Mediante una amplia
investigación, entrevistas
con ex castristas,
disidentes y prisioneros
políticos, Fontova revela
detalles que hace falta
conocer. En todos salta
siempre la sombra de un
monstruo llamado Fidel
Castro, cuyos destrozos y
constantes violaciones de
los derechos humanos siguen
siendo aplaudidos por la
izquierda más repugnante, en
la que militan los
millonarios titiriteros de
Hollywood.
Fontova observa cada día la
obsesión de ciertos famosos
norteamericanos por
disculpar a Fidel Castro.
Nacido en Cuba pero criado y
educado en EEUU desde los
seis años, nuestro autor
decidió estudiar, investigar
y exponer las cloacas del
régimen castrista para
contar a cara descubierta su
mentira y su hipocresía, así
como la de quienes le apoyan.
En un país como EEUU, donde
la inmensa mayoría de los
ciudadanos desprecian el
castrismo, quedan todavía
algunos radicales acomodados
de la progresía que siguen
defendiendo a Castro. Se
amparan en la maquinaria de
Hollywood, en la universidad,
en la política o en los
medios de comunicación.
Este libro es un aviso para
despertar de su sinrazón a
tales navegantes de la
miopía marxista. Fontova no
deja espacio para la
especulación, sino que
aporta toda una serie de
datos y apuntes que echan
por tierra cualquier atisbo
de bondad del tiranuelo de
machete de La Habana. Es así
como desenmascara a tipos
como Jesse Jackson, miembro
del Partido Demócrata, que
elogió el coraje y la
honestidad de Fidel Castro.
Desde la comodidad de su
millonaria mansión en
California, el director de
cine Steven Spielberg
aseguraba hace algún tiempo
que las ocho horas que pasó
con Fidel Castro fueron las
más importantes de su vida.
Lo mismo el ínclito Oliver
Stone (el director de JFK
o Nixon…), para quien
el dictador cubano es un
hombre con gran moral, nada
egoísta y uno de los más
sabios que jamás ha conocido
la tierra. Podríamos seguir
con otros miopes de
Hollywood como Danny Glover,
Ed Asner, Robert Redford o
Harry Belafonte... Frente a
ellos, y claramente opuestos
a Castro (todo hay que
decirlo), aparecen estrellas
como Andy García o Gloria
Estefan.
Pero abundan más las
piltrafas, como la
supermodelo Naomi Campbell,
para quien Castro es un
sueño hecho realidad. O
viejas bellezas de Hollywood
como Gina Lollobrigida, que
le calificó de hombre
extraordinario, comprensivo
y humano. Otro graciosillo:
el actor Chevy Chase, que
definió el socialismo como
un sistema que funcionaba y esgrimió como
prueba la Cuba de Castro.
Otro más: Dan Rather, el
célebre presentador de
noticias, que dijo
cariñosamente de Castro que
era el Elvis cubano. No
extraña, claro, que sea el
mismo periodista que la
cadena CBS acaba de despedir,
bajo capa de "jubilación",
tras su escandalosa
manipulación informativa
contra George W. Bush, con
el objetivo de hacerle
perder las elecciones.
Las citas textuales de estas
declaraciones y las fechas
en que se realizaron las
encontrará el lector en el
libro de Fontova. Pero lo
que más interesa de la obra
no son las ruborizantes
palabras de tales
titiriteros útiles, sino el
modo en que se expone con
todo detalle la hipocresía
de estos millonarios de la
izquierda, fervorosos
seguidores de unos mitos que
deben ser expuestos. El
escrutinio que realiza
Fontova es ejemplar, y
debería abrir los ojos a
cuantos todavía no quieren
ver la permanente
liquidación de la libertad
por parte de Castro.
El autor comprueba una serie
de datos que los titiriteros
de la izquierda
norteamericana quisieran
ocultar pero que vale la
pena recordar. Por ejemplo,
el plan de Castro para
bombardear centros
comerciales en Nueva York en
1962, con un arsenal de
armas, municiones y
explosivos, incluidos doce
detonadores y cientos de
kilos de dinamita. En España
esto nos suena familiar.
