La
historia nos enseña que las
variadas y contradictorias
izquierdas políticas nacieron a
nivel internacional como
negación de la derecha liberal-conservadora.
Faltas de iniciativas prácticas
y soluciones reales para el
auténtico mejoramiento humano,
las izquierdas actuales
sobreviven estancadas en la
permanente negación del ideario
de las derechas. Dicha negación
pasa por politizar sin empacho
hasta los más devastadores
desastres naturales y ecológicos.
La politización del huracán más
dañino de la historia de EEUU se
condimenta con la compasión
humana ante el dolor y
constituye otra de las armas
propagandísticas de la
maquinaria izquierdista más
radical.
Las calles de Nueva Orleans, de
varias localidades de Louisiana,
Mississippi, Alabama y partes de
Florida ofrecen un desolador
paisaje tras el paso del huracán
Katrina, el mismo que en
cualquier otro país del mundo
habría dejado ya decenas de
miles de muertos. Pero las
izquierdas políticas, y entre
ellas la norteamericana –actual
controladora de las
desorientadas filas del Partido
Demócrata– ya está ejerciendo
esa politización del desastre.
El mensaje es tan subliminal
como absurdo, pero harto
clarificador de cuanto apuntamos:
para esas izquierdas, Bush es el
culpable del desastre, según
acaba de insinuar la insensata
senadora demócrata de Louisiana
y, tras ella, un séquito de
escribanos sensacionalistas.
Tras el huracán, la tal senadora
Mary Landrieu no perdió tiempo
para declarar en varias
entrevistas televisivas que
parte de las causas del desastre
se debían a que la
administración Bush no había
querido gastar suficiente dinero
en estructuras para Nueva
Orleans. Tras eso, y como si
fuera un mismo asunto, Landrieu
aprovechó para tergiversar
demagógicamente la cuestión y
culpar nuevamente a Bush y su
huracán por el aumento del
precio del petróleo y de la
gasolina. La solución, afirmó,
era haber invertido dinero
federal para crear plantas
petrolíferas en Louisiana. Con
una absoluta falta de hilazón
lógica, la senadora concluyó
cobijándose de nuevo en el
llamado “calentamiento del
planeta”, cuyo causante –según
ella- no era otro que Bush y su
postrada sociedad capitalista
norteamericana.
Mary Landrieu ilustra la
politización de las catástrofes
por parte de las izquierdas,
también en EEUU. Porque todo
sirve con tal de buscar siempre
al mismo culpable: la derecha,
encarnada ahora por Bush y el
Partido Republicano. Varios
artículos de la prensa
anti-Bush, varias agencias de
noticias e innumerables blogs
antiliberales han cocinado ya
toda una tortilla de infamias
contra Bush. Lo acusan ahora de
falta de preparación ante la
llegada del huracán, cuando todo
eso es inicialmente labor de los
estados de la Unión. Lo mismo
puede decirse en cuanto a
falsedades como señalar una
falta de tropas de la Guardia
Nacional de Louisiana por estar
en Irak y Afganistán. Sobre este
punto se han cebado también
varios presentadores de la CNN,
como el clintoniano Larry King,
otros voceros como Wendell Goler,
Paula Zahn o Lester Holt en la
misma línea que personajes del
partido demócrata como Robert
Kennedy Jr., los grupúsculos
anti-Bush del MoveOn.org de
George Soros y los amigos de
Michael Moore.
Estamos una vez más ante las
mismas falacias que luego
cotorrean desde la televisión
pública española nuestros bien
pagados enviados especiales a
EEUU. Seguimos ante parte de ese
gran movimiento internacional
contra la democracia liberal-conservadora
estadounidense y contra su forma
económica llamada capitalismo.
Con tal de alcanzar su fin,
todos los medios valen para
estas izquierdas radicales,
desde la insensatez de culpar
directamente a Bush por la
llegada del huracán hasta la
falacia machacona del
“calentamiento global” del
planeta.
Cabe señalar, empero, que estos
parlanchines de la política
barata y de los sectarios medios
de comunicación vendidos al
mejor postor son los mismos que
callaban cuando el propio Bush
gestionó hace sólo ocho meses el
envío de miles de millones de
dólares en nombre de los EEUU
para aliviar los desastres del
tsunami asiático. Son los mismos
que se quedaron mudos cuando fue
también Bush quien dejó a un
lado el partidismo político y
envió a dos ex presidentes
estadounidenses (uno republicano
y otro demócrata) a recorrer las
tierras asiáticas y recaudar
fondos millonarios para la noble
causa de alivio humanitario.
Entretanto, ¿quién ayuda ahora a
EEUU a reconstruir sus calles y
sus ciudades? Será su misma
sociedad capitalista y no, desde
luego, los voceros de la
antiglobalización.
Bush, como antes Reagan y como
luego Aznar en España con el
“Prestige”, son siempre los
culpables de todos los males. La
nueva modalidad es ahora culpar
a la derecha, y al odiado Bush,
también por la llegada de un
huracán. Es en estos episodios
particulares de la historia
cuando percibimos con más
nitidez la farsa de unas
izquierdas internacionales
abocadas únicamente a
tergiversar los hechos hasta la
ridiculez y el absurdo. Lo malo
es que cuando los desastres
naturales son verdaderamente
evitables, esas mismas
izquierdas de caviar miran para
otro lado, callan y culpan a la
derecha de politizar los
desastres, como algunos
recientes incendios en España y
como algunos otros personajes
del reciente show estival de
Celtiberia.