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La
autenticidad de Alfonsina Storni
Publicado en
Libertad Digital: 17/03/05
Con Storni estamos ante otro
mito más, pues la realidad de
sus versos presenta a una
excelente poeta del amor, una
mujer valiente que luchó por la
igualdad femenina pero que no
puede ubicarse en el feminismo
radical, tan de moda hoy y tan
protegido por las izquierdas
políticas.
En
la vida y obra de Alfonsina
Storni se conjugan emoción,
sentimiento y reflexión. Su
poesía es humanamente erótica,
anhelante de amor, llena de
vivencias, poesía del yo
angustiado que se cierra en
triste suicidio. Cuando el 25 de
octubre de 1938 la Storni se
arroja al mar y se quita la vida,
entre desengaños y un cáncer de
mama, queda atrás una obra
literaria donde aparece la mujer,
la niña pobre, la madre
costurera, la joven obrera en
una fábrica de gorras, la cajera
de farmacia, la institutriz de
niños inadaptados, la madre
soltera. Pero queda sobre todo
la poeta que como mujer ama,
goza, duda y también sufre.
Alfonsina Storni fue feminista
en el más noble sentido de la
palabra: buscó la imprescindible
igualdad entre hombre y mujer.
Tuvo agallas para censurar el
doble estándar por el que se
exigía la virginidad femenina y
no la masculina. Ahí está su
poema 'Tú me quieres blanca',
heredero del 'Hombres necios'
de Sor Juana. Lo mismo ocurre en
poemas como 'Hombre
pequeñito', 'La que
comprende', 'Siglo XX'
o 'Veinte siglos',
textos todos que apuntan al
anhelo de igualdad real para la
mujer en la sociedad. Ella misma
apoyó los centros feministas,
luchó por el derecho al voto y
defendió cuestiones que hoy nos
parecen obvias. Pero todo lo
hizo sin desmerecer el papel del
hombre.
Fue Storni una mujer rebelde
para su tiempo, buscadora
incansable de la necesaria
libertad femenina frente a las
imposiciones y prejuicios
machistas. Su trayectoria humana
se refleja en espléndidos libros
poéticos: La inquietud del
rosal (1916), El dulce
daño (1918),
Irremediablemente (1919),
Languidez (1920), y los
posteriores Ocre (1925),
Mundo de siete pozos
(1934) y Mascarilla y trébol
(1934). Todos ellos, unidos a
otras piezas en prosa y en
teatro, constituyen la realidad
de una mujer excepcional,
difícilmente reducible a
anacrónicas falsificaciones
extraliterarias e ideológicas a
la moda.
Sin embargo, las críticas del
feminismo radical (y el adjetivo
es importante) no cesan en su
intento de dar una falsa idea de
erudición presentando la obra de
Storni (y lo mismo de cuantas
poetas salgan a su paso) dentro
de un galimatías crítico-teórico
plagado de pura demagogia: la
del enfrentamiento contra "el
patriarcado hegemónico
transgresor", la de "los eco-feminismos
postcoloniales de la otredad",
el "desconstruccionismo genérico
de subjetividades escriturales
feministas", los múltiples ejes
de las "interdisciplinariedades
de la diversidad", la "coyuntura
multicultural femenina" como
respuesta a la "presión
patriarcal neoliberal y
capitalista" que impide la
existencia de códigos y "heteronormatividades
sexuales", que a su vez se ven
filtradas por la ironía que
cuestiona tales "cartografías
postcoloniales y/o
postmodernistas"… y blablabla,
blablabla…
Así ad nauseam, en un
rollo patatero en el que estas
radicales de pelo en pecho
aburren hasta el más pintado.
Así lo cuentan y así lo venden.
Pero basta leer la poesía de
Alfonsina Storni para comprobar
el mito falseado del feminismo
más burdo. En la Storni está el
yo de mujer, el sentimiento
encarnado de la hembra que aboga
por la igualdad con el varón
pero que confiesa también, sin
escrúpulos, la necesidad del
hombre como compañero. Las
radicales feministas del odio,
el complejo y el rencor meten a
Alfonsina Storni en un saco
donde cabe cualquier otra poeta
que pinte bien. Y si no, ellas
la pintan.
Claro está que en tales lecturas
parciales, incompletas y
ciegamente demagógicas que se
hacen de la poesía de Storni no
encontramos nunca aquellos
textos donde mujer y hombre
aparecen complementados
armónicamente. Tampoco se
incluyen los textos de la Storni
que presenta a la mujer
admiradora de la figura
masculina, o los que aceptan
positivamente el dominio del
varón o la supeditación erótica
de la mujer. Esos textos no
podían encajar en las
preestablecidas conclusiones de
las tesis feministoides.
Pero aunque les duela, esto
escribió Storni: "Hombre, yo
marcho por tus mismas sendas; /
hijo de madre: entiende mi
locura". O bien: "Seré
en tus manos una copa fina /
pronta a sonar cuando vibrarla
quieras". O, por si no
quedaba claro: "Soy esa flor
perdida que brota en tus riberas
/ humilde y silenciosa todas las
primaveras". Y otra vez: "Acoge
mi pedido: oye mi voz sumisa, /
vuélvete a donde quedo, postrada
y sin aliento, / celosa de tus
penas, esclava de tu risa, /
sombra de tus anhelos y de tu
pensamiento". Las
feministas radicales prefieren
silenciar estos versos, igual
que los otros del saludo de
Storni al hombre: "Con
mayúscula escribo tu nombre y te
saludo / hombre, mientras
depongo mi femenino escudo / en
sencilla y valiente confesión de
derrota".
Y
lo mismo se silencia cuando
Storni pide consuelo al hombre
tras admitir que la naturaleza
femenina está llena de carencias:
"Escrútame los ojos,
sorpréndeme la boca / sujeta
entre tus manos esta cabeza loca;
/ las mujeres lloramos sin
saber, porque sí: / es esto de
los llantos pasaje baladí. /
Bien se ve que tenemos adentro
un mar oculto / un mar un poco
torpe, ligeramente estulto".
O cuando afirma: "Nuestro
interior es todo sin equilibrio
y huero / luz de cristalería,
fruto de carnaval, / movilidad
absurda de inconsciente coqueta
/ y en el cerebro habemos un
poquito de estopa".
Un
crítico literario de reconocido
valor como José Miguel Oviedo ya
apuntó que ni el contexto ni el
pensamiento de la Storni dejan
lugar a la duda sobre su anhelo
de armonizar hombre y mujer,
porque no hay ninguna ironía en
esos versos. Justo es, por tanto,
recordarlos aquí para medir lo
difícil que es convertir en
bloque a Alfonsina Storni en una
cabal feminista radical, tal y
como pretende la crítica
literaria feminista más sectaria
y diletante.
Estos
versos y poemas no sirven para la
causa y el objeto de la patética
labor de disfrazar a la Storni de
radical feminista, como otro mito
más de su falsa nómina de insultante
activismo. Sólo mediante la
manipulación del arte puede
inventarse una Storni ubicada en las
filas del activismo feminista
radical. La autenticidad y la
originalidad de esta poeta
configuran una poética de alto vuelo,
poesía que se eleva muy lejos de
indeseables agendas extraliterarias
y de politiquillas de mediocres
falderas y activistas amargadas. Lo
justo sería desenmascarar a estas
diletantes una por una, con nombres
y apellidos, para acabar de una vez
con tanta farsa y, sobre todo, para
hacer justicia a una auténtica poeta:
Alfonsina Storni.
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