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McCain, McRajoy,
McGallardón
Publicado
en Libertad Digital: 28/04/08
Aunque a
algunos pueda sorprenderles este título,
viene éste a cuento porque la actual
descomposición ideológica de la derecha
española anidada en el PP cabe hacerla
también extensiva, al menos en una pequeña
porción, a un sector de la derecha
norteamericana, particularmente al entorno
de John McCain. Por eso, a lo de “McCain,
McRajoy, McGallardón…”, cabría añadir “y
otros macpeperos y gringos de la misma
condición”. Más allá de la broma, el asunto
no es banal. Sería injusto, es verdad,
equiparar del todo la diarrea ideológica en
el seno del PP en España con la
empanada mental que aquí muchos observamos
atónitos también en las filas del GOP, o sea
el Partido Republicano. Mas, por lo mismo, sí
es justo señalar ciertos paralelos entre
ambos escenarios políticos en la derecha
transatlántica.
McCain –como
McGallardón siempre y como McRajoy
últimamente- personifica mejor que nadie esa
actitud de continuo guiño y hasta obediencia
intelectual a la progresía. Conocidos son
los constantes abrazos de McCain a los
senadores del actual Partido Demócrata, que
es una especie de PSOE aunque algo mejorado
pero igualmente giliprogre y
demagógico. Y también, como el PSOE, poco
democrático, según prueba el fiasco que se
viene con los “superdelegados” que es otra
farsa del sistema de primarias “Demócrata”,
como veremos todavía en las próximas semanas
en la lucha Obama-Clinton. Volviendo a
McCain: tanto y tan sublime es el amor
maccainita por esos “Demócratas”,
“moderados” e “independientes” que a ellos
habla y a ellos se dirige mientras ningunea
a los conservadores que –por el voto cautivo-
no tienen otra opción. Un poco, en fin, como
en España... aunque sin suspiros. Y es que,
con esos mismos progres estuvo McCain ya a
punto de acostarse en el 2000 tras perder
las primarias y con esos también estuvo casi
listo para mudarse de chaqueta e irse de
vicepresidente con John F. Kerry, a petición
de éste, según han dado cuenta varios
diarios hace unas semanas.
Durante los
días previos al “supermartes” de febrero
algunos no dejamos de escribir sobre la más
que dudosa coherencia ideológica de McCain
respecto a la derecha conservadora
norteamericana. Afirmamos entonces, como
ahora, que McCain podrá ganar posiblemente
la presidencia pero que será difícil que
lleve adelante iniciativas reales. Y no sólo
por la más que posible mayoría Demócrata en
las dos cámaras, sino también porque McCain
tiene en poca estima el ideario conservador.
Si en España ya McRajoy y McGallardón han
renunciado a los principios de Thatcher o
Reagan para atacar a quienes se mantienen
fieles a esos principios, valga decir que en
Estados Unidos, también McCain –que es el
padre fundador del servilismo y la derecha
idiotizada y progre en esta orilla- también
se dedica a despreciar en cuanto puede a los
conservadores de su propio partido. Así lo
confirma el último episodio en Carolina del
Norte, al hilo de un anuncio contra Obama
elaborado por parte del GOP estatal,
condenado y casi censurado por el
buenismo majadero de McCain. Y eso, a la
vez que aprovechaba un viajecito a Nueva
Orleáns para criticar a estas alturas a Bush
por lo del huracán Katrina… e ignorar a
quienes le exigimos un ticket electoral con
vicepresidente conservador.
Ya sabemos que
las comparaciones no pueden nunca resultar
exactas pues ya quisiera el PP para sí buena
parte de las personas que hoy mueven el
movimiento conservador en el Partido
Republicano. Sin embargo, lo cierto es que
aquí en Estados Unidos, como allá en España,
cada vez resulta más visible y preocupante
la creciente importancia de estos capitostes
de la derecha idiota y acomplejada y su fractura
con la base votante ciudadana: la que busca
soluciones e iniciativas reales sobre el
cimiento de un ideario plenamente ubicado en
principios como los de Thatcher o de Reagan.
McCain, cierto es, siempre será mejor que
McRajoy y McGallardón juntos. Aun así, todos
estos figurones –como muchos meapilas de su
círculo- siguen ignorando -por un lado- el reclamo
verdaderamente conservador de un amplio
sector de su base social y -por
otro-prosiguen babeando ante su idílica y
errada visión de la progresía.
Hoy entendemos bien que ni McRajoy ni
McGallardón son lo que necesita la derecha
española. También sabemos, sin que el
paralelo sea exacto, que McCain no es
tampoco el mejor líder para la derecha
norteamericana: ahí están sus adulterios con
la izquierda al despreciar inicialmente y
votar en contra de la rebaja de impuestos de
Bush; allá recordamos sus esfuerzos por
liderar la banda de los catorce filibusteros
en el asunto de la nominación judicial del
juez Alito; por ahí aparecen sus recientes ataques
a Bush por lo de Katrina o la cantinela contra
la base de Guantánamo y el tema de la
supuesta tortura; por allá se airea su
locura progre con la farsa del calentamiento
global a lo Gore, aparte de sus constantes
dudas a la hora de enfrentarse con fuerza a
Obama o a la Clinton. En suma, que detrás
del viejo veterano de guerra, McCain es
también un maricomplejines a lo
gringo. Con distintas modulaciones y caretas,
este abandono de principios constituye la
gran tragedia de la derecha ideológica, aquí
y allá, nos guste o no. Lo bueno es que aquí
al menos –gane o pierda McCain- su figura
pasará y volverá a haber primarias dentro de
cuatro u ocho años…Lo mismo sería deseable
para España... y cuanto antes, mejor.
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