No hace falta relatar aquí
el permanente servilismo de
García Márquez a algunos de
los regímenes más
antiliberales y totalitarios
del siglo XX. En
Hispanoamérica son
recurrentes sus apoyos a los
gobernantes más tiránicos y
opuestos a los valores
democráticos, como Fidel
Castro. Ahí están las
imágenes de Gabo
sonriendo junto al dictador
cubano, y también sus
declaraciones en favor de
tan abyecto tirano. Esto constituye una parte de
los trucos de García Márquez.
Bastaría recordar el doble
rasero del mago Gabo:
primero, al negar su apoyo a
una carta de protesta de
otros escritores tras el
encarcelamiento del poeta
cubano Heberto Padilla, en
1971; segundo, y al mismo
tiempo, al expresar su fe en
la honradez y vocación
intelectual de los firmantes
y culpar a las agencias de
prensa en vez de a Castro.
En los últimos años García
Márquez se ha convertido en
un personaje casi novelesco,
un ser no sólo mitificado
por la izquierda, también
por una parte de la derecha
acomplejada, y aupado a las
alturas –tras el Nobel– por
los capitostes del
totalitarismo iberoamericano
y mundial. Gabo es ya
una especie de mago
prestidigitador, en versión
más sofisticada, intelectual
y culta que la de los
titiriteros castristas de
quienes escribimos en otra
columna.
Este García Márquez, hábil
manejador de la palabra y de
los trucos, se convierte por
momentos en alguno de sus
mejores personajes
literarios, como el de
aquella Mamá Grande de los
funerales. Porque
ideológicamente el gran
Gabo es, a la vez,
muchas cosas: el activista
en su laberinto antiliberal,
el mago de cien años de
falsedad ideológica, el
prestidigitador de la mala
hora y de los tiempos del
cólera –que en su vida se
hace ira y ataque a la
democracia–. Es también el
náufrago errado en las
playas de Cuba y el testigo
impasible de la muerte
anunciada de los fusilados
castristas.
Como buen mago del
marketing, Gabo
afirmó en el I Congreso
Internacional de la Lengua
Española (Zacatecas, 1997):
"Jubilemos la ortografía,
terror del ser humano desde
la cuna". Se desató la
polémica y aumentaron las
ventas de sus obras. Después
hemos visto más trucos de
mercadotecnia, como el de la
publicación del primer
volumen de sus memorias:
Vivir para contarla,
donde expone su historia de
infancia y juventud desde su
falso cristal ético y desde
su distorsión ideológica.
Viene después otro truco
mágico: el de su última
novela, Memoria de mis
putas tristes; con dos
desenlaces distintos, según
fueran ediciones "piratas"
vendidas en las calles de
Bogotá por el Grupo
Editorial Norma o ediciones
"autorizadas"... Todavía
está por explicarse cómo los
llamados editores "ilegales"
de García Márquez tuvieron
acceso a los originales del
libro… Pero el caso es que
tanto lío reportó gratísimos
resultados económicos al
mago.
Ya antes, en marzo de 2001,
García Márquez y sus amigos
de la izquierda "intelectual"
colombiana escribieron al
presidente español, José
María Aznar, una carta para
advertirle de que no
pisarían España hasta que
sus compatriotas dejaran de
necesitar un visado para
ello. Cuatro años después,
el mago Gabo
incumplió su palabra, viajó
a nuestro país y quiso pasar
inadvertido, en otro de sus
trucos del arte de
birlibirloque. El caso es que la cosa no
coló, y Gabo ha
estado por España en abril
de 2005. Andaba por
Barcelona acompañado de otro
de sus amigos millonarios de
la izquierda, el novelista
mexicano Carlos Fuentes –autor
del reciente panfleto Contra Bush–. Estos dos
socialistas de caviar se
presentaron allí para
participar en una reunión
del comité de dirección del
Foro Iberoamérica que tenía
por objeto organizar la VI
Asamblea de éste, que tendrá
lugar en Lisboa el próximo
otoño.
