Hirsen abunda en
algunas de las ideas
sobre la
politización de
Hollywood que
adelantó
parcialmente en su
anterior libro:
Tales from the Left
Coast, uno de
los más vendidos en
2003. En su nueva
obra analiza con
detalle la
radicalización de
Hollywood y su
incansable esfuerzo
por adquirir
influencia política,
poder y capacidad de
control sobre la
ciudadanía y la
cultura política
norteamericanas.
Esta recomendable
lectura ofrece la
cara sectariamente
propagandística y
manipuladora de una
buena parte de los
productores,
directores y actores.
Sus vidas, plagadas
de narcisismo, lujos
y escándalos,
ejemplifican el
relativismo moral de
un cine diseñado
muchas veces para
desarbolar cualquier
atisbo del ideario
de la derecha
liberal-conservadora.
Tras los ataques que
recibió, por parte
de la industria
cinematrográfica
norteamericana, a
raíz de su primer
libro, Hirsen da
cuenta en estas
nuevas páginas de un
hecho incuestionable:
la importante
influencia que el
cine de Hollywood
tiene no sólo en la
cultura popular,
sino, sobre todo, en
la particular y
elitista visión que
sobre la vida social
y política
estadounidense
tienen sus
integrantes. Los
casos de Oliver
Stone, Susan
Sarandon, Sean Penn,
Tim Robbins, Barbra
Streisand, Jessica
Lange o Michael
Moore, entre otros,
resultan
representativos. Se
trata de individuos
(y grupos) que
tergiversan
realidades
históricas o
sociales. Lo hacen a
través de
documentales que se
autoproclaman
rigurosos o mediante
películas con
contenidos y
mensajes de clara
intención ideológica.
Hirsen liga cine y
propaganda sobre la
base de que son
muchos los grupos
políticos y
activistas que
buscan apoyos entre
las figuras del
Séptimo Arte.
Hirsen sostiene
abiertamente que en
Hollywood existe,
mayoritariamente,
una agenda política
disimulada bajo el
manto del
multiculturalismo y
lo políticamente
correcto. Es la
agenda que ataca
ferozmente el
ideario de la
derecha liberal-conservadora
y que defiende hasta
cotas no imaginables
todas las posiciones
de las izquierdas,
en cualquiera de sus
proyecciones y
posturas: desde el
aborto a la
eutanasia, o desde
la falsa
presentación de
hechos bélicos hasta
la tergiversación de
figuras o hechos
históricos. Es por
ello que, según
Hirsen, la prensa y
los comentaristas de
Hollywood demonizan
constantemente el
término "conservador"
y evitan mencionar
el de "liberal" (que
en EEUU es vocablo
ligado a las
izquierdas y
entendido como lo
opuesto a la derecha
política
conservadora).
Nuestro autor, que
vive y escribe muy
cerca de la célebre
ciudad californiana,
y que conoce los
entresijos de la
mencionada industria
desde hace muchos
años, describe en su
documentada obra los
argumentos y razones
que ponen en solfa
la supuesta
objetividad e
imparcialidad
política del mercado
hollywoodiense. En
uno de los capítulos
–acaso el más
brillante de todos–
se muestra cómo las
noticias se han
convertido en
entretenimiento, y
el entretenimiento
en noticias. Sin ser
el caso de todos los
componentes de
Hollywood, sí lo es
el de una gran
mayoría.
Ésta es, de algún
modo, la clave del
libro, y la
constatación de que
una buena parte de
la propaganda de la
sectaria progresía
emplea esos
circuitos de
información para
alinearse con
Hollywood. Hirsen no
tiene empacho alguno
en mostrar página a
página los modos en
que la industria del
cine va imponiendo
subliminalmente sus
ideas a través de
películas
políticamente
adulteradas,
panfletos que se
anuncian como
fehacientes
documentales y otros
dramas varios que
aprovechan la
emoción del
espectador para
inculcar una agenda
contraria a los
principios básicos
de nuestra
civilización
occidental, y
particularmente de
la nación
norteamericana.
Faltaría aquí
espacio para
enumerar los
ejemplos de
películas y
situaciones
planteadas por
Hirsen como
paradigmas de ese
sesgo marcadamente
ubicado en la
oposición a los
valores de la
tradición
judeocristiana. Se
trata, en cualquier
caso, de una forma
de agenda política
que lleva a
confundir realidad
con ficción,
noticias con hechos
reales,
entretenimiento con
noticias. El caso
español y de su
academia
cinematográfica no
anda muy alejado de
cuanto Hirsen expone,
tal y como apuntó
Juan Orellana al
comentar un caso
particular. En
Hollywood Nation
se muestra cómo la
llamada "New Media"
está revolucionando
las noticias y
sacando a la luz la
falsificación y el
activismo de los
estudios
cinematográficos,
así como su
cambalache con las
posiciones más
antiliberales y
anticonservadoras de
los intocables del
mundo de la
información y el
entretenimiento.
La conclusión del
libro es que el
debate cultural y
político lo está
ganando,
afortunadamente, la
nueva forma de hacer
noticias, más acorde
con la verdad y los
valores del pueblo
norteamericano. Son
esos valores y
principios de la
democracia liberal-conservadora,
validados en sus
decisiones en las
urnas y corroborados
en el notable hecho
de la espectacular
caída de asistencia
del público
estadounidense a las
salas de cine. El
lector todavía
incrédulo sobre el
activismo de
Hollywood puede leer
las páginas que
Hirsen incluye
relacionadas con el
debate originado por
la película de Mel
Gibson sobre la
pasión de Cristo;
puede también
penetrar en la
propaganda
antinorteamericana y
antioccidental de
las más recientes
producciones de
Hollywood.
La lectura de
Hollywood Nation
permite ir al cine
con nuevos ojos y
precaución ante lo
que se nos muestra,
escena tras escena,
en muchas películas.
Sólo así es posible
entender la sutileza
de los mensajes
políticos,
disimulados muchas
veces, abiertos y
devastadores otras,
pero casi siempre
nacidos de un
activismo que niega
una y otra vez todos
y cada uno de los
valores de la
derecha liberal-conservadora.
He aquí, pues, otra
herramienta para
combatir la
arrogancia cultural
de las izquierdas,
el vacío intelectual
y la bancarrota
moral de estos
figurones de la
progresía que se
enriquecen del mismo
capitalismo y de la
nación que insultan.
No se olvide que son
esos mismos progres
los que han apoyado
siempre –y siguen
haciéndolo– a los
más grandes tiranos
de la historia.
James Hirsen:
Hollywood Nation. Left
Coast Lies, Old Media
Spin, and the New Media
Revolution. Crown
Forum (Nueva York),
2005. 272 páginas.