Estados Unidos celebra el 1
de junio su Día de la
Memoria, en honor a los
406.000 soldados
norteamericanos que murieron
en la II Guerra Mundial y
los más de 800 que han caído
en Irak, aparte de otras
miles de bajas en diversos
frentes. Si hacemos caso a
algunos políticos de la
Europa antiamericana y a sus
medios de comunicación, el
enemigo del mundo es Estados
Unidos y sus soldados el
caldo de cultivo del abyecto
imperialismo yanqui.
Para estos ingenios, los
verdaderos amigos son los
fanáticos terroristas
islámicos: seres oprimidos
por el imperialismo yanqui y
sionista que quiere acabar
con el Islam y sus
costumbres. La solución –aseguran-
es que Bush se vaya de Irak.
O sea, que deje de cumplir
su juramento a la
Constitución de su país para
proteger las vidas de sus
ciudadanos. Por eso –insisten-
la guerra contra el
terrorismo es una patraña.
Lo de Irak es ilegal, aunque
la de Kosovo no. Los
soldados en Irak están fuera
de la legalidad
internacional, aunque los
30.000 soldados franceses en
Costa de Marfil hacen muy
bien protegiendo al dictador
africano.
Estados Unidos –nos dicen–
incumple los tratados
internacionales y actúa en
Irak “unilateralmente”, sin
el permiso de Naciones
Unidas y de Kofi Annan,
creador del nada corrupto
programa “Petróleo por
alimentos”. El enemigo
americano no respeta los
derechos humanos, ni el
derecho internacional ni las
convenciones de Ginebra. El
unilateralismo vale si lo
practica Francia, como
cuando la crisis del Canal
de Suez; o si lo usa la
antigua URSS en Hungría o en
Checoslovaquia o en
Afganistan; o si sale China
y asfixia al Tibet; o, mejor
aún, si es del Líbano o de
Siria dándole cera a
Israel.
En esas guerras unilaterales,
y con gran espíritu
democrático, Francia no ha
usado nunca su derecho de
veto en el Consejo de
Seguridad de la ONU. Por eso
desde 1964, Francia -el gran
modelo de la España
socialista–, ha intervenido
en Africa unilateralmente
hasta 35 veces. Su objetivo
ha sido siempre defender a
genios de la libertad como
Jean-Bedel Bokassa o a los
honrados líderes Hutus en
Ruanda para que, armados con
munición francesa, pudieran
masacrar a decenas de miles
de Tutsis. Y en Haití, la
labor de Francia ha sido tan
encomiable que hasta los
enemigos americanos les han
tenido que ayudar…
Si escuchamos a estos
talentos europeos, las
empresas norteamericanas
generan toda la inmensa
pobreza del Tercer Mundo. La
Guerra Civil en el Congo no
la generó el imperialismo
belga. Ha sido la
globalización o McDonald’s.
Las fronteras de los
actuales países de Oriente
Medio las trazaron los
europeos, pero la culpa del
embrollo es del diablo
norteamericano. Frente a
Bush y Cheney, bien vale un
régimen ejemplar como el de
Robert Mugabe en Zimbaue,
amparado por Francia durante
dos décadas. Y a ver si, de
paso, Bush acaba con el
embargo al castrismo. El
inspector europeo de la ONU
Hans Blix hizo bien en
preocuparse más por el
calentamiento del planeta
que por las miles de
familias kurdas que Hussein
exterminó con gas. Por eso,
lo de las armas de
destrucción masiva es otra
mentira americana para
controlar el petróleo…
Y es que aunque los
norteamericanos constituyen
sólo el 5% de la población
mundial, ellos solitos
producen el 25% de la
riqueza de las naciones,
pero no tienen ni cultura ni
historia. La raíz
judeo-cristiana de Europa es
una mentira histórica y no
cabe en la Constitución
Europea. Lo de Dios es para
Bush y los fundamentalistas
cristianos de la extrema
derecha norteamericana.
En fin, que los criminales
islámicos tienen derecho a
armar a sus imanes hasta los
dientes y a tener mezquitas
cuartel. Yaser Arafat es un
santo acorralado por los
judíos. De ahí que a los
nobles guerreros de Hamás no
se les niegue el derecho a
usar las ambulancias de la
Cruz Roja para escapar del
estado terrorista de Israel…
Y la Europa sonámbula tan
pancha… Y sin ejército.