Cuando hace ahora
casi un año algunos se alegraron de la pérdida
de la mayoría del Partido Republicano en las dos
cámaras de representantes, otros –como algunos
de los que ahora hacemos Diario de
América- ya anunciamos que tras esa
derrota se hallaba también el triunfo de los
valores del conservadurismo norteamericano. El
tiempo va dictando la realidad de los hechos.
Porque, como ya prevenimos, para ganar las
elecciones intermedias del pasado noviembre de
2006 los Demócratas tuvieron que tirar
artificialmente de sus candidatos más cercanos a
la derecha. Al llegar al poder, quisieron
tergiversar lo vendido a la ciudadanía en la
campaña y hoy se encuentran en un callejón con
pocas salidas. Aparte de la incapacidad para
cumplir sus promesas de, por ejemplo, retirar a
las tropas de Irak o de impedir la nominación de
jueces sugeridos por Bush -como el último caso
del ya nombrado juez federal Leslie Southwick-,
cada semana que pasa está siendo un infierno
para la ya más que incapaz mayoría Demócrata en
las dos cámaras del Congreso norteamericano. Este
pasado miércoles, por ejemplo, se bloqueó en el
Senado un proyecto de ley de los Demócratas que
habría dado a los hijos de inmigrantes ilegales amnistía,
la misma que ya el pasado junio generó otra
espectacular derrota más para los Demócratas. La
votación de esta semana, sobre una moción para
comenzar a debatir el proyecto conocido como
“Dream Act”, no consiguió los 60 votos
necesarios para avanzar la controvertida
legislación en el Senado de 100 miembros.
Dicho “Dream Act” buscaba
permitir que quienes con quince años o menos que
fueron llevados ilegalmente a Estados Unidos
tuvieran una oportunidad de saltar todo el
proceso legal y obtener una amnistía con unas
condiciones tan cuestionables como carentes de
respeto a la legalidad y a quienes llevan años
esperando cambiar su estatus legal. El senador
Demócrata por Illinois, Richard Durbin, asiduo opositor
de Bush, auspició esta fallida legislación que
era -bajo manta de "ayudar a los niños"- una
primera ley para iniciar más acciones legales
encaminadas a ceder en concesiones a favor de la
inmigración ilegal. Una vez más, los Demócratas
quisieron colar por la puerta de atrás un
proyecto falsedo, sin atender a la petición de
la mayoría del pueblo norteamericano y sin velar
por el verdadero problema: la necesidad de
cumplir la Ley y de reforzar la seguridad
fronteriza. En otro ámbito legislativo, y por si
este fracaso fuera poco, también esta semana la
Cámara de Representantes lanzó en boca de Nancy
Pelosi, otro arrogante reto más contra la Casa
Blanca en busca de aprobar una supuestamente
revisada propuesta de ley sobre el seguro de
salud “infantil”. Bush ya había vetado una
primera versión de ese proyecto de ley y
advirtió de la importancia de hacer cambios
sustanciales y no meramente cosméticos. Fueron
oídos sordos los que poblaron el flanco de los
Demócratas, quienes con la usual excusa -otra
vez- de "ayudar a los niños”, quisieron burlar a
Bush y a los Republicanos escondiendo los datos
reales y apresurando la votación. Nuevo fracaso. Los
Demócratas no lograron tampoco alcanzar la mayoría
de dos tercios necesaria para pasar sobre el
veto del presidente Bush.
