Vargas Llosa es diana de
todos los dardos. Lo es
porque el peruano es una de
las escasas voces entre
nuestros más reconocidos
autores literarios que clama
sin complejos a favor de la
verdadera libertad. Y lo
hace, además, con un estilo
limpio y sobrio, claro y
contundente: el mismo que
desde los años sesenta ha
ido labrando novelas y
ensayos que configuran
algunas de las páginas más
hermosas y certeras de la
historia de la literatura en
lengua española.
Más allá de las etiquetas
historiográficas del tan
manido "boom"
hispanoamericano, lo cierto
es que, desde La ciudad y
los perros hasta La
fiesta del chivo, Vargas
Llosa nos ha ido brindando
espléndidas obras. En ellas,
y a través de la ficción o
de la denuncia, ha venido
desmontando de manera
consistente dictaduras,
genocidios y mentiras
ideológicas para ponerse al
lado de la Libertad, con
mayúsculas.
Eso es lo que le duele a la
falsa progresía estanca y
antiliberal, la que rebosa
odio contra Estados Unidos y
la misma que le insulta y
pretende vejar. Eso, y el
hecho de que Vargas Llosa
escriba también ensayos y
artículos de opinión en la
prensa donde la actualidad
que vivimos no escapa a su
consideración y a su
denuncia. En España, algunos
de esos artículos se
publican –curiosamente– en
el diario El País,
precisamente uno de los más
reacios a todo aquello que
el autor peruano defiende.
Pero tales artículos
aparecen porque los
contratos están para
respetarlos y porque
censurar ahora a Mario
Vargas Llosa –como hicieron
recientemente con uno de sus
colaboradores literarios–
sería otro escándalo que
poco o nada conviene al
diario "independiente"
socialista. Por eso resulta
tan edificante leer la
última entrega de opinión de
Vargas Llosa a dicho diario,
publicada el 6 de febrero y
titulada 'Domingo en Irak'.
Vargas Llosa defiende allí
el éxito de las elecciones
en Irak y habla de una
"formidable campaña
internacional de los medios
europeos embebidos de odio a
los Estados Unidos", unos
medios –añade el peruano–
que "habían llegado a
persuadir a un importante
porcentaje de la opinión
pública de que la
intervención militar en Irak
era un absoluto fracaso".
Vargas Llosa muestra el
error de quienes auguraron
en Irak un nuevo Vietnam, de
quienes siguen atacando a
los Estados Unidos
calificándolos de
colonialistas o
imperialistas y de cuantos
usan palabras como
"resistencia" para referirse
a una manada de terroristas
a sueldo.
Como casi todo lo que surge
del talante liberal de
Vargas Llosa, su artículo no
tiene desperdicio, al
mostrar la mezquindad y la
mentira de cuantos atacaron
y siguen atacando a Estados
Unidos por buscar una
verdadera democracia en
Oriente Medio. Pero el plato
fuerte de su artículo radica
en la acusación que Vargas
Llosa lanza al Gobierno
socialista español por su
error al retirar las tropas
de Irak, por su imprudencia
al exhortar a los otros
países de la coalición a
desertar en su apoyo a
Estados Unidos y por negarse
a colaborar en una lucha por
el triunfo de la libertad
para Irak que estas
elecciones acaban de
confirmar. Tras ello, Vargas
Llosa ironiza ante el error
de todo un "ejército de
escribidores progresistas"
que intentan argumentar el
carácter no democrático de
estas elecciones para atacar
a Estados Unidos.
Hoy sabemos que la Guerra de
Irak se inició en 1991, y
que los hechos de 2003 no
fueron sino una necesaria
continuación, ante los
incumplimientos del tirano
de Bagdad de sus compromisos
con las resoluciones de
Naciones Unidas. La historia
nos muestra ya que se trató
de una guerra justa contra
un tirano detestable que era
por sí mismo la gran arma de
destrucción masiva de su
propio pueblo; una guerra
justa, sí, por ocurrir
precisamente en el epicentro
del terror en Oriente Medio;
una guerra justa por su
honrado propósito de
devolver la libertad a los
iraquíes oprimidos y como
puerta que va abriendo la
paz en Oriente Medio a todos
los árabes y todos los
judíos. Las elecciones en
Afganistán, en Palestina y
en Irak abren camino a esa
esperanza. Vargas Llosa lo
sabe, y por eso reafirma su
creencia en la fecunda labor
de los Estados Unidos.
Entretanto, hoy entendemos
mejor el error de otros "intelectuales"
y escritores
hispanoamericanos, como el
novelista y ensayista
mexicano Carlos Fuentes,
quien el pasado septiembre
en Barcelona, y aprovechando
la presentación de su nuevo
(y económicamente jugoso)
libro Contra Bush,
afirmó que el presidente
norteamericano tenía "dudosa
legitimidad electoral y
reducidas facultades
intelectuales". Carlos
Fuentes, además, auguró la
derrota de Bush y equiparó
sin pelos en la lengua el
pensamiento de éste al de
dictadores como Hitler o
Stalin.
Las elecciones
norteamericanas de noviembre
muestran lo equivocado que
estaba Carlos Fuentes. Por
el contrario, las elecciones
de Irak y lo que de ellas
nos dice Vargas Llosa
despejan el camino a
cualquier lector para
entender la gran distancia
que va entre el pensamiento
de los escritores de nuestra
misma lengua.
En
la España socialista, a los
autores que defienden la
libertad y elogian a los Estados
Unidos –como Vargas Llosa– se
los ignora o ataca. A los que
les importa poco o nada esa
libertad se los defiende y
elogia, aun cuando vivan
precisamente del dinero que
producen sus libros gracias al
sistema capitalista y liberal.
Pasa lo mismo con la chilena
Isabel Allende, con el uruguayo
Mario Benedetti, con el
colombiano Gabriel García
Márquez, tan amigo de Castro, y
así hasta la náusea. Nadie puede
negarles su valor literario,
pero tampoco puede nadie ya
errar en su condición de falsos
mitos de la cultura de la
libertad. Por eso, la
coherencia y la verdadera
defensa de la libertad es el
gran acierto de Mario Vargas
Llosa. Hora es ya de escribirlo.