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El
contradictorio Leopoldo Lugones
Publicado en
Libertad Digital: 24/02/05
La razón, una vez más, es
fácilmente explicable:
Lugones se inició como
socialista y se erigió por
un tiempo en uno de esos
mitos de la izquierda, pero
acabó apoyando el fascismo.
¿Cómo puede un hombre de
izquierdas convertirse en
fascista? Hoy sabemos que lo
uno no anda tan lejos de lo
otro. Ante eso, lo mejor
para la izquierda es
silenciar al poeta,
ignorarlo o atacarlo.
La evolución ideológica de
Leopoldo Lugones partió de
un socialismo cercano al
anarquismo anticlerical,
desarrollado especialmente
entre 1896 y 1903, que fue
sustituyendo paulatinamente
por su sana creencia en el
liberalismo. Rubén Darío –líder
de los modernistas– había
conocido al joven Lugones en
Buenos Aires.
Allí le había dedicado una
amable semblanza a modo de
crónica periodística ('Un
poeta socialista. Leopoldo
Lugones'), donde sugería los
errores de esas ideas
socialistas, aunque
entreviendo ya el futuro
liberal que había en Lugones,
así como el alto valor
artístico de su poesía,
mezclada con su gran nobleza
y bondad personal, más allá
de los radicalismos de la
falsa revolución social.
Años después, el lógico
avance de Lugones hacia el
auténtico ideario liberal no
sentó nada bien en el seno
de la izquierda socialista,
hasta el punto de que el
poeta argentino fue
expulsado del Partido
Socialista "por
inconsecuencia". La medida
suscitó la protesta del
escritor, al haber sido éste
el fundador de uno de los
primeros centros socialistas
en la Argentina.
Su amplia y bien documentada
decepción con el socialismo
le llevó, en 1922, a
declararse antimarxista en
las páginas del diario La
Nación y a burlarse del
marxismo como filosofía
política letal. En su
talante impulsivo, su
obsesión nacionalista lo
alejó cada vez más de sus
ideas liberales, hasta
mostrar un desencanto ante
la democracia cercano a
posturas ligadas al
ultranacionalismo argentino.
En pocos meses radicalizó
sus posiciones, hasta
alcanzar el gran escándalo
de 1923, cuando pronunció
una conferencia en Buenos
Aires titulada 'Ante la
doble amenaza'. Sus ideas
llegaron a simpatizar con
una suerte de fascismo de
corte italiano, lo que le
llevará, en 1930, a
participar en la
conspiración militar a favor
del general José F. Uriburu,
quien detentó el poder
durante dos años para acabar
con la crisis institucional
y política argentina. Hubo
varios partidos que apoyaron
ese golpe, entre ellos el
conservador, así como –aunque
no se suela indicar– los
socialistas independientes.
Es en este giro ideológico
donde cabe entender el hecho
de que la izquierda, que
había elogiado a Lugones en
sus inicios por sus afanes
anarquistas y socialistas,
acabase atacándolo y
silenciándolo, en una
historia de odio contra su
persona y su obra que
todavía está hoy por
escribirse.
No hay ya duda de que
Lugones se negó siempre a
recibir los ofrecimientos
que le quiso hacer el
gobierno militar. Jamás
aceptó honores públicos ni
prebendas de ninguna clase.
Uriburu mismo le ofreció la
dirección de la Biblioteca
Nacional y Lugones no aceptó,
porque su participación
política –que hoy
reconocemos tan
contradictoria– había sido
en sincera en su lucha
contra la amenaza marxista
–la misma que sufría España
y Europa en esos años– y
completamente desinteresada.
En su contradicción y
evolución ideológica,
Lugones quiso ser un hombre
honrado, vehemente y
estricto pero auténtico y
sincero. Lo fluctuante y
extremado de sus opiniones
políticas –a ambos lados del
espectro ideológico– le
generó enemistades que
perviven hoy.
En febrero de 1938,
decepcionado por la marcha
de la historia política
argentina y la corrupción
pública, así como por la
imposibilidad de concretar
su relación amorosa con la
joven Emilia Cadelago (la "Aglaura"
de sus cartas), Lugones se
suicidó, mezclando arsénico
y whisky en la soledad de un
hotel cercano a Buenos
Aires. Desde entonces y
hasta hoy, Lugones se nos
viene presentando en los
medios "intelectuales" de la
izquierda como el poeta del
régimen, el burgués de la
derecha, el fascista
empedernido. Sin duda, el
papel independiente de su
hijo como creador de un
cuerpo policial represor del
comunismo aumentó
injustamente los ataques al
escritor.
Hizo falta que desapareciera
el hombre y el poeta para
que su obra fuera
considerada con serenidad,
entendiéndose sus errores y
contradicciones pero
valorándose su aportación
clave a la historia
literaria hispánica, tanto
en la poesía –de raíz
modernista– como en la prosa
–antecedente del mejor
cuento fantástico
contemporáneo–. No cabe
intentar justificar sus
radicales posiciones, ni
como anarquista socialista
anticlerical de filiación
marxista ni como defensor
del militarismo
antidemocrático. Pero lo que
sí resulta incuestionable es
que, debido a su reacción y
giro contra la izquierda,
Lugones pagó un precio muy
alto en términos de la
popularidad política.
