La fecha de la
cobarde filtración y publicación de las actas de
la conversación entre Aznar y Bush coincide, en
primer lugar, con la reciente muerte de otros
dos soldados españoles en Afganistán, situación
que pone en tela de juicio la lógica de Zapatero
y su gobierno en cuanto a la seguridad de las
tropas españolas en labores meramente
humanitarias. En segundo lugar, la fecha
escogida para filtrar esas actas coincide además con
el nacimiento en España de un nuevo diario –Público-
al servicio del actual ejecutivo socialista, y a
sólo unos meses de las elecciones generales en
España. El vídeo promocional del nuevo diario
incluye a varias personas portando camisetas
donde se lee "Fuck Bush". La batalla mediática
en España al servicio del poder estalla y los
grupos de comunicación detrás de El País
y Público, Mediapro y Prisa
respectivamente, compiten así por ver quién da
más carnaza a Zapatero para buscar favores y
mantenerlo en la presidencia.
En tercer lugar,
el motivo de la filtración y publicación de esas
actas puede hallarse en el ridículo papel de
Zapatero en Naciones Unidas. El saludo de unos
escasos segundos que recibió de parte de Bush,
con un mero “Hola, ¿cómo está? Qué bueno verle”,
que le lanzó Bush de corrida a Zapatero ha sido
objeto de mofa y burla en España. La filtración
ahora de aquellas viejas actas al diario
gubernamental El País sirve para
despecharse contra Bush y, de paso, volver a la
vieja pancarta sobre Irak y al ataque a José
María Aznar como vía de atacar al Partido
Popular en España y como salida a una
legislatura socialista nefasta para los
españoles. Aun así, la intentona de distracción
que desde La Moncloa se ha perpetrado manejando
los hilos del monopolio mediático en España
debería volverse contra el propio ejecutivo de
Zapatero. Porque la reunión de Aznar con Bush un
mes antes de la intervención en Irak confirma
que nada se hizo de espaldas a la verdad y a la
justicia. A su vez, prueba las excelentes
relaciones de la España de Aznar con Bush y la
creciente importancia que por esas fechas tenía
España como nación en la geopolítica mundial.
Nada de eso queda
ya ahora para la España de Zapatero. Sí quedan,
afortunadamente, las palabras que esas actas
filtradas ofrecen y que, bien analizadas, dicen
más a favor de Bush y de Aznar que en contra de
ellos, como ha querido hacernos creer el
sectarismo mediático socialista en España y sus
cotorras progresistas al otro lado del Atlántico.
Bush y Aznar aparecen en esas actas como dos
verdaderos hombres de estado, fieles compañeros
de viaje junto a Tony Blair en la necesaria
lucha contra la tiranía de Sadam Hussein. De la
filtrada acta se observa: que Bush afirma estar
desarrollando un paquete de ayuda humanitaria
para Irak; la posibilidad de ganar en Irak sin
destrucción; el criterio inequívoco de su
administración de que Sadam Hussein se desarmara;
la honesta conciencia de que lo que estaba en
juego era la seguridad de Estados Unidos, y
también de Occidente; el rechazo de Bush a la
idea de la guerra (“Yo no quiero la guerra”
recogen textualmente las actas); y la seguridad
de los beneficios de toda sociedad libre.
Lo que esta
conversación corrobora es también otro detalle
importante: que los servicios de inteligencia
egipcios –en línea directa con Sadam Hussein-
constataban ya en la fecha de esa reunión que el
líder iraquí estaba dispuesto a exiliarse de
Irak si se le permitía irse con 1.000 millones
de dólares y llevarse con él la información de
las armas de destrucción masiva. La pregunta
pasada por alto por El País es que
entonces sí había armas de destrucción masiva
en el Irak de Sadam Hussein y que, se hayan
encontrado o no, la mera indicación del líder
iraquí de querer llevarse esa información con él
justifica el argumento de Bush sobre la
existencia real de esas armas, tantas veces
demonizado y puesto en duda. Pese a lo que se
intente tergiversar, estas conversaciones entre
Aznar y Bush encajan perfectamente en la
narración que de los hechos y de la presidencia
de Bush realiza Robert Draper en su último e
interesante libro sobre Bush. Todo esto confirma,
además, la honesta voluntad del presidente
norteamericano de agotar las vías diplomáticas
en Naciones Unidas con el impulso de Tony Blair,
José María Aznar, John Howard y Silvio
Berlusconi.
Quienes han
filtrado desde el gobierno español estas actas
se han equivocado. También los plumillas de
El País. Unos y otros parecen haberse
olvidado ya de la coalición internacional de más
de 50 países que respaldó a Estados Unidos en la
intervención en Irak y que participó en la
reconstrucción durante la posguerra. España fue
uno de esos países hasta que Zapatero optó por
la cobarde retirada, traicionando a un aliado de
la OTAN como Estados Unidos e incumpliendo su
promesa de esperar una resolución de la ONU que
se dio el 30 de junio de 2004. El Partido
Popular y quienes representan a la derecha
liberal conservadora en España deben hablar
claro y no correr nunca el riesgo de equivocarse haciendo
concesiones a la patraña de la doctrina de la
ilegalidad internacional de la guerra de Irak.
Porque esa patraña es precisamente la que quiere
vender esta filtración y la que quiere
recordarnos día sí y noche también el socialismo
desgobernante en España y sus amigos en Caracas
y La Habana.
No le falta razón
a Bush cuando, como revelan las actas publicadas,
afirma: “Cuando dentro de unos años la Historia
nos juzgue no quiero que la gente se pregunte
por qué Bush, o Aznar, o Blair no hicieron
frente a sus responsabilidades. Al final, lo que
la gente quiere es gozar de libertad”. Esa falta
de responsabilidad es justamente de la que
carece el ejecutivo de Zapatero y los
monaguillos mediáticos y plumillas de salón que
siguen dándole bombo a un presidente inútil, un
Zapatero ideológicamente más cerca de Hugo
Chávez, de Fidel Castro o de Evo Morales que de
la libertad norteamericana que hoy –guste o no-
representa la presidencia de los Estados Unidos
y, en ella, George W. Bush.