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Bush no mintió

 

Publicado en Diario de América: 26/01/08

La incapacidad por parte de las izquierdas políticas para acabar con el presidente George W. Bush y el visceral odio que sienten por el líder norteamericano y por su administración lleva a ciertos medios de comunicación y a otras tantas agencias a alcanzar cotas cercanas al ridículo. Para lanzar otro ataque contra Bush, el martes por la noche circuló un estudio en la página de internet del desconocido The Center for Public Integrity (Centro por la Integridad Pública), amasado conjuntamente con el aún menos conocido The Fund for Independence in Journalism (Fondo por la Independencia en el Periodismo). Las agencias de noticias y buena parte de los medios más cercanos al antiamericanismo rampante no tardaron ni horas en elevar este mal llamado estudio a cotas de verdad absoluta. El objetivo no era otro que perpetrar otro ataque más contra Bush y la Casa Blanca.

Según ese panfleto que han dado en llamar estudio, en los dos años previos a la entrada norteamericana en Irak, Bush y su equipo ofrecieron 935 declaraciones falsas sobre la amenaza de Sadam Hussein. De este modo, la conclusión de este supuesto análisis fue que el gobierno Bush incurrió "en una campaña orquestada que galvanizó efectivamente la opinión pública y, en el proceso, condujo al país a la guerra decididamente de manera fraudulenta". Se mencionan 935 falsas declaraciones en dos años, en discursos, entrevistas, y reuniones informativas con la prensa, entre otros medios de difusión. Tanto Bush como los funcionarios de su administración aparecen presentados en este estudio como individuos que señalaron de manera inequívoca, en al menos 532 ocasiones, que Irak tenía armas de destrucción masiva, o intentaba producirlas, o tenía vínculos con la red terrorista al-Qaida, o ambas cosas a la vez. Charles Lewis y Mark Reading-Smith, miembros del personal del susodicho Fondo por la Independencia en el Periodismo, escribieron una perspectiva general del estudio y afirmaron siguiendo la agenda ya preestablecida que “el gobierno de Bush condujo al país a la guerra sobre la base de información falsa que propagó de manera metódica y que culminó en la acción militar contra Irak el 19 de marzo del 2003".

En Diario de América no vamos a volver sobre la cuestión de las armas de destrucción masiva. Sadam mismo fue la gran arma de destrucción de millones de kurdos e inocentes iraquíes. También el general iraquí Georges Sada, muy cercano a Sadam, ya dio cuenta detallada en su documentado libro de la existencia de esas armas y de los secretos del dictador iraquí para sacarlas de Irak. A nadie escapa que la comunidad mundial –incluidos los que ahora ladran- consideraban a Sadam como una amenaza. Por lo mismo, la realidad es que las acciones adoptadas en el 2003 se basaron en una evaluación colectiva de agencias de inteligencia alrededor del mundo. Sea como fuere, el caso es que los plumillas de la prensa antiamericana no han faltado a la cita para apresurarse a publicar este estudio sin atender a su fiabilidad o a los verdaderos méritos científicos y metodológicos del supuesto estudio.

A nadie puede escapar que los dos centros que han sacado el estudio - tanto el "The Center for Public Integrity" como su aliada organización "The Fund for Independence in Journalism" son dos órganos de escaso prestigio científico. Se trata de centros pagados y dirigidos por fundaciones de la izquierda más radical y por individuos sectariamente enfocados casi exclusivamente en seguir atacando a la Administración Bush. Si se tratara de un estudio serio y riguroso, el sectarismo no tendría cabida y la inyección y politización de los datos, tampoco. Una mirada a la metodología confirma que estamos ante un documento preparado y manipulado, realizado sobre premisas metodológicas falsas y en las que todo puede aparecer o valorarse como “falsas declaraciones”.

El agudo lector haría bien en leer el texto de dicha metodología para comprobar el galimatías metodológico de declaraciones “directas”, “indirectas” y otras categorizaciones que vierten más que serias dudas sobre el rigor y la profesionalidad del trabajo de campo. Tal ha sido, además, la valoración que algunos expertos universitarios han realizado sobre esto que quiere pasar por ser un estudio riguroso y que no es más que un vomitivo libelo contra Bush. Bueno sería que la prensa y diarios como el The New York Times comprobaran el rigor de este tipo de “estudios” antes de publicarlos y confundir más todavía a la honesta opinión pública.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     

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