Hoy ya son
masa los cerebros que por el mundo habitan.
Gentes veneradas y mejor pagadas que bajo
manto de cultura adquirida y unos cuantos
libros o unas cuantas películas acaban
gozando de la sublime etiqueta de “intelectuales”.
En Europa, bajo pancarta o bajo columna
aprovechan cualquier descuido o error de
Washington para exhibir su genético
antiamericanismo, su errada memoria
histórica y su limitada estima por la
verdadera libertad. Los vergonzosos abusos
por parte de un grupo de soldados americanos
a prisioneros iraquíes sirven de excusa para
el vómito diario de muchos de estos
intelectuales.
En España, los
ataques de estos “intelectuales” pueblan los
medios de comunicación. El diario La
Razón, por ejemplo, publica el 6 de mayo
una columna de opinión bajo el titulo
“Retorno al pasado” en la que su autor, un
intelectual universitario afincado en
Barcelona, pontifica sobre la cultura
norteamericana y acaba echando pestes contra
Bush por los abusos cometidos por sus tropas
en la “injusta e ilegal” Guerra de Irak.
Poco le importa a este intelectual que el
mismo Bush haya expresado varias veces su
rechazo total contra estos actos y su
seguridad de que se castigará a los
culpables. Como si lloviera. El intelectual
sigue a lo suyo, y así en su “retorno al
pasado”, el reconvertido columnista nos
recuerda por comparación las torturas de la
dictadura franquista. De ellas nos asegura
sin reparos que puede dar testimonio Jordi
Pujol. Al final, el intelectual enmarcado
anima a sus compañeros, los “intelectuales,
herederos de Europa”, a alzar su voz.
Los hechos que
se omiten son significativos: tras las
alegaciones de malos tratos, el Ejército
norteamericano comenzó inmediatamente, y por
iniciativa propia, una investigación. El
general Antonio Tabula reunió un informe con
los datos de los supuestos abusos en la
prisión de Abu Ghraib. Hasta ahora son ya
seis los soldados que van a ser juzgados y
castigados y el número puede crecer. El
general a cargo de la prisión, Manis
Karpinski, está ahora mismo bajo
investigación. Todos deploramos estos
episodios porque constituyen la violación
más flagrante de los derechos humanos. Esos
soldados no representan el talante de los
norteamericanos ni de los ciudadanos libres
a los que representan. A su vez, este
escándalo pone en tela de juicio el
encomiable sacrificio del resto de los
soldados en Irak. Sabemos con seguridad que
esos individuos corruptos serán juzgados y
castigados. Pero no tenemos tan claro que
tan rápida reacción hubiera sido la misma en
otros países del mundo. El escándalo, por
tanto, muestra la diferencia entre un
sistema democrático como el que representa
los Estados Unidos y otro antiliberal y
opresor como el que defienden los
terroristas.
Utilizar estos
casos aislados para atacar abyectamente a
Estados Unidos y a su presidente para luego
realizar un retorno al pasado con alusiones
al franquismo es propio del estilo de estos
intelectuales reconvertidos en cronistas.
Gran servicio a la libertad harían muchos de
ellos en estar callados o, en todo caso, en
dedicar sus esfuerzos en defender los
derechos que no tienen sus conciudadanos:
esos que, por ejemplo, viviendo en Barcelona
sufren la abusiva imposición lingüística en
Cataluña. En la de antes, gracias al
torturado Jordi Pujol. En la de ahora,
gracias al tripartito inquisitorial que
desde la Generalitat tiene una lista negra
de periodistas a los que hay que erradicar.
¿Qué tal una columna de opinión sobre ese
nuevo modelo soviético en su ciudad, señor
intelectual?