No cabe ya ninguna duda. La
derecha norteamericana está
entre las cuerdas. El
Presidente Bush aparece con
cuotas bajísimas de
aceptación en las encuestas.
Hay una enorme fractura
entre quienes apoyaron a
Bush. Se acerca ya el final
de varios años de una Casa
Blanca secuestrada por la
negligencia. La nominación
de la abogada Harriet Miers
al Tribunal Supremo ha
dividido a la derecha y a
sus fanáticas facciones
conservadoras. El paso del
huracán Katrina, el inmenso
déficit federal
estadounidense, las
acusaciones de corrupción
contra los líderes
republicanos y la subida del
petróleo son indicadores de
que el pueblo norteamericano
está harto ya de la mentira
de la derecha.
El cuento de los valores
conservadores y de su
presidente es ya un hecho
contrastado. Por eso ahora
entendemos qué equivocados
hemos estado muchos al
apoyar a la derecha y a los
valores liberal-conservadores.
Aceptemos que es un merecido
varapalo a esa derecha ciega
e insensible ante las
injusticias del mundo,
codiciosamente capturada por
el salvaje capitalismo y el
liberalismo económico de la
administración Bush. Ahora
se empezará a hacer justicia
en el mundo y la maligna
derecha norteamericana
aparecerá sin careta para
ser muy pronto desbancada ya
del poder por las solidarias
huestes de la izquierda
democrática y social.
¿Quién no entiende ya, a
estas alturas de la historia,
que efectivamente Irak es
realmente otro Vietnam? ¿Quién
no comprende ya que Bush es
otro Nixon -incluso mucho
peor- acosado por el nuevo
Watergate de mentiras que
pueblan su gabinete? Porque,
¿quién puede olvidarse de
las armas de destrucción
masiva, de la subida del
petróleo, de mentirosos como
Karl Rove, o Tom DeLay, del
calentamiento del planeta y
de Katrina, síntomas todos
de una Gran Depresión
económica?
Los párrafos anteriores son,
en sustancia, el panorama
que en EEUU y en buena parte
del mundo se le presenta
diariamente al ciudadano,
incluso por parte de
comentaristas supuestamente
“moderados” como
Howard Fineman en
Newsweek. Se trata casi
siempre de una versión
moderna, virtual y
cibernética de aquel retablo
de las maravillas cervantino,
entremés modernizado donde
se sustituye la fantasía por
la realidad. Es, otra vez,
el permanente vapuleo
mediático contra los valores
de la derecha conservadora
norteamericana que tanto
sirven luego, de paso, al
rampante y empobrecedor
antiamericanismo
internacional, entre ellos
el del socialismo español.
Los hechos que vivimos ahora
en la política
norteamericana son propios
del lógico y necesario
debate en el seno de toda
ideología política razonable.
Como bien ha escrito el más
célebre comentarista
político radiofónico en EEUU,
el popular Rush Limbaugh, en
su reciente
columna de opinión para
el Wall Street Journal,
la derecha norteamericana
comparte firmes creencias en
la libertad individual (que
incluye también la religiosa),
la limitación del gobierno,
el libre mercado, el
capitalismo, el Estado de
Derecho, la seguridad
nacional y la igualdad de
oportunidades, aspectos
todos sustentados en la base
de su Constitución.
Es así que el actual debate
en el seno de la derecha
norteamericana es el de los
principios y valores
liberal-conservadores, como
resultado de la nominación
de Harriet Miers. Es la
necesaria batalla de ideas
para acabar con el activismo
judicial que ha venido
tergiversando la
Constitución y la base del
sistema representativo de
gobierno. La última vez que
tuvo lugar un debate similar
en el seno de la derecha
norteamericana fue justo
antes de la elección de
1980: la misma que llevó al
pueblo estadounidense a
votar masivamente a Ronald
Reagan en dos elecciones
consecutivas.
Al otro lado del espectro
político hallamos justo a
esos voceros que anuncian ya
a bombo y platillo el fin de
la derecha liberal-conservadora.
Hablamos de esa argamasilla
de cerebros que siguen sin
tener respuestas claras y
directas a los problemas
culturales y sociales. Son
siempre respuestas a medias,
tambaleantes como su propia
ideología, y apoyadas sólo
en la negación del ideario
de la derecha. Frente a la
irrealidad virtual que
insiste en el fin de los
republicanos conservadores,
los hechos y los
acontecimientos van por otro
sendero muy distinto.
Justo cuando Irak acaba de votar
libremente su primera
Constitución democrática y justo
en el momento en que Sadam
Husein empieza a ser ya juzgado
por sus crímenes y masacres
–gracias a la labor y a la
persistencia del gobierno
norteamericano–, resulta
grotesco escuchar todavía a las
izquierdas hablándonos del fin
de la derecha y del cataclismo
de los conservadores. Es la
contagiosa realidad virtual en
la que viven instaladas esas
izquierdas a nivel internacional.
En el caso de EEUU, es lo que
Tod Lindberg ha definido muy
bien como “mitos” en las páginas
del Washington Times
respecto al dudoso futuro de
quienes dan por muerta a la
derecha.