Les confieso que no iba hoy
a escribir nada de esto.
Había preparado otra columna
semanal sobre las falsedades
del “intelectual” Eduardo
Mendicutti en un reciente
artículo de prensa sobre
Susan Sontag. Afirmaba allí
el novelista que la muerte
de aquella “pensadora”
norteamericana no se había
recogido en las televisiones
de EEUU. Falso, claro. Al
hilo de eso iba a contarles
también esa tradición
intelectual de la izquierda
tan dada al elogio de
dictadores, como el poeta
Pablo Neruda que –aunque
buen rimador– elogiaba sin
complejos a Stalin, Lenin,
Mao y otros grandes asesinos
del siglo XX. Quizá se lo
cuente la próxima semana
porque todo eso –aunque
relacionado– parece ahora
insignificante comparado con
el importante reto que
España tiene ahora mismo
como nación. Por eso hoy
sólo quiero hablarles de lo
que desde aquí uno percibe:
el jaque mate a España.
Ese es el mismo título que,
en otro artículo más amplio,
servidor acaba de enviar a
una revista norteamericana
en la que por defender la
unidad de España a uno no le
llaman fascista. Relato allí
mucho de lo que ustedes ya
saben: la manipulación del
11-M por el socialismo y sus
aliados, la forma en la que
el PSOE llegó al poder, su
patológico odio y
adoctrinamiento
antiamericano, la mal
llamada “Comisión del 11-M”
y otras varias hazañas del
hidalgo Zapatero que
desembocan en la gravísima
situación actual: la del
comienzo de un plan de
ruptura de la unidad de
España forjado al calor de
los votos terroristas y la
complacencia de un gobierno
socialista incapaz de
cumplir su juramento frente
al Rey de defender la
Constitución. Al director de
esa revista le cuesta creer
lo que lee. Le parece casi
imposible que puedan ocurrir
estas cosas en una
democracia liberal, cuya
Constitución y cuyo Estado
de Derecho incluye la
división e independencia de
los poderes ejecutivo,
legislativo y judicial.
El problema –le aclaro–
radica en que España se
parece a veces muy poco a
una verdadera democracia. Es
más, nos preguntamos si lo
ha sido plenamente alguna
vez. Porque cada vez que lo
ha intentado aparece como
por encanto la izquierda
radical y antidemocrática,
de la mano con los
separatismos y los
comunismos más antiespañoles
para romper la unidad, la
concordia y la esperanza.
Tal fue la historia de 1934,
la que luego llevó a la
Guerra Civil, y la que
algunos azuzan ahora con la
amenaza permanente de las “tortas”.
La misma historia, el mismo
discurso de la opresión, el
mismo odio a España desde
los flancos más
antiliberales de los
reductos independentistas de
Cataluña y Vascongadas… Tan
reductos y tan mínimos que a
Zapatero le parecen gigantes
cuando sólo son molinos
cuyas aspas él mismo hace
girar.
El Partido Popular y todos
cuantos creen en la unidad
de España, sea cual sea su
ideología, deben reaccionar
y defender lo que la inmensa
mayoría del pueblo soberano
español reclama: la
indivisibilidad de la nación
española, recogida en el
documento más sagrado de
nuestra vida pública y
política, o sea la
Constitución Española de
1978. No caben medias tintas,
ni lamentaciones, y mucho
menos ya buenas palabras. Lo
que falta es defender la
libertad democrática por la
que nuestros gobernantes
deben hacer cumplir la Ley y
respetar estrictamente la
Constitución. Y si todo eso
se hace de verdad y con la
reglas de un verdadero
Estado de Derecho, es
imposible que un puñado de
votos separatistas
condicione la voluntad
mayoritaria del pueblo
español.
Es
también fundamental que el gran
símbolo de la unidad de España,
el Rey, se deje oír todavía más
alto y que utilice todas y cada
una de sus facultades
constitucionales para proteger
la unidad de España y reimpulsar
la democracia. Sólo así ese
todos contra España se queda en
lo que es: un imposible en el
actual marco democrático
constitucional. Otra cosa,
respetable, es que haya quienes
democráticamente deseen reformar
la Constitución. Mas para eso
hacen falta a día de hoy los
votos del Partido Popular: los
de los mismos diputados, en fin,
que tienen que ponerse ya en
marcha y sin demora a
representar de una maldita vez a
la gran masa social que les votó
y que les exige ya respuestas
inmediatas y concretas al
permanente asalto contra España.