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La farsa
universitaria en España
Publicado
en Libertad Digital: 27/01/03
La provisión de una
plaza de profesor titular a Joseba Mikel Garmendia
en la Universidad del País Vasco ha dejado indignada
a la opinión pública en España. Los medios de
comunicación han informado sobre esta noticia y los
ciudadanos asisten perplejos a un hecho que la
rapidez de la actualidad acabará dejando atrás. Pero
el vertiginoso ritmo de las noticias no puede
hacernos olvidar este hecho como exponente de una
situación caótica que nos afecta a todos y, en
especial, a la juventud: la farsa universitaria en
la España que se abre al siglo XXI.
Este caso particular acontecido en la Universidad
del País Vasco sólo es la punta del iceberg que
congela la universidad española y que la convierte
en una institución podrida y corrupta, manipulada
por intereses antidemocráticos y antiliberales. Al
margen de otras manipulaciones legales y penales que
requerirían más amplio comentario, Garmendia y el
tribunal examinador no han hecho otra cosa que
utilizar el sistema de oposiciones que en 1983 y con
el nombre de LRU instauró el PSOE. Desde entonces, o
sea en estos últimos veinte años, la universidad
española ha ido cubriendo las plazas de los cuerpos
docentes universitarios con el mismo sistema del que
se ha valido ahora Garmendia y los suyos.
A quienes hemos sufrido en carne propia el abuso de
dos oposiciones universitarias manipuladas y
preparadas de antemano por los tribunales para que
las ganaran los respectivos candidatos "de la casa",
sin posibilidad real y legal de impugnación, nos
duele como a cualquier otro ciudadano libre del
reino de España que esto siga ocurriendo. En el caso
de Garmendia, duele aún más que el dinero público
acabe yendo al bolsillo de personajes ligados al
terrorismo. Pero el fondo de la cuestión no está en
el caso puntual de lo ocurrido en la Universidad del
País Vasco, por mucho que nos pueda molestar, sino
en que esas han sido (y todavía están siendo) las
prácticas comunes en las oposiciones universitarias
en España.
A día de hoy son cientos los profesores que, como
candidatos de la casa, están siendo favorecidos por
tribunales que con alevosía y premeditación han
acordado previamente otorgarles la plaza. De eso se
encargan el presidente y el secretario del tribunal,
ambos de la misma universidad que convoca la plaza,
y a menudo compañeros de departamento del candidato
casero. Estas prácticas siguen vigentes para la
provisión de plazas aparecidas en el BOE antes de la
aprobación de la nueva LOU y mucho hay que temer
sobre la imparcialidad de la nueva fórmula de
habilitación, aunque eso es tema de otro artículo.
La realidad, a día de hoy, es que ha saltado una
noticia indignante que ha calado en la opinión
pública por la relación entre universidad y
terrorismo. Pero esa misma injusticia, esa coacción
de las libertades públicas y esa persecución de los
derechos individuales por vía de la desigualdad a la
hora de optar en idénticas condiciones a esas plazas
ha sido práctica diaria en los últimos veinte años
de la universidad española. Se trata, guardando las
distancias, de una especie de terrorismo intelectual
(ligado a veces al lingüístico en determinados
espacios). Esto es así y está ocurriendo ahora mismo
aunque no sea éste el lugar para dar nombres ni
citar universidades. Lo cierto es que las deudas
morales adquiridas entre una gran parte de
profesores titulares y catedráticos de universidad,
el amiguismo y la mentira están acabando con la raíz
básica de la universidad como institución libre y
democrática.
Todos y cada uno de esos profesores titulares y
catedráticos que en algún momento de estos últimos
veinte años han cedido a presiones, al nepotismo, a
la endogamia, al amiguismo y a la aceptación de tal
o cual candidato en las provisiones de plazas
universitarias y todos los que, en fin, no han
denunciado estas prácticas son hoy culpables también
del caso Garmendia. Ellos saben quiénes son y es muy
posible que ahora miren a otro lado mientras siguen
contando con el dinero del contribuyente para
asistir a congresos, para recibir aumentos de sueldo
por los llamados tramos de investigación, para
recibir becas y para seguir embruteciendo la
universidad. Algunos de ellos alcanzan cargos
administrativos en la misma universidad desde donde
siguen ayudando a la libertad y a la democracia
subvencionando pancartas anti-norteamericanas, y
todo siempre en nombre de la democracia y la
justicia.
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