Tal reunión incluyó una cena,
en el aristocrático Palacio
de Pedralbes, ofrecida por
el presidente autonómico
catalán, el socialista
francófono Pasqual Maragall,
ex alcalde de Barcelona, con
quien Gabo acudió el
año pasado a varios actos
celebrados en México, en la
Feria Internacional del
Libro de Guadalajara. Aunque
Gabo incumplía su
amenazante promesa hecha a
Aznar de no pisar territorio
español, la misma
Generalitat no pudo dejar de
informar de la presencia del
mago en Barcelona junto a
Carlos Fuentes, copresidente
de dicho Foro.
La prensa española, a través
de varias fuentes, comentó
que en la tarde del 27 de
abril García Márquez visitó
por sorpresa, junto a Carlos
Fuentes, la Casa del Libro,
ubicada en el céntrico Paseo
de Gracia. Varios testigos
presenciales informaron a
los reporteros de que ambos
escritores estuvieron
mirando algunos libros, y de
que Gabo adquirió un
ejemplar de El Quijote.
En una breve conversación
con el director de la
librería, García Márquez le
explicó que estaba buscando
una edición del Quijote "sin
notas", para leerlo como lo
había hecho en su juventud.
Parece que a Gabo no
le gustan las anotaciones...
ni los críticos de
literatura, gracias a los
cuales su fama ha alcanzado
cotas insospechadas por él
cuando vivía en su Aracataca
natal. Lo más curioso es que
los testigos añadieron que,
cuando ambos escritores se
dieron cuenta de que estaban
siendo observados y de que
la clientela de la librería
empezaba a acercarse a ellos
para que les firmaran libros,
el mago colombiano y su
amigo mexicano pusieron pies
en polvorosa y
desaparecieron del local. Este desprecio al público
lector es uno más de esos
gestos tan propios de
quienes –como Gabo y
su escudero– dicen
representar al pueblo pero
huyen de él en cuanto se les
acerca. Constatamos, así, el
gran amor de estos dos
escritores socialistas por
el pueblo llano y trabajador.
Constatamos también su firme
creencia en la justa
redistribución de la riqueza
mundial, siempre y cuando no
incluya sus millones de
dólares, resultantes de los
derechos de autor de sus
libros.
Habría bastado una firmita
del mago Gabo para
satisfacer a los ingenuos y
bien intencionados clientes
de aquella librería. Pero ni
eso. Son los trucos de una
vida entera que hace falta
todavía contar de verdad. Lo
mismo que cuando, en su
verborrea de los años 70,
había prometido no publicar
un solo libro hasta que
Augusto Pinochet saliera del
poder. Jamás cumplió su
palabra. Había prometido no
volver a España. Pero volvió.
No entraremos aquí a
dilucidar otros posibles
trucos del mago, como
aquella carta de despedida,
enviada en 1999 a miles de
direcciones de correo
electrónico, donde el
escritor expresaba su
intención de retirarse de la
vida pública por razones de
un galopante cáncer
linfático. Aunque Gabo
negó ser el autor de dicha
misiva, la realidad es que
el supuesto texto apócrifo
ha servido también de
excelente operación de
mercadotecnia para él. La magia de
Gabo
acaso sirva para escribir
excelentes cuentos y novelas
del llamado "realismo mágico".
Pero esa magia no funciona
para disimular su pelaje
moral. Tampoco sirve para
esconder sus lamentables
errores ideológicos: los
mismos que han ido
permitiendo –con su silencio–
que en Cuba se hayan
fusilado a miles de
inocentes y que hoy sigan
hacinados otros tantos en
las cloacas de las cárceles
castristas.
Ese es el terror, no la
ortografía, tampoco la
democracia liberal. Esta es la
increíble y triste historia del
mago Gabo, y de su amigo
desalmado.