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Lo de Irak no fue por petróleo

 

Publicado en Diario de América: 24/09/07

En estos pasados días nos han contado las agencias de noticias en español las supuestas declaraciones de Alan Greenspan con motivo de la publicación de sus memorias “La era de la turbulencia: aventuras en un nuevo mundo”, en las que el ex presidente de la Reserva Federal -nos dicen- afirma que la guerra de Irak fue motivada "por el petróleo". Los teletipos de agencias en español -reproducidos por la mayoría de medios de comunicación en lengua española- ponen en evidencia la falta de rigor de la mayoría de los medios de comunicación y agencias en lengua española cuando se trata de Estados Unidos. Alan Greenspan no dijo que la guerra de Irak fue "por" petróleo. Lo que dijo fue que la guerra fue por temas ligados al petróleo, "sobre" el petróleo. O sea, no dijo "for oil", sino "about oil", que no es lo mismo. Bob Woodward ya lo ha detallado y explicado con detalle en las páginas de The Washington Post, en un artículo de recomendable lectura donde el mismo Greenspan reconoce que el derrocamiento de Hussein fue crucial para la seguridad del petróleo mundial.

"(Greenspan) made the striking comment in a new memoir out today that "the Iraq War is largely about oil." In the interview, he clarified that sentence in his 531-page book, saying that while securing global oil supplies was "not the administration's motive," he had presented the White House with the case for why removing Hussein was important for the global economy. "I was not saying that that's the administration's motive," Greenspan said in an interview Saturday, "I'm just saying that if somebody asked me, 'Are we fortunate in taking out Saddam?' I would say it was essential".

Como se observa, lo fácil es traducir como mejor convenga a la progresía que invade esas agencias... siempre y cuando eso suponga poder atacar a Bush. En Diario de América ya conocemos bien ese libreto del antiamericanismo analfabeto. Por eso se lo explicamos cada día a nuestros buenos lectores. Y por eso también, matizamos. Greenspan ha declarado ya varias veces que nada de lo que se ha escrito sobre su opinión sobre Bush y sobre Irak es exacto. Greenspan es un reconocido partidario del Partido Republicano y que siempre ha estado más cerca de Bush que del Partido Demócrata. Aun así, y suponiendo -como le gustaría a la progresía anti-Bush- que Greenspan creyera que la guerra fue "por" petróleo, pasemos a recordar algunas consideraciones generales de por qué no fue una guerra por el codiciado petróleo.

Estados Unidos no tiene en su haber un caso de imperialismo en el que su objetivo haya sido la expoliación en beneficio propio de los recursos de un país. Más bien al contrario, siempre ha promovido la libertad de los pueblos, premisa sobre la que se basa su propia fundación como nación. A partir de ahí los norteamericanos saben como nadie que la riqueza no va a venir de los recursos de la tierra sino de los intercambios libres de la sociedad, aportando cada uno lo que le sobra e intercambiando los bienes si no a través del antiguo trueque, sí con el dinero de por medio. Las circunstancias actuales sobre la globalización, las transferencias bancarias, y los millones de movimientos y complejidad del sistema actual internacional no han variado para nada los principios inmutables de la economía. Por eso recurrir a la antigua táctica de la conquista de pueblos para incrementar las riquezas del pueblo belicoso de turno no tienen cabida en un país como Estados Unidos. Para Estados Unidos lo más fácil hubiera sido la adquisición de la explotación petrolífera, de los contratos que mantenía Sadam con las compañías extrajeras, mediante operaciones financieras como lanzamientos de OPA´s o futuras renovaciones de licencias de explotación mediante una subasta en el que las compañías privadas y no el gobierno, pujaran más alto por dicha explotación, y todo se habría resuelto mediante operaciones empresariales, y con el levantamiento del embargo.

Pero ¿cuál es el fin que perseguía la Administración Bush? ¿Petróleo más barato para los Estados Unidos? ¿Enriquecimiento personal a través de empresas en las que miembros del Gobierno como el vicepresidente Cheney estuvieran involucrados, como la famosa Halliburton? En el segundo caso las exhaustivas e independientes comisiones del Congreso no permitirían una operación tan descarada, además de entrañar un riesgo elevadísimo si se supiera de la connivencia entre una empresa petrolera y el poder político de cara al mercado de valores de la Bolsa. ¿Es por electoralismo? No, pues las guerras son particularmente inciertas como ha demostrado Irak, y poco rentables electoralmente especialmente cuando hay un goteo casi constante de bajas americanas. Más aún: si Bush lo hubiera hecho por una cuestión electoral, habría mandado de regreso a las tropas cuando la situación estaba mucho peor, previa a la “revolución Petraeus”.

