La historia se repite y la
distorsión de la realidad en
algunos medios de
comunicación también. Para
EEUU la cuestión no es
trivial pues esa distorsión
procede de los sectores más
antiamericanos del planeta:
los del mundo árabe radical,
los del asiático que luego
pide ayudas, o los del
europeo ambiguo al que se
agarra la España socialista.
La distorsión procede
también de algunos de los
medios de comunicación en el
seno mismo de EEUU. Y así,
las acusaciones, alarmas y
mentiras sobre la "invasión"
norteamericana en el Bagdad
post Sadam son las mismas,
casi calcadas, que aparecían
hace medio siglo sobre el
Berlín post Hitler. Así lo
muestra el lúcido artículo
del periodista Mark R. Levin
publicado en el
National Review.
Las hemerotecas no mienten.
Por eso, revisando varias
noticias y artículos
aparecidos en el New York
Times, Mark R. Levin
muestra documentalmente cómo
muchas de las críticas de
ese mismo periódico sobre el
fracaso y el caos
estadounidense en la
posguerra iraquí tienen
idénticos paralelos con el
alarmismo que cincuenta años
antes ese mismo diario
apuntaba sobre la posguerra
alemana. Ya conocemos las
dudas pasadas del New
York Times ante un
presidente como Harry S.
Truman y también el odio
presente a la figura de
George W. Bush. Por eso no
está nada mal recordar y
comparar esas acusaciones al
hilo de la investigación de
Levin.
En los meses finales de 1945
el New York Times
relataba con enfáticos
titulares a sus lectores el
odio de los alemanes a los
EEUU, el incremento de los
ataques contra las tropas
americanas, la posibilidad
de perder la posguerra
frente a los insurgentes
alemanes, los errores en el
entrenamiento del nuevo
ejército alemán, los fallos
estratégicos del gobierno de
Washington, el resentimiento
local ante los "invasores"
norteamericanos, las serias
dudas sobre la posibilidad
de realizar elecciones
democráticas en enero de
1946 en Alemania… y así todo.
Hoy, medio siglo después,
aquel supuesto caos nos
suena bastante familiar.
Sustituyan Alemania por Irak,
o alemanes por iraquíes.
Verán que son las mismas
falsas alarmas, la misma
manipulación, los mismos
obstáculos, las mismas
mentiras.
Son también las mismas
falsedades que un "intelectual"
(uno más, como tantos otros
de entonces, padres de los
de ahora) narraba como
corresponsal para la popular
revista Life Magazine
el 7 de enero de 1946.
Hablamos del "distinguido"
novelista John Dos Passos
que, en su crónica títulada
"Los norteamericanos están
perdiendo la victoria en
Europa", machacaba sobre la
ignorancia de las tropas
norteamericanas, la
corrupción y la
desorganización de la
posguerra bajo el mando
estadounidense, el fallo en
las negociaciones, la falta
de un verdadero plan de
reconstrucción y, en fin,
todos los errores
imaginables de EEUU en
aquella posguerra alemana.
La historia nos ha mostrado
afortunadamente que los
cronistas del New York
Times y también aquel
novelista reconvertido del
Life Magazine se
equivocaron. Porque aquella
"ocupación" e "invasión" de
EEUU en Alemania salvó a
millones de alemanes y
europeos del totalitarismo
nazi. Porque aquello acabó
con el holocausto judío.
Porque medio siglo después,
y con el Plan Marshall y
Kosovo por medio, gracias a
EEUU –otra vez– ha sido
posible tener elecciones
democráticas en Afganistán.
Y porque en sólo unos días
veremos –aunque a muchos les
pese– las primeras
elecciones libres en un Irak
democrático que devolverá
paulatinamente la libertad a
sus ciudadanos. Entre Irak y
Afganistán serán ya
cincuenta millones de
personas las liberadas de la
tiranía gracias a EEUU y sus
aliados. Y si no, cuenten.
La
perspectiva histórica es siempre
saludable. Pero a los ojos de
los falsificadores de la verdad,
EEUU era, es y seguirá siendo el
estado opresor, el demonio
imperialista, el gran invasor.
Estas son, en fin, las mismas
distorsiones que, por ejemplo,
pueden leer cada día en El
País u oír en la Cadena
Ser, tan amiga de fonotecas.
La grandeza de la democracia es
que nos permite vivir en
libertad, aunque para ello
debamos sufrir las continuas
manipulaciones de quienes se
escudan en la libertad para
atacarla. Y eso pasa incluso en
el seno mismo del país que más
defiende, ampara y difunde esa
misma libertad, o sea EEUU. Y a
quien no se lo crea, que se dé
una vuelta y compare. Feliz
2005.