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Continuan los fracasos legislativos del Partido Demócrata en EE.UU.

 

Publicado en Diario de América: 27/10/07

Cuando hace ahora casi un año algunos se alegraron de la pérdida de la mayoría del Partido Republicano en las dos cámaras de representantes, otros –como algunos de los que ahora hacemos Diario de América- ya anunciamos que tras esa derrota se hallaba también el triunfo de los valores del conservadurismo norteamericano. El tiempo va dictando la realidad de los hechos. Porque, como ya prevenimos, para ganar las elecciones intermedias del pasado noviembre de 2006 los Demócratas tuvieron que tirar artificialmente de sus candidatos más cercanos a la derecha. Al llegar al poder, quisieron tergiversar lo vendido a la ciudadanía en la campaña y hoy se encuentran en un callejón con pocas salidas. Aparte de la incapacidad para cumplir sus promesas de, por ejemplo, retirar a las tropas de Irak o de impedir la nominación de jueces sugeridos por Bush -como el último caso del ya nombrado juez federal Leslie Southwick-, cada semana que pasa está siendo un infierno para la ya más que incapaz mayoría Demócrata en las dos cámaras del Congreso norteamericano. Este pasado miércoles, por ejemplo, se bloqueó en el Senado un proyecto de ley de los Demócratas que habría dado a los hijos de inmigrantes ilegales amnistía, la misma que ya el pasado junio generó otra espectacular derrota más para los Demócratas. La votación de esta semana, sobre una moción para comenzar a debatir el proyecto conocido como “Dream Act”, no consiguió los 60 votos necesarios para avanzar la controvertida legislación en el Senado de 100 miembros.

Dicho “Dream Act” buscaba permitir que quienes con quince años o menos que fueron llevados ilegalmente a Estados Unidos tuvieran una oportunidad de saltar todo el proceso legal y obtener una amnistía con unas condiciones tan cuestionables como carentes de respeto a la legalidad y a quienes llevan años esperando cambiar su estatus legal. El senador Demócrata por Illinois, Richard Durbin, asiduo opositor de Bush, auspició esta fallida legislación que era -bajo manta de "ayudar a los niños"- una primera ley para iniciar más acciones legales encaminadas a ceder en concesiones a favor de la inmigración ilegal. Una vez más, los Demócratas quisieron colar por la puerta de atrás un proyecto falsedo, sin atender a la petición de la mayoría del pueblo norteamericano y sin velar por el verdadero problema: la necesidad de cumplir la Ley y de reforzar la seguridad fronteriza. En otro ámbito legislativo, y por si este fracaso fuera poco, también esta semana la Cámara de Representantes lanzó en boca de Nancy Pelosi, otro arrogante reto más contra la Casa Blanca en busca de aprobar una supuestamente revisada propuesta de ley sobre el seguro de salud “infantil”. Bush ya había vetado una primera versión de ese proyecto de ley y advirtió de la importancia de hacer cambios sustanciales y no meramente cosméticos. Fueron oídos sordos los que poblaron el flanco de los Demócratas, quienes con la usual excusa -otra vez- de "ayudar a los niños”, quisieron burlar a Bush y a los Republicanos escondiendo los datos reales y apresurando la votación. Nuevo fracaso. Los Demócratas no lograron tampoco alcanzar la mayoría de dos tercios necesaria para pasar sobre el veto del presidente Bush.

De nuevo, la votación de 265-142 fue una victoria más para los Republicanos y para Bush, que habían dejado muy claro el rechazo a las alegaciones Demócratas de que las revisiones habían satisfecho sus principales objeciones. La realidad de este proyecto de ley es que no ayuda a los niños de familias pobres, sino que incluye un abismal gasto de 35.000 millones de dólares en un mal llamado "Programa de Seguro de Salud Infantil" que, bien leído, incluye la participación de adultos de hasta 29 años, de inmigrantes ilegales y hasta de familias con dinero suficiente para poder pagar su propio seguro de salud. Y todo, a través de la financiación a costa del aumento de impuestos del pueblo norteamericano... por ejemplo con los 61 centavos en el impuesto federal al paquete de tabaco. Otra vez, y como es norma entre los santurrones Demócratas, todo se basa en más impuestos para todos y, en especial, a los fumadores. Lo que no se cuenta en los medios de comunicación mayoritarios es que, pese a todo, lo que los Republicanos siempre han apoyado, incluido el propio presidente Bush, es un programa honesto de ayuda a los niños necesitados, tal y como estuvo inicialmente pensado dicho programa: uno dirigido a las familias que no calificaban para la ayuda médica (Medicaid) y que no podían pagarse un seguro médico privado.

A nadie puede escapar la hipocresía de gran parte de los legisladores Demócratas, los mismos que dicen querer ayudar a los pobres en Estados Unidos y que desean cargar de impuestos hasta los dientes a la ciudadanía. Bastaría mirar las declaraciones fiscales de los políticos más ricos del Partido Demócrata (como John Kerry, Ted Kennedy, Barbara Boxer, Hillary Clinton y aspirantes presidenciales como antes Al Gore y ahora John Edwards), que resultan ser los primeros en buscar fórmulas para evitar verse obligados a pagar los tipos fiscales más altos que tanto pregonan para los demás. Todas estas situaciones, en fin, sólo pueden calificarse como un permanente fracaso legislativo por parte de los Demócratas, sobre todo de Nancy Pelosi y Harry Reid, que cabe contextualizar en el marco de la actual politización que algunos de los líderes del Partido Demócrata están lamentablemente realizando al hilo de los incendios en California. Baste recordar cómo tales incendios se explicaron por algunos como producto del “calentamiento global”, a decir de Harry Reid, el líder Demócrata en el Senado, el mismo que el pasado abril ya aseguró que Estados Unidos había ya perdido la Guerra en Irak. 

De igual modo, en el día después de los incendios, no pueden olvidarse tampoco las abyectas declaraciones de la senadora Demócrata por California, Barbara Boxer, que inicialmente acusó a Bush de ineficacia en la respuesta ante los incendios por mantener a la Guardia Nacional de California y sus equipos de ayuda en Irak. Ante la obvia eficiencia del gobierno norteamericano ante estos incendios, la propia senadora tuvo que desmentir sus palabras dada su ridícula e infundada alegación. Detrás de todo esto, lo que se pone en evidencia es el nerviosismo del Partido Demócrata, sus permanentes fracasos legislativos y su obsesión por intentar hacer de los fuegos en Los Angeles y San Diego una segunda parte del huracán Katrina en Nueva Orleáns.

El pueblo norteamericano no es tonto. Cierto es que la historia nos enseña que la victoria de los Republicanos será difícil en 2008, sobre todo porque en la tradición de las elecciones presidenciales estadounidenses, y tras dos mandatos de un Presidente del mismo partido, el otro partido opositor suele generalmente recuperar la Casa Blanca. Si la historia se repite, un presidente Demócrata llegaría a la Casa Blanca tras las elecciones de 2008, posiblemente Hillary Clinton. Aun así, el actual fracaso legislativo de los Demócratas en tan sólo un año de gestión puede alterar los resultados de 2008. Es ahí donde el Partido Republicano debe seguir insistiendo en la defensa de sus valores conservadores y no aceptar cambalaches ni proyectos de ley encaminados a crear un Gran Gobierno recaudador, que dictamine la vida del ciudadano o un Gran Gobierno del que tenga, a la postre, que depender todo individuo. Para eso, ya tenemos en Hispanoamérica la cada vez menos libre Venezuela de Chávez o, en Europa, la desmembrada España de Zapatero.

 

 

     

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