La incapacidad por
parte de las izquierdas políticas para acabar
con el presidente George W. Bush y el visceral
odio que sienten por el líder norteamericano y
por su administración lleva a ciertos medios de
comunicación y a otras tantas agencias a
alcanzar cotas cercanas al ridículo. Para lanzar
otro ataque contra Bush, el martes por la noche
circuló un estudio en la página de internet del
desconocido The Center for Public Integrity
(Centro por la Integridad Pública), amasado
conjuntamente con el aún menos conocido The
Fund for Independence in Journalism (Fondo
por la Independencia en el Periodismo). Las
agencias de noticias y buena parte de los medios
más cercanos al antiamericanismo rampante no
tardaron ni horas en elevar este mal llamado
estudio a cotas de verdad absoluta. El objetivo
no era otro que perpetrar otro ataque más contra
Bush y la Casa Blanca.
Según ese panfleto
que han dado en llamar estudio, en los dos años
previos a la entrada norteamericana en Irak,
Bush y su equipo ofrecieron 935 declaraciones
falsas sobre la amenaza de Sadam Hussein. De
este modo, la conclusión de este supuesto
análisis fue que el gobierno Bush incurrió "en
una campaña orquestada que galvanizó
efectivamente la opinión pública y, en el
proceso, condujo al país a la guerra
decididamente de manera fraudulenta". Se
mencionan 935 falsas declaraciones en dos años,
en discursos, entrevistas, y reuniones
informativas con la prensa, entre otros medios
de difusión. Tanto Bush como los funcionarios de
su administración aparecen presentados en este
estudio como individuos que señalaron de manera
inequívoca, en al menos 532 ocasiones, que Irak
tenía armas de destrucción masiva, o intentaba
producirlas, o tenía vínculos con la red
terrorista al-Qaida, o ambas cosas a la vez.
Charles Lewis y Mark Reading-Smith, miembros del
personal del susodicho Fondo por la
Independencia en el Periodismo, escribieron una
perspectiva general del estudio y afirmaron
siguiendo la agenda ya preestablecida que “el
gobierno de Bush condujo al país a la guerra
sobre la base de información falsa que propagó
de manera metódica y que culminó en la acción
militar contra Irak el 19 de marzo del 2003".
En Diario
de América no vamos a volver sobre la
cuestión de las armas de destrucción masiva.
Sadam mismo fue la gran arma de destrucción de
millones de kurdos e inocentes iraquíes. También
el general iraquí Georges Sada, muy cercano a
Sadam, ya dio cuenta detallada en su documentado
libro de la existencia de esas armas y de los
secretos del dictador iraquí para sacarlas de
Irak. A nadie escapa que la comunidad mundial –incluidos
los que ahora ladran- consideraban a Sadam como
una amenaza. Por lo mismo, la realidad es que
las acciones adoptadas en el 2003 se basaron en
una evaluación colectiva de agencias de
inteligencia alrededor del mundo. Sea como fuere,
el caso es que los plumillas de la prensa
antiamericana no han faltado a la cita para
apresurarse a publicar este estudio sin atender
a su fiabilidad o a los verdaderos méritos
científicos y metodológicos del supuesto estudio.
A nadie puede
escapar que los dos centros que han sacado el
estudio - tanto el "The Center for Public
Integrity" como su aliada organización "The Fund
for Independence in Journalism" son dos órganos
de escaso prestigio científico. Se trata de
centros pagados y dirigidos por fundaciones de
la izquierda más radical y por individuos
sectariamente enfocados casi exclusivamente en
seguir atacando a la Administración Bush. Si se
tratara de un estudio serio y riguroso, el
sectarismo no tendría cabida y la inyección y
politización de los datos, tampoco. Una mirada a
la metodología confirma que estamos ante un
documento preparado y manipulado, realizado
sobre premisas metodológicas falsas y en las que
todo puede aparecer o valorarse como “falsas
declaraciones”.
El agudo lector
haría bien en leer el texto de dicha metodología
para comprobar el galimatías metodológico de
declaraciones “directas”, “indirectas” y otras
categorizaciones que vierten más que serias
dudas sobre el rigor y la profesionalidad del
trabajo de campo. Tal ha sido, además, la
valoración que algunos expertos universitarios
han realizado sobre esto que quiere pasar por
ser un estudio riguroso y que no es más que un
vomitivo libelo contra Bush. Bueno sería que la
prensa y diarios como el The New York Times
comprobaran el rigor de este tipo de “estudios”
antes de publicarlos y confundir más todavía a
la honesta opinión pública.