En estos pasados
días nos han contado las agencias de noticias en
español las supuestas declaraciones de Alan
Greenspan con motivo de la publicación de sus
memorias “La era de la turbulencia: aventuras en
un nuevo mundo”, en las que el ex presidente de
la Reserva Federal -nos dicen- afirma que la
guerra de Irak fue motivada "por el petróleo".
Los teletipos de agencias en español -reproducidos
por la mayoría de medios de comunicación en
lengua española- ponen en evidencia la falta de
rigor de la mayoría de los medios de
comunicación y agencias en lengua española
cuando se trata de Estados Unidos. Alan
Greenspan no dijo que la guerra de Irak fue "por"
petróleo. Lo que dijo fue que la guerra fue por
temas ligados al petróleo, "sobre" el petróleo.
O sea, no dijo "for oil", sino "about oil", que
no es lo mismo. Bob Woodward ya lo ha detallado
y explicado con detalle en las páginas de
The Washington Post, en un artículo de
recomendable lectura donde el mismo
Greenspan reconoce que el derrocamiento de
Hussein fue crucial para la seguridad del
petróleo mundial.
"(Greenspan) made
the striking comment in a new memoir out today
that "the Iraq War is largely about
oil." In the interview, he clarified that
sentence in his 531-page book, saying that while
securing global oil supplies was "not the
administration's motive," he had presented the
White House with the case for why removing
Hussein was important for the global economy. "I
was not saying that that's the administration's
motive," Greenspan said in an interview
Saturday, "I'm just saying that if somebody
asked me, 'Are we fortunate in taking out
Saddam?' I would say it was essential".
Como se observa,
lo fácil es traducir como mejor convenga a la
progresía que invade esas agencias... siempre y
cuando eso suponga poder atacar a Bush. En
Diario de América ya conocemos bien ese
libreto del antiamericanismo analfabeto. Por eso
se lo explicamos cada día a nuestros buenos
lectores. Y por eso también, matizamos.
Greenspan ha declarado ya varias veces que nada
de lo que se ha escrito sobre su opinión sobre
Bush y sobre Irak es exacto. Greenspan es un
reconocido partidario del Partido Republicano y que
siempre ha estado más cerca de Bush que del
Partido Demócrata. Aun así, y suponiendo -como
le gustaría a la progresía anti-Bush- que
Greenspan creyera que la guerra fue "por"
petróleo, pasemos a recordar algunas
consideraciones generales de por qué no fue una
guerra por el codiciado petróleo.
Estados Unidos no
tiene en su haber un caso de imperialismo en el
que su objetivo haya sido la expoliación en
beneficio propio de los recursos de un país. Más
bien al contrario, siempre ha promovido la
libertad de los pueblos, premisa sobre la que se
basa su propia fundación como nación. A partir
de ahí los norteamericanos saben como nadie que
la riqueza no va a venir de los recursos de la
tierra sino de los intercambios libres de la
sociedad, aportando cada uno lo que le sobra e
intercambiando los bienes si no a través del
antiguo trueque, sí con el dinero de por medio.
Las circunstancias actuales sobre la
globalización, las transferencias bancarias, y
los millones de movimientos y complejidad del
sistema actual internacional no han variado para
nada los principios inmutables de la economía.
Por eso recurrir a la antigua táctica de la
conquista de pueblos para incrementar las
riquezas del pueblo belicoso de turno no tienen
cabida en un país como Estados Unidos. Para
Estados Unidos lo más fácil hubiera sido la
adquisición de la explotación petrolífera, de
los contratos que mantenía Sadam con las
compañías extrajeras, mediante operaciones
financieras como lanzamientos de OPA´s o futuras
renovaciones de licencias de explotación
mediante una subasta en el que las compañías
privadas y no el gobierno, pujaran más alto por
dicha explotación, y todo se habría resuelto
mediante operaciones empresariales, y con el
levantamiento del embargo.
