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Patologías
antiamericanas
Publicado
en Libertad Digital: 18/05/04
La
gran enfermedad de nuestra época es
el antiamericanismo, o sea el odio
visceral a la primera democracia del
planeta, la que acabó con los
totalitarismos fascistas y
comunistas. España imita el modelo
de vida norteamericano, pero su
gobierno retira los soldados de Irak.
Italia habla inglés, pero la
Politécnica de Milán dicta cursos de
modelo y gestión de recursos
naturales utilizando demagógicos
datos de ONGs comunistas. Francia
regaló la Estatua de la Libertad,
pero se abraza ahora a la Alemania
socialista, antisemítica y
antiamericana. El gran problema de
estas patologías es que son un virus
que se extiende por el cuerpo de la
humanidad, en especial entre quienes
usan ese mismo modelo de vida para
luego atacarlo.
La
actualidad de los abusos en Irak y
el repugnante vídeo de la
decapitación de Nicholas Berg
ejemplifica esas patologías. El
ex-director del Centro Islámico de
Washington, Sam Hamod publicó nada
más aparecer el vídeo de la
ejecución un artículo en el que
ponía en duda su veracidad alegando
la posibilidad de que fuera una
manipulación judeo-norteamericana.
Su artículo apareció el 13 de mayo
en la página de internet de Al-Jazeerah
y fue reproducido al día siguiente
en el pseudo-diario digital
Pravda, continuador del viejo
panfleto comunista.
Las
razones que apunta Hamod en su
artículo para dudar de la veracidad
del vídeo son: que los cinco hombres
encapuchados no estaban de pie como
los árabes suelen hacerlo; que eran
demasiado altos para ser árabes y
que, por ello, “es posible que
fueran occidentales o incluso
israelitas, pero nunca árabes o
iraquíes”. Hamod concluye que la
decapitación “puede que la
perpetraran los agentes israelitas,
que han estado operando en Irak
desde la invasión americana”. La
página de Pravda hacía
referencia a las sospechas generadas
por un tal Pater Havlasa, quien
dudaba también del vídeo aduciendo
que “la cabeza cortada no sangraba
lo suficiente”.
Tan
ridículos argumentos prueban estas
patologías y hay que entenderlos en
el contexto de una guerra mediática
en la que se llega hasta a
falsificar muchas de las fotografías
de la prisión de Abu Ghraib. Así lo
prueba que el director del diario
británico The Daily Mirror,
Piers Morgan, haya sido despedido
inmediatamente por su empresa. Y lo
mismo Martin Baron, el redactor jefe
del Boston Globe, quien
confesó que las escenas sexuales de
violación de presos iraquíes se
tomaron de una página web
pornográfica húngara. En las
patologías antiamericanas lo
evidente se presenta como mentira, y
la falsedad como evidencia.
Sin embargo, en España los
ciudadanos van cada vez más al
centro comercial de imitación yanqui
que a la plaza de su ciudad; muchos
sustituyen en sus camisas el
cocodrilo de Lacoste por el
caballito de Ralph Lauren; otros
prefieren ver Troya o La
Pasión a los bodrios de Trueba o
Almodóvar. No hay duda, la culpa la
tienen siempre los americanos. Bush,
Blair y Aznar fueron los que
estrellaron los aviones en las
torres gemelas y quienes activaron
las bombas en los trenes de Madrid.
El próximo domingo, todos otra vez a
la manifestación en la Base Naval de
Rota, con camisetas de Lenin y todo.
Yankees, go
home!
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