El
triunfo de Hillary Clinton en
Virginia Oeste la noche del martes
prueba el caos electoral en el que
sigue sumido el Partido Demócrata en
estas primarias. Que Obama iba a
perder en ese estado era algo ya
esperado, incluso por el amplio
margen dado que ha alcanzado los más
de cuarenta puntos porcentuales. Se
trata de otra derrota para Obama,
igual que la que se cuece ya en la
primaria de Kentucky el próximo
martes. Aun así, Obama tiene casi
asegurada la nominación Demócrata
por la ventaja acumulada, en parte
lograda gracias a los errores
pasados de la Clinton y, sobre todo,
gracias a la agitación y propaganda
mediática enarbolada en favor de su
candidatura en estos meses. A todo
eso se ha unido también la amplia
maquinaria de maquillaje puesta en
escena para aupar a un candidato de
color como Obama, con más que
dudosas credenciales para alcanzar
la presidencia. Pero ahí está.
El
destino mesiánico dispuesto
teatralmente en torno al novato
senador Obama se apoya en una
vaguedad utópica calificada como
“cambio” que, si bien podrá ser
suficiente para alcanzar la
nominación Demócrata en Denver el
próximo agosto, no puede esconder
los muchos problemas de cara a las
generales. El primero de ellos
radica en la imposibilidad de Obama
por hacerse con los votos de la
clase trabajadora norteamericana, y
menos aún de las comunidades blancas,
como reflejan las últimas primarias
en la zona de los Apalaches. La
excusa para ello, lanzada por varios
grupos mediáticos favorables a
Obama, se apoya en la supuesta
condición poco letrada de dichos
votantes sureños, en otro insulto
más sólo permisible a los obamitas
de turno, aunque jamás al resto.
La
Clinton -como millones de votantes-
sabe bien que ella está mejor
preparada que Obama para afrontar
las generales y que la imposibilidad
de Obama para ganar votos
tradicionalmente Demócratas resulta
más que peligrosa para su partido de
cara a noviembre. Pero la demagogia
de Obama y la urgencia de la
izquierda norteamericana por
ubicarlo en la Casa Blanca están
ganando la batalla en el seno del
Partido Demócrata. Cuando la Clinton
hizo mención a la cuestión del voto
blanco hace unos días, los
cazafantasmas mediáticos de Obama "que
son casi todos en la progresía
norteamericana- tardaron muy poco en
saltar a la captura de la ex primera
dama. Pero más allá de esas batallas
raciales -y racistas-, típicas de
los Demócratas como herencia de su
pasado segregacionista, la verdad es
que Obama es incapaz de ganar votos
en un estado como Virginia Oeste. Y
lo que ocurre es que estados como
éste resultan claves para las
presidenciales de noviembre, al
igual que otros estados "Florida,
por ejemplo- donde Obama perdió
también ante la Clinton.
La
prueba de esa incapacidad por parte
de Obama de generar dividendos
electorales contundentes de cara al
próximo 4 de noviembre es que el
mismo día de estas primarias en
Virginia Oeste, y a sólo una semana
de las de Kentucky, Obama suspendió
un acto en Lexington (Kentucky) y se
fue al pueblito de Cape Girardeau
(Missouri) para llamar la atención
mediática e intentar disimular el
desastre que se le venía encima esa
noche de martes de primarias. Cape
Girardeau es el lugar de nacimiento
del comentarista radiofónico más
famoso de Estados Unidos: Rush
Limbaugh, un conservador que pone
cada día en evidencia la farsa de
corsé y etiqueta llamada Barack
Obama. La táctica de despiste de la
campaña de éste, sin embargo, no ha
podido esconder del todo su grave
derrota, aparte de que no ha
funcionado por dos razones: porque
Obama ha perdido escandalosamente en
Virginia Oeste y porque es más que
dudoso que de Cape
Girardeau"arraigadamente
conservador- el mágico senador haya
podido obtener simpatía o voto
alguno.
A
menos de tres semanas para el fin de
las primarias, en fin, Obama tiene
casi matemáticamente ganada la
nominación, pero la paliza recibida
en Virginia Oeste, como antes en
otros estados claves, verifican la
debilidad de su candidatura, pese a
lo que los medios quieran contar. La
Clinton intentará poner de nuevo en
juego los estados de Florida y
Michigan, pero su barca "pese a la
gran victoria de Virginia Oeste-
parece varada entre las arenas de
las envidias y traiciones del
Partido Demócrata. Ante estos
resultados, el auténtico ganador de
la noche del martes ha sido John
McCain que, sin hacer nada,
contempla cómo sus dos oponentes son
incapaces de dar la estocada final a
estas primarias. Lo malo para los
Republicanos, y para McCain, sin
embargo, es que en pocos meses son
ya tres las plazas donde
habitualmente ganaban sus
congresistas que han pasado ya a
manos de los Demócratas en
elecciones especiales. Y esa es una
mala señal para noviembre, gane
quien gane al final la presidencia.