Pero ¿cuál es el
fin que perseguía la Administración Bush? ¿Petróleo
más barato para los Estados Unidos? ¿Enriquecimiento
personal a través de empresas en las que
miembros del Gobierno como el vicepresidente
Cheney estuvieran involucrados, como la famosa
Halliburton? En el segundo caso las exhaustivas
e independientes comisiones del Congreso no
permitirían una operación tan descarada, además
de entrañar un riesgo elevadísimo si se supiera
de la connivencia entre una empresa petrolera y
el poder político de cara al mercado de valores
de la Bolsa. ¿Es por electoralismo? No, pues las
guerras son particularmente inciertas como ha
demostrado Irak, y poco rentables electoralmente
especialmente cuando hay un goteo casi constante
de bajas americanas. Más aún: si Bush lo hubiera
hecho por una cuestión electoral, habría mandado
de regreso a las tropas cuando la situación
estaba mucho peor, previa a la “revolución
Petraeus”.
Bastante
indicativo en la toma de la decisión de invadir
Irak proviene de la parcial influencia del
entorno neoconservador en la Administración. Que
en resumidas cuentas, como Manuel Coma ha
afirmado, el movimiento "neocon" es realismo con
principios, una doctrina que aboga no sólo por
políticas realistas de tablero de ajedrez, sino
que defiende la extensión de los principios de
libertad como instrumento para consolidar una
paz duradera. Así que la opción más creíble que
nos queda sería que la invasión se habría
llevado a cabo para que el mercado
norteamericano (y el mundial, a pesar de las
rasgaduras de vestiduras de los No a la Guerra
usuarios de vehículos) dispusiera de más
petróleo y más barato. Pero la incertidumbre de
la guerra mientras dura, hace que los precios
sean escandalosamente altos, más cuando la
campaña se prolonga por más de cuatro que
ya llevamos en el país árabe. Las tensiones
geopolíticas como la de Irán van en detrimento
de la “estabilización” de los mercados del crudo.
E Irak un gran productor, no se iba a quedar al
margen como causa desestabilizante. A pesar de
todo, un Irak sin Sadam y con un mercado
liberalizado quién no iba a quererlo, tanto los
iraquíes como el resto del planeta.
Y queda la
cuestión de la financiación de la guerra:
cientos de miles de millones de dólares fueron
vaticinados como coste del conflicto, y en ese
sentido no van desencaminados. La financiación
de la campaña, especialmente una quirúrgica como
la que lleva a cabo Estados Unidos entrando casa
por casa o barrio por barrio donde se sospecha
que hay terroristas, además de necesitar
carísimas armas de precisión ofrecen un saldo
negativo al binomio coste-beneficio, siendo los
costes extremadamente más altos que los
beneficios pues para poder amortizar los gastos
que ha generado la campaña iraquí deben pasar
décadas, y para entonces Bush ya hará tiempo que
ha abandonado la Casa Blanca. Comparemos el
precio de una campaña bélica de este tipo con
los relativamente exiguos beneficios de la mayor
petrolera del mundo en un año, la Exxon Mobil:
33860 millones de dólares en cifra récord.
La financiación
supone además un esfuerzo extra del
contribuyente que puede hacer disparar más el ya
de por sí alto déficit fiscal que padece Estados
Unidos si no se recortan gastos de otro lado,
cosa que el Presidente no ha hecho a pesar de
los loables recorte de impuestos y de la buena
marcha de la economía americana. Una ocupación
en toda regla e interesada en quedarse con los
recursos desdeña la tarea de la retirada. Pero
el mismo Bush quería haberse retirado hace
tiempo; otra cosa es que, consciente de la
misión, sabe que una retirada ahora significará
una derrota para América y una victoria para los
yihadistas que convertirían Irak en un nuevo
Afganistán talibánico.
Por lo general los
políticos americanos al contrario que los
europeos, se lanzan a la arena política cuando
han alcanzado una holgada posición económica;
más que holgada, cuando han triunfado
millonariamente en los negocios. La situación
europea es justamente la contraria. La posición
de poder y contactos ha facilitado turbios
negocios pero ni un solo escándalo económico ha
salpicado a la Administración Bush. Chirac en
cambio no puede decir lo mismo. Sí es cierto en
cambio, que el petróleo era un componente más a
tener en cuenta a la hora de planificar la
invasión. Y podría ser una de las causas,
conseguir la benigna liberalización del mercado
de petróleo iraquí con tan amplias reservas en
el subsuelo. Pero ni mucho menos ése era el
objetivo tras el 11 de septiembre.
