|
 
De Reagan a Bush
Publicado
en Libertad Digital: 11/06/04
El
pasado fin de semana estuve en
Bel Air, cerca de Los Angeles,
localidad de residencia de
Ronald Reagan. Mientras comía el
sábado con un amigo segoviano
–colega
universitario en estas tierras–
las cadenas de televisión daban
la noticia de la muerte del gran
“Gipper”. Desde entonces no he
querido escribir una sola línea.
Lo hago ahora cuando su cuerpo
va a ser enterrado para siempre
en la Biblioteca Presidencial de
Simi Valley. En estos días he
visto y he leído bastante de lo
que en España, Europa y Estados
Unidos se ha escrito y dicho
sobre Reagan. Por ello, y pese a
lo que les cuentan en los
telediarios de TVE, uno debe
decirles que Reagan fue mucho
más que un actor mediocre o un
vaquero del Oeste. Él fue quien,
ya en 1981, calificó el
comunismo como “un triste y
dañino capítulo en la historia
de la humanidad cuyas últimas
páginas estamos escribiendo”.
Reagan no se equivocó.
Para los muchos españoles que
llegamos por primera vez a
Estados Unidos a mediados de los
ochenta, siendo Reagan
presidente, su muerte es una
pérdida especialmente
irreparable. Primero porque él
mejor que nadie personifica el
país que nos abrió sus puertas a
centenares de jóvenes españoles
que con veintitantos años
salíamos espantados de una
España socialista hundida en el
paro y en la corrupción, con una
universidad endogámica y carente
de oportunidades reales de
trabajo. La América de Reagan
nos brindó sus universidades y
sus grandes bibliotecas, nos
abrió sus programas de doctorado,
sus aulas y, sobre todo, la
posibilidad de hacer de la
lengua, la cultura y la
literatura de España un modo de
vida. Esa es la América que yo
encontré y en la que no
importaba si uno era vasco,
catalán o gallego. Todos fuimos
bienvenidos como españoles.
Ahora, casi dos décadas después,
el legado de Reagan permanece
más vivo que nunca. Su nombre es
un recuerdo permanente de la
defensa de la libertad, la paz y
la prosperidad. Su política es
un ejemplo de las oportunidades
que se brindan en este país a
todos cuantos de verdad quieren
realizar el auténtico sueño
americano: el de la libertad y
la prosperidad al ser valorado
por el trabajo individual y por
el esfuerzo personal. Justo todo
lo contrario a lo que dejamos al
salir de la España de Felipe
González, cuyos ecos resuenan de
nuevo ahora con peores augurios
y con un gobierno cobarde que
abandona a sus aliados en Irak y
capitula ante el terrorismo.
El
verdadero valor histórico de
Reagan se va ubicando en el
puesto de honor que merece en la
historia universal del siglo XX.
Reagan sigue hoy representando
los sentimientos más profundos
de la vida americana: la
religiosidad sin complejos, el
capitalismo sano, el patriotismo
honesto, el individualismo
emprendedor, el optimismo ante
la vida y, sobre todo, la
libertad. Por eso, a Reagan le
odió tanto la izquierda y por
eso tiranos como Fidel Castro se
han alegrado de su muerte y lo
han calificado como “el hombre
que no debió haber nacido”.
La
reflexión comparativa que hoy
cabe hacer resulta sencilla: los
insultos y los ataques que vamos
viendo desde la izquierda
antiamericana contra el
Presidente George W. Bush son
idénticos a los que recibía
Reagan hace veinte años. Son los
mismos que procedían del odio
visceral a lo norteamericano y a
su sistema democrático liberal.
Pero Reagan entonces, como Bush
ahora, tienen en común la
claridad moral en una idea
fundamental en nuestro tiempo:
el reto de la supervivencia de
nuestra civilización occidental
y la firme defensa de la
libertad.
George Washington, Abraham
Lincoln, Franklin D. Roosevelt y
Ronald Reagan son los cuatro
grandes presidentes en la
historia de Estados Unidos. Los
cuatro tuvieron que hacer frente
a grandes retos históricos: la
creación de la Unión, la Guerra
Civil, la Gran Depresión y el
Comunismo. Desde el 11-S, George
W. Bush tiene también el gran
reto de derrotar al terrorismo
mundial. De momento, lo está
consiguiendo porque en Irak se
atisba ya la democracia, porque
Sadam Husein ya no está ni
tampoco los talibanes. El
objetivo es llevar la democracia
a los países tiranizados por el
terrorismo islámico y acabar con
las dictaduras del mal. Por eso
Bush defiende la democracia en
Israel. Por eso, los que odian
nuestra libertad le insultan,
como hicieron con Reagan.
|
|