con respecto a lo que puede
conseguir en Irak el general Petraeus. El
final de ambas historias, la de Irán y la de
Irak, está por escribirse/decidirse.
En otro orden
de cosas, Draper nos informa de que Bush
planea abrir, cuando abandone la Casa
Blanca, un Instituto para la Libertad en
Dallas (que estará junto a su Biblioteca
Presidencial), así como impartir
conferencias; no sólo para ganar dinero –como
dicen algunos, malévolamente–, sino para
seguir defendiendo las ideas y principios en
que cree.
Draper, repito,
ha dado a la imprenta un libro objetivo pero,
por razones obvias, no definitivo. A Bush
todavía le queda un año de presidencia; un
año que puede ser más importante de lo que
muchos piensan.
ROBERT DRAPER:
DEAD CERTAIN. THE PRESIDENCY OF GEORGE W.
BUSH. Free Press (Nueva York), 2007. 463
páginas.
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