Se cumple ahora un año del
segundo triunfo de George W.
Bush en las elecciones
presidenciales
norteamericanas. Con tres
años de legislatura todavía
por delante, algunos
comentaristas políticos dan
al Presidente por muerto.
Los linces de la televisión
socialista en España debaten
sobre la falta de moralidad
de Bush y su inevitable
caída. Se frotan las manos
ante el lánguido futuro que
–según ellos– le espera a su
“fascista” administración
conservadora. Esa esperanza,
ubicada en una fantasía
virtual y alejada de lo
real, es la misma que
intentan presentarnos a
nivel mundial todos los
enemigos de la derecha y del
propio Bush. Pero el
castillo en el aire de sus
fantasías se desmorona
cuando se analizan los
hechos con objetividad y
conocimiento. Así se
entiende el largo trecho que
va de lo virtual –o sea, lo
que se nos cuenta- a lo real
–lo que ocurre-.
Cierto es que a Bush hay que
reclamarle una mayor rebaja
de impuestos, un inmediato
control del gasto público y
una gestión clara sobre
inmigración. Cierto es
también que tras el Katrina,
Bush sufrió una notable
caída en las encuestas.
Dicha situación se agravó en
octubre con el encausamiento
(la culpabilidad falta
probarla aún) del jefe de la
mayoría republicana en la
Cámara del Congreso, Tom
DeLay. Vino después el error
de Bush en la nominación de
Harriet Miers para el
Tribunal Supremo. Pero el
Presidente supo entender su
fallo, escuchó a sus
votantes y aceptó la
dimisión de su nominada.
Bush acaba de nombrar a
Samuel Alito, un juez de
prestigio que lleva en los
circuitos judiciales más de
quince años y al que el
Senado confirmó ya
unánimemente en dos
ocasiones anteriores. El
acierto de Bush ha estado en
escuchar a su base social y
proponer a Alito, con más
experiencia en el Tribunal
Supremo que ningún otro
nominado en los últimos
setenta años.
La capacidad de reacción de
Bush ha sorprendido a la
oposición en el Partido
Demócrata. Todo esto ocurre,
además, en medio de las
investigaciones del fiscal
Patrick Fitzgerald sobre el
asunto de Valerie Plame y
Lewis “Scooter” Libby. La
izquierda norteamericana,
alojada en la facción de los
demócratas, soñaba con el
encausamiento de Libby, de
Karl Rove, del
vicepresidente Dick Cheney y
hasta incluso del mismo
Bush. Imaginaban un nuevo
Watergate que acabara
con Bush y con las
“mentiras” de la Guerra de
Irak. Pero nada de todo eso
ha ocurrido. Y aún peor: el
encausamiento de Libby –como
explicaba una acertada y
reciente
opinión del GEES
en LD–, resultó
no tener el fundamento y la
amplitud que la izquierda
deseaba.
Pese a la acusación de
Libby, el fiscal Fitzgerald
no encontró filtración ni
conspiración alguna y hasta
aclaró en rueda de prensa
que nada de ese
encausamiento tenía que ver
con la Guerra de Irak. En
suma, el fiscal y el proceso
judicial en el que la
izquierda demócrata había
puesto todas sus esperanzas
les defraudaban. Pero como
la izquierda norteamericana
sigue viviendo en su propia
fantasía virtual, esta misma
semana –y en una maniobra
tan inusual como lamentable–
los legisladores demócratas
han obligado al Senado
estadounidense controlado
por los republicanos a
celebrar una rara sesión a
puerta cerrada para
cuestionar la información de
Inteligencia que Bush usó
para sustentar la Guerra de
Irak. La desesperación de
los demócratas confirma su
carencia de ideas.
Estamos ante un episodio más
de tergiversación de la
realidad, acompañada del
sectarismo de los medios de
comunicación mayoritarios –siempre
tan hostiles a la derecha–.
Pensemos en el Katrina, en
la falsa e hipócrita
utilización de las
cuestiones de raza y clase
para culpar a la Casa
Blanca. Vamos sabiendo ya
que los errores no sólo
vinieron del gobierno
federal, sino en gran parte
también de la ineficacia del
gobierno local y estatal,
ambos demócratas. Hoy
comprobamos que los más de
diez mil muertos
pronosticados por los medios
de comunicación se quedaron
en muchos menos. Hoy
presenciamos que la
reconstrucción es un hecho,
que los negocios empiezan a
florecer de nuevo y que se
puede ya beber el agua de
Nueva Orleáns, aquella que
decían iba a estar
intoxicada hasta tiempo
inmemorial.
En la economía
norteamericana, acabamos de
recibir también los
excelentes datos del tercer
trimestre del año, que
arroja un crecimiento
económico del 3.8 %.
Presenciamos el nombramiento
de Ben Bernanke para la
Reserva Federal que ha
sentado muy bien a los
mercados. Comprobamos aquí
que los precios de la
gasolina están volviendo a
la normalidad, ya por debajo
de los 2.50 dólares por
galón, que son casi cuatro
litros. En política
exterior, Irak ha vivido ya
con éxito tres elecciones y
se acaba de aprobar su
Constitución democrática
gracias al voto de casi diez
millones de hombres y
mujeres iraquíes. Tal es la
realidad de Irak y los
logros alcanzados allí y que
relata
Michael Rubin,
testigo presencial en Irak
durante casi dos años. Son
éxitos muy distintos al
apocalíptico escenario que,
contra Bush y la derecha, se
busca presentar cada día.
Todo esto es lo que va de lo
virtual a lo real en rápido
apunte de opinión que aquí
trazamos. Lo real muestra la
farsa de lo virtual: la misma
farsa que repite cuentos
derrotistas y falaces de los
hechos y que sistemáticamente
culpa a la derecha y a Bush de
todos los males del mundo.
Comprobamos en EEUU que la
derecha liberal-conservadora
triunfa electoralmente siempre
que se lo propone y siempre que
es fiel a sus principios y a su
ideario. Vence cuando entra en
la batalla de las ideas. Pierde
cuando se acompleja, cuando se
proclama centrista y cuando se
pliega a la realidad virtual y
falseada que le pintan las
izquierdas y sus medios más
serviles.