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Los años de Clinton sí fueron nefastos
Publicado en
Libertad Digital: 22/03/08
Afirmaba Don David
Jiménez en su
última entrada aquí que los años de Bill Clinton
fueron nefastos en muchos sentidos para EEUU. No le
falta razón. Alguno de nuestros lectores, a quienes
agradecemos de verdad sus comentarios, refutó esa
afirmación y expuso la necesidad de reconocer que
los dos mandatos de Clinton fueron bastante buenos
para EEUU al ser, entre otras cosas, años de notable
crecimiento económico. Alegar que los de Clinton
fueron años nefastos sería, según dicho lector, una
opinión sectaria y engañosa. Como en este blog
evitamos hacer precisamente eso, que es justo lo que
caracteriza a la progresía sectaria y falaz, tomo el
guante que reclama otro lector y paso a dar unos
argumentos generales de por qué la afirmación de Don
David sobre lo nefasto de los años Clinton en muchos
sentidos es acertada.
Si de lo que se
trata es de engañar y ser sectario, nadie mejor
representa la mentira que la propia figura de
Bill Clinton y su artificial legado. De sus
falsedades ante la Ley y ante la ciudadanía
norteamericana –documentadas en el caso Lewinsky
y en el proceso de impeachment- dan
testimonio los miles de papeles judiciales
archivados y el hecho de que el propio Clinton
fuera incapacitado legalmente para ejercer jamás
como abogado. De lo corrupto de este personaje
dan cuenta ya no sólo los abusos sexuales y de
poder (sobre mujeres como Paula Jones, Jennifer
Flowers, Kathleen Willey…, alguna de las cuales
lanzaron serios cargos de violación contra
Clinton y por lo que éste aceptó pagar hasta
800.000 dólares para cerrar el caso). Nunca ha
habido en la historia presidencial
norteamericana una figura tan polarizadora –para
lo malo- como Bill Clinton.
En lo económico,
Clinton no enderezó él solo la economía –como se
ha querido vender al público- pues en los dos
primeros años de su mandato no hubo correlación
entre sus políticas económicas de amplias
subidas fiscales y el avance económico debido al
boom tecnológico, entre otras cosas.
Quienes realmente enderezaron esa economía
fueron los miembros del Congreso, controlado
desde 1994 por mayorías Republicanas en las dos
cámaras. Y todo gracias al "Contrato con América"
de los conservadores liderados por Newt
Gingrich. Clinton, por su parte y ejerciendo su
poder presidencial y su derecho de veto
presidencial, elevó siempre que pudo los
impuestos, quiso aumentar las regulaciones e
intentó que una séptima parte de la economía
norteamericana pasara a manos del Gran Gobierno
Federal, con la creación de más de medio millón
de funcionarios. En 1996 no tuvo otro remedio
que firmar varios paquetes económicos positivos,
pero siempre promovidos por los Republicanos. El
intento de construir un sistema de salud pública
como el europeo fue un absoluto fracaso para
Bill Clinton, algo no querido tampoco por la
ciudadanía, aparte de que el motor de esa
iniciativa no fue él, sino su esposa Hillary (de
ahí el concepto irrisorio del “Hillary Care”),
la misma que ahora reconoce dicho fracaso en
plena campaña y presenta otro plan descafeinado.
Cierto es que lo menos nefasto fue la economía,
pero ésta -en las condiciones dadas- podría
haber sido mucho mejor sin necesidad de llegar a
una recesión en 2000.
Nefastos fueron también los escándalos de Bill
Clinton en casos como el corrupto “Whitewater”,
de fraudes bancarios, siempre con los Clinton de
protagonistas (repárese en que a la cárcel
fueron sus amigos más cercanos: los McDougal,
Tucker, Hubbell…). Existe una larga lista de
amigos íntimos o gente ligada a los Clinton que
aparecieron misteriosamente muertos (Mary Catrin
Mahoney, Jerry Parks y hasta doce guardaespaldas
de Clinton), bien en extraños suicidios (Vince
Foster, James Wilson) o en raros accidentes
aéreos (Ron Brown, Raiser padre e hijo, Paul
Tulley). Bajo Bill Clinton tuvo también lugar la
mayor destrucción de documentos claves de alto
estado, la desaparición misteriosa y
manipulación de informes del FBI, abusos de
poder y de agencias federales, politización del
Departamento de Justicia y de la CIA, aparte de
la financiación ilegal de su campaña y blanqueo
dinero de sus asesores. Sus últimos días en la
Casa Blanca vieron el perdón de culpables y
corruptos como Mark Rich… O sea, de película.
Añadamos algo muy importante: los ataques
terroristas contra EEUU (desde el World Trade
Center en 1993 hasta el ataque al USS Cole
pasando por el vergonzoso episodio de Somalia)
son episodios a los que Clinton no supo hacer
frente. Hoy sabemos que resultaron luego ser el
caldo de cultivo para el 11-S. Para la historia
queda la negación de Bill Clinton a capturar a
Bin Laden cuando pudo, según se ha demostrado ya.
De todo esto, y de mucho más, dan cuenta
trabajos y estudios sobre la era Clinton y
también la historia de quienes aquí la vivimos. Pero
no es que lo de nefasto lo diga Don David o yo.
Es que así lo prueban los bien documentados
libros elaborados por figuras respetadas en EEUU
como William J. Bennett, Rich Lowry, Bill Gertz,
Barbara Olson, Richard Miniter, y aun cercanos
asesores del propio Clinton como Dick Morris. La
lista es larga, pero la lectura de estos libros,
al menos, resulta más que recomendable.
P.S. Vaya desde
aquí un saludo a todos los españoles que se ven
condenados a vivir bajo la insensatez del
terrorismo, incluso en días entrañables y
cristianos como ayer. Vaya también aquí un
abrazo especial a todos mis paisanos, amigos y
familiares riojanos de Calahorra, ciudad donde
nací y que ayer fue objeto de otro atentado. Al
ver el reportaje fotográfico en Libertad
Digital he recordado con emoción que a unos
metros del lugar del estallido de esa bomba, me
llevó hace cuarenta años mi abuelo de la mano
para comprarme mi primera bicicleta. Era una BH
roja con la que aprendí a recorrer entre viñedos
y riberas los romanos rincones de mi querida y
vieja Calagurris. A pesar del tiempo, guardo
todavía conmigo el recuerdo imborrable de
aquella bicicleta, la que evoca mi tierra en
España, enturbiada ayer por el insulto
del terror.
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