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Poemas
para Viernes Santo
Publicado en
Libertad Digital: 25/03/05
Ese interés, verificable, es el
que el socialismo des-gobernante
busca borrar de nuestra
tradición cultural confundiendo
la constitucionalidad
aconfesional con el supuesto
laicismo. Los poetas y sus
versos, sin embargo, están ahí.
El
actual Estado laico y
beligerante que propone el
socialismo de mitos
anticristianos y falsedades
intelectuales lo alientan
nombres de nuestra vida pública
y política española como
Gregorio Peces-Barba, Dionisio
Llamazares, Marta Mata, Carlos
Berzosa, ligados todos a la
politización de la universidad y
la cultura en España. En su
auxilio surgen los políticos
socialistas del laicismo, Pedro
Zerolo, Álvaro Cuesta, Gonzalo
Puente Ojea, Victorino Mayoral y
hasta ministros como María Jesús
San Segundo, Fernando López
Aguilar y el mismo José Luis
Rodríguez Zapatero.
Es
así como un solo año de
desgobierno y mitos socialistas
deja ver el demoledor intento de
cambiar la actual configuración
constitucional de España en
materia espiritual y religiosa.
España es constitucionalmente un
Estado aconfesional, que no es
lo mismo que un Estado laico.
Pero, en la confusión que
imprimen los mitos socialistas,
se busca crear una España laica
–o sea inconstitucional– que
suprima públicamente la
tradición judeocristiana de la
inmensa mayoría de los españoles.
Entre el fervor popular de la
Semana Santa, arraigado en las
tradiciones españolas, vale la
pena recordar que algunos de los
mejores libros y poemas de
nuestra poesía tienen a la
religión cristiana como eje
central. No hace falta mentar a
Luis de León, a Juan de la Cruz,
a Teresa de Ávila, a Juana Inés
de la Cruz… A algunos les han
quitado ya hasta la santidad,
porque al laicismo intelectual
le suena a algo casposo, rancio,
conservador, cosas de la "derechona".
Es curioso que aquellos cuatro
poetas fueran encarcelados por
herejes. Hoy sabemos del valor
de sus vidas y obras, aunque
para el socialismo parece que no
existen. Mas ni quitándoles la
santidad podemos negar el valor
de sus poemas.
Por si con esos no vale, y para
mostrar la recurrencia de la
figura central del Cristo
crucificado como motivo poético,
no hace falta volver al pasado
de la tradición medieval, ni a
la poesía mística española, ni
al prodigioso 'Soneto a Cristo
crucificado', una de las cumbres
de la poesía áurea: "No me
mueve, mi Dios, para quererte /
el cielo que me tienes prometido
/(…)/ Tú me mueves, Señor,
muéveme el verte / clavado en
una cruz y escarnecido".
No hace falta recurrir tampoco
al Quevedo del Heráclito
cristiano (1613), ni al Lope
de Vega de las Rimas sacras
(1614). Bastaría citar aquí los
versos a la Crucifixión de Juan
del Valle Caviedes, Alberto
Lista, José Marchena, José
Zorrilla, Gertrudis Gómez de
Avellaneda, Rosalía de Castro,
Amado Nervo, Rubén Darío…, así
hasta mañana, y todos con poemas
a Cristo.
Hablemos del siglo XX, ya que
ahí empieza la "presencia"
política del socialismo en
España. Encontramos una
amplísima nómina de poetas que
–pese a haber sido tergiversados
y apropiados por la mitología
historiográfica de la izquierda
socialista– cantaron con fervor
al Cristo sufriente en la cruz.
Ahí está el Antonio Machado de
'La saeta', el Miguel de Unamuno
existencial de El Cristo de
Velázquez (1920) o el de
'Las siete palabras y dos más'.
Ahí está el
hecho-mártir-socialista Federico
García Lorca, que cantó a
Cristo en 'Poema de la saeta'.
Lo
mismo podemos decir de otro
mítico usurpado por la
izquierda: Miguel Hernández,
cuya vida y obra tuvo un claro
inicio cristiano y católico,
como muestra su cultivo del auto
sacramental y su amistad con el
círculo católico de Ramón Sijé,
protagonista de su célebre
elegía. Así ocurre también con
José Bergamín, autor del soneto
'A Cristo crucificado', donde
afirmaba sin reparos: "Tú me
ofreces la vida con tu muerte /
y esa vida sin Ti yo no la
quiero; / porque lo que yo
espero, y desespero / es otra
vida en la que pueda verte".
También hay que mencionar a otro
poeta adoptado por la izquierda,
Blas de Otero, que antes de su
poesía "social" había escrito
todo un libro entero de
rebosante cristianismo y
titulado Cántico espiritual
(1942) que luego fue –claro–
silenciado por la izquierda.
Hasta Rafael Alberti –máximo "gurú"
de los mitos socialistas y
comunistas– no pudo olvidarse de
su raíz cristiana y católica.
Basta leer su 'Triduo de alba',
poema en tres sonetos a la
Virgen del Carmen que concluye
con una petición de amparo: "Sobre
mis hombros te llevaré a nado /
a las hondas grutas del pescado
/ donde nunca jamás llegan las
redes". Años después,
cuando, ya septuagenario,
regresó como diputado comunista
a la España de la Transición,
vale recordar el rechazo popular
que suscitó el que quisiera
cantar a la Virgen de Triana en
tributo a la "reconciliación
nacional" entre los comunistas y
las vírgenes más sagradas de
Andalucía. Cosas de Alberti.
Incluso los poetas de la
vanguardia transatlántica –también
adoptados por el socialismo
militante– tuvieron mucho de
cristianos, como la Gabriela
Mistral de 'Oración al Cristo
del Calvario', o el César
Vallejo cristiano. Frente a
ellos, cabe mencionar a una
figura clave del 27 español:
Gerardo Diego, poeta de talante
liberal que nunca olvidó su fe
cristiana y que escribió un
libro entero de poemas sobre la
pasión y muerte de Cristo: su
ejemplar Vía Crucis
(1931), que luego formó parte de
otro libro más amplio y titulado
Versos divinos (1970).
Tampoco podemos olvidar la
vertiente poética religiosa de
Ramón de Garciasol, autor de 'A
Cristo en la Cruz', de José
García Nieto y de otros poetas
silenciados por el socialismo de
alpargata, como el Manuel
Mantero de Misa solemne
(1965), que humaniza a Cristo. Y
como, algo antes, Julio Mariscal
Montes, autor de Quinta
palabra (1958) y de su
ejemplar 'Ecce Homo', donde se
ofrece el Cristo real de carne y
hueso, arraigado al pueblo,
vivo, humanizado y sufriente.
En
el odio socialista a la religión
católica se explica también el
silencio actual de la crítica
sectaria ante figuras como José
María Valverde, José Luis Martín
Descalzo –autor de Camino de
la Cruz (1958)–, ante
autores hoy denostados por "franquistas"
como José María Pemán, poeta de
versos sobre los pasos del Vía
Crucis. Podríamos seguir, porque
la presencia cristiana en la
poesía en lengua española ofrece
centenares de ejemplos y
actitudes.
Desde
distintas posiciones ideológicas, la
poesía española lleva consigo la
tradición judeocristiana. Pretender
cambiar o manipular esa realidad es
pinchar en hueso y mostrar un
aberrante sectarismo. Con todo, el
mito socialista del laicismo sigue
instalado en nuestra cultura, en
nuestros libros, en nuestros poetas.
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