Al
hacer balance anual de lo que se
ha escrito y dicho contra la
derecha norteamericana, y sobre
todo contra George W. Bush,
resulta obvio que la guerra de
las izquierdas no es contra el
terrorismo, sino contra Bush.
Desde la idea del “caña al mono
que es de goma”, las izquierdas
políticas –incluidas las de EEUU–
juzgan que el mono es Bush, que
su Administración es de goma y
que lo mejor es zurrarle la
badana, aunque sea manipulando
la información.
Para esa propaganda mediática
parece como si Irak jamás
hubiera tenido tres exitosas
elecciones democráticas en menos
de un año. En todos los casos,
los medios de comunicación más
anticonservadores –guiados por
la sectaria CNN y el New
York Times, y seguidos por
los comparsas internacionales,
caldo para Al Jazira– nos han
contado todo tipo de historias
contra Bush, todas tan fallidas
como incapaces de tumbar al
mono.
Día sí y noche también se nos
han detallado las brutalidades
perpetradas por el maligno e
invasor Ejército de los EEUU. Se
nos han relatado
torturas, abusos, malos tratos,
vejaciones; todo ordenado por
Bush, Cheney, Rumsfeld y los
neoconservadores, ocupados sólo
en su codicia por el petróleo
iraquí. A la vez, los mismos
medios “progresistas” adornan
las bondades de los
“insurgentes”, luchadores de la
libertad de su pueblo y de sus
creencias yihadistas.
Después de Abu Ghraib –cuyos
soldados fueron ya juzgados y
expulsados del Ejército– vino
Guantánamo; más tarde, el Corán
vertido en el retrete, que
resultó ser otra falsedad. Tras
los calores del verano, cual
caído del cielo para las
izquierdas resonó el huracán
Katrina y la cantinela de la
inoperancia de Bush, acusado de
racista y hasta de haber
ordenado volar los diques de
contención.
Volvieron luego las
tergiversaciones mediáticas
sobre Irak y sobre las armas de
destrucción masiva; aparecieron
historias de espías como la de
Valerie Plame, buen guión para
una película de Clooney; se
anunció después la cultura de la
corrupción de la derecha
encarnada en el líder
republicano Tom DeLay, al que
los medios culparon ya sin
haberse celebrado aún el juicio.
Saltó luego el caso “Scooter”
Libby, que era el puente –según
el Partido Demócrata y sus
medios– para encausar
definitivamente a Bush, a Cheney
a Rove... Era el fin de la
derecha y de Bush... Pero el
mono siguió en pie.
Se
publicaron después las
filtraciones de unos vuelos
secretos de aviones de la CIA:
cárceles negras, interrogatorios,
torturas, Bush cómplice y
asesino... Irak, otro Vietnam...
y la guerra –otra vez– contada
falsamente por los medios, según
ha relatado acertadamente
Thomas Sowell. Como las
izquierdas políticas y
mediáticas no desean celebrar –porque
les importa un bledo- el
reciente éxito electoral y de
participación en Irak, y como
tampoco quieren reconocer que el
triunfo se debe a la derecha
conservadora liderada por Bush,
el día después de las elecciones,
la contraseña mediática fue la
misma: más caña al mono.
Se
trataba de despistar al
ciudadano, seguir manipulando la
realidad y sacar alguna historia,
como la de la portada del
New York Times, sobre
unas “ilegales” escuchas
telefónicas ordenadas por Bush.
Y todo eso el mismo día en el
que los senadores “demócratas”
obstruían la antiterrorista “Ley
Patriota”. Bush respondió
inmediatamente con un
contundente
discurso que defendió la
legalidad de sus acciones.
Mientras la derecha
norteamericana no olvida el 11-S
y mientras la economía alcanza
notables índices, en Irak se
vota a un gobierno democrático.
La caña al mono falla, pese al
apoyo mediático y la
falsificación de la realidad.
Por eso Bush remonta el vuelo en
todas las
encuestas. Los repetidos
fracasos de estos folletines al
uso de la oxidada maquinaria
propagandística anticonservadora
revelan esa costumbre tan de las
izquierdas de andar siempre más
cerca de los asesinos que de las
víctimas.
Por eso, este 2005 ha demostrado
que la guerra que libran las
izquierdas políticas y sus pozos
mediáticos más serviles no es
contra el terrorismo, sino
contra Bush.
¡Feliz Navidad, Feliz Hannukah!