De nuevo, la
votación de 265-142 fue una victoria más para
los Republicanos y para Bush, que habían dejado
muy claro el rechazo a las alegaciones
Demócratas de que las revisiones habían
satisfecho sus principales objeciones. La
realidad de este proyecto de ley es que no ayuda
a los niños de familias pobres, sino que incluye
un abismal gasto de 35.000 millones de dólares
en un mal llamado "Programa de Seguro de Salud
Infantil" que, bien leído, incluye la
participación de adultos de hasta 29 años, de
inmigrantes ilegales y hasta de familias con
dinero suficiente para poder pagar su propio
seguro de salud. Y todo, a través de la
financiación a costa del aumento de impuestos
del pueblo norteamericano... por ejemplo con los
61 centavos en el impuesto federal al paquete de
tabaco. Otra vez, y como es norma entre los
santurrones Demócratas, todo se basa en más
impuestos para todos y, en especial, a los
fumadores. Lo que no se cuenta en los medios de
comunicación mayoritarios es que, pese a todo, lo
que los Republicanos siempre han apoyado,
incluido el propio presidente Bush, es un
programa honesto de ayuda a los niños
necesitados, tal y como estuvo inicialmente
pensado dicho programa: uno dirigido a las
familias que no calificaban para la ayuda médica
(Medicaid) y que no podían pagarse un seguro
médico privado.
A nadie puede
escapar la hipocresía de gran parte de los
legisladores Demócratas, los mismos que dicen
querer ayudar a los pobres en Estados Unidos y
que desean cargar de impuestos hasta los dientes
a la ciudadanía. Bastaría mirar las
declaraciones fiscales de los políticos más
ricos del Partido Demócrata (como John Kerry,
Ted Kennedy, Barbara Boxer, Hillary Clinton y
aspirantes presidenciales como antes Al Gore y
ahora John Edwards), que resultan ser los
primeros en buscar fórmulas para evitar verse
obligados a pagar los tipos fiscales más altos
que tanto pregonan para los demás. Todas estas
situaciones, en fin, sólo pueden calificarse
como un permanente fracaso legislativo por parte
de los Demócratas, sobre todo de Nancy Pelosi y
Harry Reid, que cabe contextualizar en el marco
de la actual politización que algunos de los líderes
del Partido Demócrata están lamentablemente
realizando al hilo de los incendios
en California. Baste recordar cómo tales
incendios se explicaron por algunos como
producto del “calentamiento global”, a decir de
Harry Reid, el líder Demócrata en el Senado, el
mismo que el pasado abril ya aseguró que Estados
Unidos había ya perdido la Guerra en Irak.
De igual modo, en
el día después de los incendios, no pueden
olvidarse tampoco las abyectas declaraciones de
la senadora Demócrata por California, Barbara
Boxer, que inicialmente acusó a Bush de
ineficacia en la respuesta ante los incendios
por mantener a la Guardia Nacional de California
y sus equipos de ayuda en Irak. Ante la obvia
eficiencia del gobierno norteamericano ante
estos incendios, la propia senadora tuvo que
desmentir sus palabras dada su ridícula e
infundada alegación. Detrás de todo esto, lo que se
pone en evidencia es el nerviosismo del Partido
Demócrata, sus permanentes fracasos legislativos
y su obsesión por intentar hacer de los fuegos
en Los Angeles y San Diego una segunda parte del
huracán Katrina en Nueva Orleáns.
El pueblo
norteamericano no es tonto. Cierto es que la
historia nos enseña que la victoria de los
Republicanos será difícil en 2008, sobre todo
porque en la tradición de las elecciones
presidenciales estadounidenses, y tras dos
mandatos de un Presidente del mismo partido, el
otro partido opositor suele generalmente
recuperar la Casa Blanca. Si la historia se
repite, un presidente Demócrata llegaría a la
Casa Blanca tras las elecciones de 2008,
posiblemente Hillary Clinton. Aun así, el actual
fracaso legislativo de los Demócratas en tan
sólo un año de gestión puede alterar los
resultados de 2008. Es ahí donde el Partido
Republicano debe seguir insistiendo en la
defensa de sus valores conservadores y no
aceptar cambalaches ni proyectos de ley
encaminados a crear un Gran Gobierno recaudador,
que dictamine la vida del ciudadano o un Gran
Gobierno del que tenga, a la postre, que
depender todo individuo. Para eso, ya tenemos en
Hispanoamérica la cada vez menos libre Venezuela
de Chávez o, en Europa, la desmembrada España de
Zapatero.