El objetivo era masacrar a
cientos de ciudadanos en
tiendas como Macy's o
Bloomingdales durante el día
de mayor venta comercial, el
posterior a la festividad de
Acción de Gracias. El plan
fracasó por la intervención
del FBI de J. Edgar Hoover y
se encarceló a los
terroristas, aunque Castro
siguió en el poder.
Fontova demuestra cómo la
izquierda norteamericana –desde
la presidencia de John F.
Kennedy hasta las de Bill
Clinton, pasando por la de
Jimmy Carter– ha permitido
siempre que Castro aparezca
como el amenazado y no como
lo que es: el dictador
empedernido. Baste aquí
citar cómo dos ex generales
de la Administración Clinton
–Charles Wilhelm y Edward
Atkensen– fueron
excesivamente permisivos con
Castro; el primero de ellos
incluso aceptó un informe
del Departamento de Defensa,
fechado en 1999, en el que
se concluía que Cuba ya no
era ninguna amenaza para
EEUU y que tampoco fomentaba
la inestabilidad en la zona.
Dos años después supimos –como
documenta Fontova– que dicho
informe lo había escrito una
espía de Castro infiltrada
en Defensa.
Hay muchos más datos
documentados en este libro.
Así, la manipulación que
hizo Castro de los medios de
comunicación de la izquierda
norteamericana en el caso
del niño Elián González
(2000). Dan Rather realizó
una entrevista en la CBS que
ayudó a Castro a ganar la
batalla mediática. Otra
periodista de la misma
calaña, la columnista de
Newsweek Eleanor Clift,
afirmó sin reparos que ser
un niño pobre en Cuba era
mejor que serlo en EEUU.
Casos similares son los de
la presentadora Katie Couric
y el fundador de la CNN, Ted
Turner, siempre tan
comprometido con los
derechos humanos...
Otro asunto que aborda
Fontova es el mito de la
comparación de la Cuba "libre"
de Castro frente a la Cuba
dictatorial de Batista. En
términos estrictamente
económicos, en 1958 Batista
había llevado la Isla a ser
el segundo país en renta per
cápita de toda
Hispanoamérica; casi medio
siglo después, Cuba es lo
que es: un país en la
absoluta miseria. Este libro
ayuda a abrir los ojos a
esas realidades, acaba con
los mitos de Castro y sus
aledaños y termina con
personajes nefastos como Che
Guevara, otro asesino de
escuadrón al que habrá que
dedicar alguna entrega
aparte un día de estos.
Tras estos titiriteros
millonarios de Hollywood
andan genuflexos –como
siempre– los patanes de la
progresía española y un
Gobierno socialista tan
incompetente que sigue
abrazando al tirano y que
hasta lleva al Rey de España
a abrazar al patético
emisario de Exteriores de
Castro. Esto, claro, no lo
hallarán en el libro de
Fontova, porque en EEUU –tras
la cobarde huida española de
Irak– las miserias del
socialismo español importan
ya muy poco. Claro que, con
la posible venta de armas a
la Venezuela de Chávez, la
cosa cambiará… Para peor,
claro.
Es de esperar que el libro
de Fontova se traduzca al
español y se distribuya por
España y toda Hispanoamérica.
Porque urge una iniciativa
verdaderamente democrática
para Cuba, y todos los
esfuerzos son necesarios
para acabar con un gángster
asesino que lleva
esclavizando al pueblo
cubano desde hace ya casi
medio siglo y que ha
encarcelado un porcentaje de
población superior incluso
al de Hitler o Stalin.
Con este libro se entiende
el razonable impulso de la
disidencia y del exilio
cubano de Miami para acabar
con el castrismo. Se
comprende también la calaña
de quienes apoyan y abrazan
todavía a este despreciable
tiranuelo.
Humberto Fontova, Fidel.
Hollywood's favorite tyrant,
Washington, Regnery
Publisher, 2005, 256 páginas.