Vale aquí recordar como caso
parecido lo ocurrido años
después con otro argentino:
Jorge Luis Borges, que nunca
recibió el merecido premio
Nobel de Literatura; y todo
por cuestiones ideológicas,
por su abierta negación y
rechazo de la izquierda
marxista.
Desde los bastiones más
antiliberales de la
izquierda marxista Lugones
ha sido atacado y, en lo
posible, silenciado. Y si
desde el oficialismo de la
izquierda se ha hablado de
él ha sido casi siempre para
manipularlo favorablemente,
dado su inicial
anticlericalismo y su
defensa del proletariado, o
para atacarlo, con
referencias incesantes a su
apoyo al catolicismo, al
conservadurismo o al
militarismo de "la hora de
la espada".
Hoy vemos, ya sin lugar a
engaños, que el ataque desde
la izquierda a ese Lugones "fascista"
(y lo mismo a ese "Borges"
neoliberal y capitalista)
corre paralelo a los elogios
permanentes a otros autores
que elogiaron y babearon a
los más terribles y
siniestros asesinos del
totalitarismo del siglo XX,
desde Stalin a Castro: Pablo
Neruda, César Vallejo,
Gabriel García Márquez,
Julio Cortázar, Nicolás
Guillén, Alejo Carpentier… y
tantos otros.
Coincidamos, por tanto, en
que Lugones es un escritor
que ideológicamente erró y
fue contradictorio,
antitético, sorprendente.
Sus ideas políticas incluyen
tremendos fallos, de los que
ninguno estamos exentos,
como seres humanos. Pero
aceptemos también que vivió
esa contradicción permanente
no sólo en su ideología,
también en su vida misma, en
la infinita variedad de
intereses culturales. Fue
católico pero también
practicó el ocultismo y se
inició en la masonería. Rezó
ante la Biblia pero estudió
a Einstein y a Bergson.
Alternó entre el paganismo
decadente y el amor cortés,
vivió entre la fe católica y
las dudas de la teosofía.
Estudió la mitología
grecolatina y propuso una
relectura del gaucho Martín
Fierro. Elogió el
liberalismo de Domingo F.
Sarmiento y pronunció
exabruptos anarquistas que
años después se convertirían
en panfletos patrióticos
cercanos al militarismo
beligerante.
Por eso, entre tanta
contradicción y manipulación,
nos quedamos con el Lugones
poeta, el de esos versos de
Los crepúsculos del
jardín que ahora cumplen
un siglo y que son cimeros
de la poesía en lengua
española. Desde una raíz
simbolista, estamos ante
composiciones que apuntan a
la melancolía y a la
angustia, pero sobre todo a
la búsqueda del amor, como
en la serie de sonetos de
'Los doce gozos'.
Es un amor entregado que
canta a la vida y a la mujer:
"Vuelvo a tus brazos y
otra vez me entrego / a la
dulce vendimia de tus labios".
Es un amor elevándose sobre
la realidad hacia lo
trascendente, ascensión en
un beso sagrado y profano: "Sintiendo
que el azul nos impelía /
algo de Dios, tu boca con la
mía / se unieron en la tarde
luminosa, / bajo el caduco
sátiro de yeso. / Y como de
una cinta milagrosa /
ascendí suspendido de tu
beso". Es un amor
(Eros) asociado ya con la
muerte (Thánathos), como
respuesta a la vida terrenal:
"tus rodillas exangües
sobre el plinto /
manifestaban la delicia
inerte / y a nuestros pies
un río de jacinto / corría
sin rumor hacia la muerte".
En estos poemas está el
mejor Lugones: el que
anticipa el Lunario
sentimental (1909),
donde el argentino
revoluciona aún más la
poesía a través de un
magistral uso renovador del
léxico. Lugones es una de
las bases fundamentales de
las letras hispánicas del
siglo XX, y su obra, al
margen de las antitéticas
ideologías que alentaron los
distintos periodos de su
creación, cifra y resume
todo el proceso de la
literatura argentina, como
adelanto de figuras claves y
universales, incluida la de
Borges, que tanto debe a
aquél.
Es
por todo esto que su obra debe
leerse. También debe celebrarse
y conmemorarse, incluidos estos
olvidados y ya centenarios
poemas de Los crepúsculos del
jardín. Porque a Lugones hay
que identificarlo en sus versos,
pese a la venda y la mortaja que
sobre su figura ha querido
imponer siempre la izquierda
antiliberal: la misma izquierda
que le niega todo mientras se
encandila premiando a sus
favoritos poetas del estalinismo
y el castrismo. Esa es la
izquierda intelectual: la misma
que castra la libertad y sigue
elaborando mitos y maniobras,
manipulando libros y poetas.
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