Sin embargo, el
petróleo era determinante en la financiación de
las armas de destrucción masiva que el
sanguinario dictador buscaba y usó. Y el
patrocinio de los terroristas, claramente
probado con miembros de Al Qaeda, y el descarado
y notorio con los terroristas palestinos nos
muestran el peligro que suponía el régimen de
Sadam Hussein. Otra de las cuestiones que han
pasado de puntillas por los medios de
comunicación centrados más en vísceras y sangre,
es el anuncio de Bush de respetar los acuerdos
que mantenía el anterior gobierno Baasista con
las compañías extranjeras, como las francesas,
aunque evidentemente se queden fuera del
“pastel” de la reconstrucción. Podría alguien
rascar en esta posibilidad como argumento en pos
de la invasión, pero económicamente es absurdo
destruir para construir. Es como tirar nuestra
casa para volverla a levantar. Más son los
gastos humanitarios y desinteresados de las
fuerzas norteamericanas a favor de la población,
en tareas de enseñanza y educación, asistencia
sanitaria, etc. Qué nos digan dónde está el
beneficio puramente económico.
Verdaderamente quienes lo hacían por petróleo
eran los miembros permanentes del Consejo de
Seguridad de la ONU que con su No, impidieron
llevar a cabo por completo la resolución 1441 de
Naciones Unidas en la que se advertía de serias
consecuencias en caso de que no se cumpliera, y
en la que todos estaban de acuerdo en un
principio pero que quedó inconclusa por la
negativa de Francia, Rusia y China que sí tenían
lucrativos contratos petrolíferos con Sadam y
que vieron peligrar.
Cabe destacar
también que en la primera Guerra del Golfo con
Bush padre a la cabeza sí tuvo un importante
peso la cuestión del petróleo. Con la invasión
de Kuwait por parte iraquí se violaba la
soberanía de un país, que además era un gran
extractor de crudo poniendo en jaque a las
economías occidentales impidiendo gran parte del
abastecimiento internacional de petróleo.
Los pozos de
petróleo ardiendo es una imagen que aún
recordamos, de cuando las tropas iraquíes
vencidas incendiaban los pozos conscientes del
daño que así hacían. Pero esa guerra quedó sin
terminar por culpa de la visión realista de la
guerra fría de Bush padre, que se limitó a sacar
a Sadam de Kuwait pero que no lo derrocó del
poder y que originó, represalias hacia los
kurdos y chiíes que se habían unido a la
coalición internacional, más hambre para el
pueblo iraquí que con la justificación del
embargo empobreció más a la población, y más de
10 años toreando a Occidente con el fraudulento
programa onusino “Petróleo por Alimentos” que
enriqueció más a Sadam, a ciertos miembros
de las compañías que participaban en el programa
y a funcionarios corruptos de la ONU empezando
por su mandamás, Kofi Annan. El petóleo kuwaití
sí hubiera convertido en un Arma de Destrucción
Masiva para el dependiente mundo occidental y el
emergente oriental, sin olvidarnos de las
genuinas Armas de Destrucción Masiva que Sadam
usó antes y después de 1991, y que suponían
además un peligro intolerable si esas armas
cayeran en manos de terroristas capaces de hacer
cualquier cosa como vimos el 11-S.
Por todo esto, el
supuesto aserto de Greenspan parece estar más
encaminado en la creación de polémica para la
venta de su biografía, además de explotar el
filón anti-Bush que tan buenos réditos ofrece.
Precisamente ha servido para que el fantasma
Castro reapareciera en televisión citando a
Greenspan como maná caído del cielo para sus
diatribas contra Norteamérica. O quizá a la
esposa del señor Greenspan -la conocida
periodista anti-bush, Andrea Mitchell, de la
cadena progresista NBC, no le satisface por
completo el cargo de su marido en la empresa
privada y añora la notoriedad y la fama de la
que fue durante muchos años protagonista su
esposo, en aquellos años "dorados" de Clinton
para la Mitchell.
Finalmente, una
cosa más: también Greenspan dijo públicamente
que Bill Clinton había sido el mejor presidente
"republicano" de Estados Unidos, en clara ironía
sobre la política de Clinton y dejando claro que
las politicas fiscales de la derecha
norteamericana son siempre más viables que el
Gran Gobierno al que aspira el Partido Demócrata.
En resumidas cuentas: lo de Irak no fue por
petróleo... Y Greenspan ha salido al paso de
esta polémica dejando clara su posición. Esto
último, como lo de la frase textual en inglés,
no se lo contarán... En Diario de
América lo hacemos.