Su obra ha tenido en
los últimos años
lugar preferencial a
la hora de ser
utilizada con fines
ideológicos. El
pasado 10 de octubre,
por ejemplo, se
celebró en Celanova
el “IV Día da Galiza
Combatente”. A la
hora de los
discursos,
pronunciados junto
al busto erigido en
memoria de otro
escritor gallego,
Curros Enríquez, uno
de los participantes
se dirigió al
público con una
intervención en
favor de la
independencia de
Galicia. El acto
finalizó con el
himno gallego y la
quema de una bandera
española.
Con el riguroso
“Companheiras e
companheiros” se
iniciaba el discurso,
en el que se
insistía en el papel
que jugó y juega la
literatura para la
defensa y la
construcción de la
identidad nacional
gallega. En palabras
del orador,
“valorosíssimas
páginas escritas na
nossa língua tenhem
servido, desde o
Ressurgimento, para
expressar, difundir
e incitar a
dignidade galega e
popular. É justo
reconhecer que desde
a nossa literatura
se tenhem cavado
valorosas
trincheiras”. Una de
esas trincheras a
las que el discurso
aludía al final era
la de la poesía de
Rosalía de Castro, a
la que el
presentador
mencionaba junto a
autores como Pondal
o Curros en recuerdo
emocionado: “Ainda
nos emociona
Rosalia, nos comove
Pondal, nos arrebata
Curros”.
La defensa de toda
propuesta política e
ideológica resulta
siempre respetable
cuando se hace desde
el derecho a la
libertad de
expresión y desde la
verdad, sin
necesidad de quemar
ninguna bandera, y
menos la de todos
los españoles,
incluidos los
gallegos. Lo que no
es de recibo es
configurar un
alegato
independentista al
calor de la poesía
de Rosalía de
Castro. A esta
genial poeta se la
puede disfrazar como
se quiera, se la
puede mentar como
apetezca, pero no se
la puede encontrar
jamás una
identificación con
el actual
independentismo
gallego y
antiespañol. Una
lectura completa de
la poesía de Rosalía
de Castro ofrece una
cara muy distinta.
Porque, ciertamente,
Rosalía de Castro
amó a su Galicia
natal, y de ella nos
habló en su primer
poemario,
Cantares Gallegos
(1863), que escribió
antes de cumplir
veintiséis años.
En ese libro Rosalía
de Castro rechazó la
marginación de
Galicia desde
Castilla, el
maltrato a los
emigrantes gallegos
y la injusticia que
estimaba cometía el
resto de España con
su región natal.
Pero Galicia, que
era el objeto del
primer libro, fue
sólo ocasión del
segundo: Follas
Novas (1880), y
apenas del tercero,
su gran libro –ya en
lengua española–:
En las orillas del
Sar (1884). Luis
Cernuda, otro poeta
y crítico posterior
de la llamada
“Generación del 27”,
apuntó que la
postergación y
desdén que, según
Rosalía de Castro,
sufría Galicia no
era sino una
transmutación del
rechazo que sufrió
ella misma en su
propia persona. En
cualquier caso,
Rosalía de Castro se
desengañó de esos
posicionamientos
contra los
castellanos y contra
España al sufrir en
sus propias carnes
los ataques del
nacionalismo gallego
más intransigente.
Su desengaño procede
de unos ataques que
la misma Rosalía de
Castro recibió en su
Galicia natal tras
un artículo suyo
titulado ‘Costumbres
gallegas’, publicado
en ‘Los Lunes’
de El Imparcial
de Madrid el 28 de
marzo y 4 de abril
de 1881. Rosalía de
Castro fue vapuleada
inmediatamente, y en
una carta a su
esposo, firmada en
Lestrove el 26 de
julio de 1881,
aseguraba: “Ni por
tres, ni por seis,
ni por nueve mil
reales volveré a
escribir nada en
nuestro dialecto, ni
acaso tampoco a
ocuparme de nada que
a nuestro país
concierna ”. Y, al
final, la poeta
reitera sin dudas su
decisión: “(...) mi
resolución de no
volver a coger la
pluma para nada que
pertenezca a este
país, ni menos
escribir en gallego”.
A Rosalía le echaron
en cara escribir
sobre una tradición
antiquísima de la
hospitalidad gallega.
Fue insultada y
atacada, pese a ser
notorio el amor que
profesó por su
Galicia natal. Nunca
más escribió en
gallego, y en otro
lugar ella misma
dejó escrito: “(…)
porque pagada ya la
deuda en que me
parecía estar con mi
tierra, difícil es
que vuelva a
escribir más versos
en la lengua materna”.
Su decisión de no
escribir más en
gallego prueba que,
a pesar de su
compromiso con
Galicia, Rosalía
nunca quiso ni
pretendió crear una
literatura y una
cultura gallega
separadas o
distintas del
conjunto de España.
Por eso resulta tan
grotesco el uso de
su persona y de su
obra como mito
independentista, y
más aún el hecho de
que a Rosalía de
Castro la mencionen
en un acto de
reivindicación
independentista cuyo
punto final es un
“Viva a Galiza
Combatente” con las
cenizas de la
bandera
constitucional
española. El combate,
sin duda, fue el de
silenciar la
honestidad de
Rosalía de Castro.
El combate hoy es
iluminar la realidad
de una poeta cuya
manipulación con
fines políticos
resulta
impresentable y que
llega incluso a
algunos sectores de
la crítica literaria
más radicalizada.
Todo ello corrobora
una vez más la
manipulación de la
poesía y de la
literatura desde los
sectores más
antiliberales, y
también más ineptos
ante el valor
artístico de la
poesía.
Porque, a fin de
cuentas, si Rosalía
fue y sigue siendo
una gran poeta ello
se debe, sobre todo,
a sus poemas, y no a
sus ideas políticas.
Se debe también a su
gran libro, uno de
los más altos de la
poesía española del
siglo XIX: En las
orillas del Sar,
poemario de trágica
angustia ante la
muerte y ante la
existencia y al que
Rosalía de Castro
dotó de un carácter
universal
trascendente, más
allá de
nacionalidades y
fronteras.
Por eso escribe
Rosalía en uno de
esos poemas: “mas
yo prosigo soñando,
pobre, incurable
sonámbula / con la
eterna primavera de
la vida que se apaga
/ y la perenne
frescura de los
campos y las almas,
/ aunque los unos se
agostan y aunque las
otras se abrasan”.
Nada que ver con la
“Galiza Combatente”.