Los últimos sondeos de opinión
sobre las próximas elecciones
presidenciales norteamericanas
de noviembre de 2008 van
aclarando la situación. Entre
los demócratas, Hillary Clinton
sería la candidata; por parte de
los republicanos los aspirantes
más aventajados son Rudy
Giuliani y Fred Thompson. La
cuestión radica en observar qué
hacen y cómo se mueven tanto el
ex alcalde de Nueva York,
Giuliani, como el ex senador de
Tennesse, Thompson. De momento,
Giuliani está ligeramente
aventajado y su actitud en estos
días al hilo del debate en torno
a Irak ha sido inteligente.
Giuliani sabe que su verdadero
enemigo no es Thompson, por más
que se dispute con él la
nominación republicana a la
presidencia. Así, ha decidido
dar un paso adelante y
consolidarse como el aspirante
puntero enfrentándose
directamente a Hillary Clinton.
Al hacerlo, busca atraerse
también a la base conservadora
del Partido Republicano, que
aunque se sitúa algo más en
línea con Thompson desprecia
profundamente las actitudes de
la Clinton y las sonrisas y
apoyos mediáticos que -como ya
mostró L. Brent Bozell- recibe
permanentemente la ex primera
dama. Giuliani da así un paso
más que Thompson y que el resto
de los aspirantes republicanos y
busca autoproclamarse como el
político de la derecha que se
enfrentará duramente a la
Clinton con verdaderas
posibilidades de derrotarla.
Buen conocedor de los entresijos
de la política norteamericana,
Giuliani sabe que la Clinton es
una de las figuras más
divisorias y antipáticas de la
política norteamericana. También
es consciente de que ella será
la candidata casi "inevitable"
del Partido Demócrata y recuerda
el activismo sectario de la
Clinton durante la presidencia
de su esposo en los años noventa.
No es ajeno tampoco a su
polémico historial, lleno de
sombras y polémicas en torno a
su personalidad y los turbios
asuntos con su esposo desde los
años de Arkansas, y ya antes con
el caso Whitewater. Giuliani
conoce los escándalos de
corrupción de la Clinton ya
documentados en libros como los
de Christopher Andersen, Edward
Klein, Dick Morris, Peggy
Noonan, Amanda Carpenter o Bay
Buchanan.
A
todos ellos cabría añadir el
último escándalo de las
contribuciones hechas a la
campaña de Hillary Clinton por
parte de Norman Hsu, un
empresario chino nacido en Hong
Kong, fugitivo de la justicia
desde 1992 por un espectacular
fraude empresarial. El amigo de
la Clinton, curiosamente,
figuraba entre los veinte
mayores donantes de otros
aspirantes presidenciales del
Partido Demócrata, incluido
Barack Obama. Aun así, la
Clinton dice desconocer los
hechos y, como siempre ha hecho
en estos casos (recuérdese el
episodio con su propio hermano),
dice no saber nada.
Giuliani sabe también que, más
allá de lo personal, en estos
mismos días pasados Hillary
Clinton fue incapaz de
distanciarse de las acusaciones
vertidas en el New York
Times por parte del grupo
MoveOn.Org, que acusaba
vilmente al general David
Petraeus de traidor y de haber
cocinado el informe de Irak para
la Casa Blanca. Pudo ver en
directo, durante la audiencia de
Petraeus en el Senado, cómo la
Clinton cometió el grave error
político de descalificar al
general y afirmar que su informe
describriendo avances en la
guerra requería "una suspensión
voluntaria de la incredulidad".
En
su voluntad de darle una seria
batalla a la Clinton y
derrotarla –tarea que la derecha
norteamericana ve con muy buenos
ojos– Rudy Giuliani compró el
viernes pasado un anuncio a toda
página en el mismo rotativo
neoyorquino para recriminarle a
la Clinton que cuestionara la
integridad de Petraeus. El
anuncio era claro: "Estos
momentos requieren de un buen
Gobierno, no de políticos
escupiendo veneno político". De
igual modo, el anuncio criticaba
a la Clinton por no denunciar el
anuncio previo de MoveOn.org
contra el jefe militar
norteamericano.
En
el fondo, todo este debate
favorece a los republicanos,
quienes ya criticaron
unánimemente el anuncio previo
de dicho grupo. Pero a quien más
ayuda es a Giuliani, sobre todo
porque éste acierta al preguntar
a toda página en dicho anuncio
si los norteamericanos deberían
escuchar a un soldado
condecorado comprometido en la
defensa de Estados Unidos o si,
por contra, deberían escuchar al
compromiso de Hillary Clinton
para defender al grupo
MoveOn.org. Se trata de un
grupo que nació precisamente
para ayudar a Bill Clinton
cuando lo de la becaria.
Giuliani acierta, en fin,
hablando claro, sin medias
tintas y sin complejos. Por eso
lidera ahora mismo las encuestas
en el lado republicano. Thompson
no le sigue de lejos y es por
ello que las esperanzas de la
derecha norteamericana están
puestas en ellos.