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McCain debe
aprovechar el caos Demócrata
Publicado en
Libertad Digital: 24/04/08
El último
debate televisado en Filadelfia anunció ya
el desvarío político y personal en el que
estaba entrando Barack Obama. Su actitud
ante ciertas preguntas del debate y su
quejica reacción posterior auguraba ya mal
futuro. Aquellos síntomas se han presentado
ya como enfermedad en las últimas primarias
de Pennsylvania, ganadas por la Clinton a
pulso y como confirmación de su derecho a
seguir en campaña, pese a los que quieren
echarla. Los diez estados más poblados de
Estados Unidos son California, Florida,
Michigan, Texas, Nueva York, Ohio,
Pennsylvania, Illinois, Georgia y Carolina
del Norte. Entre todos suman más de la mitad
de la población norteamericana. Obama sólo
ha podido ganar en dos de ellos –uno siendo
su propio estado de Illinois-y está por ver
aún si ganará en Carolina del Norte.
Lo visto en
las últimas semanas en estas primarias
Demócratas confirma que el aparente
resfriado se ha hecho ya gripe en plena
primavera anunciando el caos que recorre a
día de hoy en el corazón del Partido
Demócrata. Sin un candidato asegurado, con
Obama expuesto en su mediocridad e
incompetencia al faltarle el teleprómpter
con el que leer sus discursos y con la
artificial e inventada condición semi-mesiánica
puesta al descubierto, la Clinton ha vuelto
a escena. Será difícil quitarle la
nominación a Obama, pero con los Clinton
nunca se sabe y con los Demócratas, tampoco.
Los ataques desde San Francisco a los
supuestos amargados pueblerinos y devotos de
Pennsylvania le han pasado justa y dura
factura a Obama. Y lo mismo aquellos
siniestros lazos fraternales con el
reverendo Wright y el dinamitero Ayers.
Cierto es que
la Clinton tampoco convence al electorado y
en esas decenas de delegados que separan a
uno y a otro aspirante se halla una
distancia que tardará aún varias semanas más
en clarificarse por parte de los
superdelegados, asunto que preocupa mucho a
la camarilla de Howard Dean, sobre todo
porque verifica la incompetencia de los dos
aspirantes en liza. Entretanto y sin apenas
despeinarse, McCain tiene ahora mismo la
carrera presidencial muy bien orientada. Si
no comete errores, podría derrotar sin
dificultad a cualquiera de estos dos chapuzas,
versión Demócrata de Pepe Gotera y Otilio,
mediocres a domicilio. Pero más allá de lo
que pase en las nueve primarias restantes,
la cuestión no radica ya tanto en saber
quién será el candidato de los Demócratas.
Lo importante
ahora mismo es conocer si realmente McCain
será capaz -en caso de ganar- de ser un
Presidente que no se doblegue a la más que
posible mayoría Demócrata en las dos cámaras
del Congreso. Porque a día de hoy parece que,
paradójicamente, los Demócratas aumentarán
su mayoría en la Cámara de Representantes y
aun en el Senado. De alcanzar éstos de cinco
a siete senadores más, la mayoría necesaria
de sesenta votos en el Senado se pondría del
lado Demócrata y haría de McCain un
presidente con escaso poder de maniobra.
Ante eso, de poco valdrían las nominaciones
de jueces, los planes fiscales y otras
tantas promesas electorales. Por eso importa
tanto que, desde ahora mismo, McCain y los
Republicanos aprovechen el caos de sus
oponentes. Y, sobre todo, que no le pierdan
la cara a los principios y valores que
definen de verdad a la derecha conservadora
norteamericana. Sí, la de Reagan.
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