Bastante indicativo en la toma de la decisión de invadir Irak proviene de la parcial influencia del entorno neoconservador en la Administración. Que en resumidas cuentas, como Manuel Coma ha afirmado, el movimiento "neocon" es realismo con principios, una doctrina que aboga no sólo por políticas realistas de tablero de ajedrez, sino que defiende la extensión de los principios de libertad como instrumento para consolidar una paz duradera. Así que la opción más creíble que nos queda sería que la invasión se habría llevado a cabo para que el mercado norteamericano (y el mundial, a pesar de las rasgaduras de vestiduras de los No a la Guerra usuarios de vehículos) dispusiera de más petróleo y más barato. Pero la incertidumbre de la guerra mientras dura, hace que los precios sean escandalosamente altos, más cuando la campaña se prolonga por más de cuatro que  ya llevamos en el país árabe. Las tensiones geopolíticas como la de Irán van en detrimento de la “estabilización” de los mercados del crudo. E Irak un gran productor, no se iba a quedar al margen como causa desestabilizante. A pesar de todo, un Irak sin Sadam y con un mercado liberalizado quién no iba a quererlo, tanto los iraquíes como el resto del planeta.

Y queda la cuestión de la financiación de la guerra: cientos de miles de millones de dólares fueron vaticinados como coste del conflicto, y en ese sentido no van desencaminados. La financiación de la campaña, especialmente una quirúrgica como la que lleva a cabo Estados Unidos entrando casa por casa o barrio por barrio donde se sospecha que hay terroristas, además de necesitar carísimas armas de precisión ofrecen un saldo negativo al binomio coste-beneficio, siendo los costes extremadamente más altos que los beneficios pues para poder amortizar los gastos que ha generado la campaña iraquí deben pasar décadas, y para entonces Bush ya hará tiempo que ha abandonado la Casa Blanca. Comparemos el precio de una campaña bélica de este tipo con los relativamente exiguos beneficios de la mayor petrolera del mundo en un año, la Exxon Mobil: 33860 millones de dólares en cifra récord.

La financiación supone además un esfuerzo extra del contribuyente que puede hacer disparar más el ya de por sí alto déficit fiscal que padece Estados Unidos si no se recortan gastos de otro lado, cosa que el Presidente no ha hecho a pesar de los loables recorte de impuestos y de la buena marcha de la economía americana. Una ocupación en toda regla e interesada en quedarse con los recursos desdeña la tarea de la retirada. Pero el mismo Bush quería haberse retirado hace tiempo; otra cosa es que, consciente de la misión, sabe que una retirada ahora significará una derrota para América y una victoria para los yihadistas que convertirían Irak en un nuevo Afganistán talibánico.

Por lo general los políticos americanos al contrario que los europeos, se lanzan a la arena política cuando han alcanzado una holgada posición económica; más que holgada, cuando han triunfado millonariamente en los negocios. La situación europea es justamente la contraria. La posición de poder y contactos ha facilitado turbios negocios pero ni un solo escándalo económico ha salpicado a la Administración Bush. Chirac en cambio no puede decir lo mismo. Sí es cierto en cambio, que el petróleo era un componente más a tener en cuenta a la hora de planificar la invasión. Y podría ser una de las causas, conseguir la benigna liberalización del mercado de petróleo iraquí con tan amplias reservas en el subsuelo. Pero ni mucho menos ése era el objetivo tras el 11 de septiembre.

Sin embargo, el petróleo era determinante en la financiación de las armas de destrucción masiva que el sanguinario dictador buscaba y usó. Y el patrocinio de los terroristas, claramente probado con miembros de Al Qaeda, y el descarado y notorio con los terroristas palestinos nos muestran el peligro que suponía el régimen de Sadam Hussein. Otra de las cuestiones que han pasado de puntillas por los medios de comunicación centrados más en vísceras y sangre, es el anuncio de Bush de respetar los acuerdos que mantenía el anterior gobierno Baasista con las compañías extranjeras, como las francesas, aunque evidentemente se queden fuera del “pastel” de la reconstrucción. Podría alguien rascar en esta posibilidad como argumento en pos de la invasión, pero económicamente es absurdo destruir para construir. Es como tirar nuestra casa para volverla a levantar. Más son los gastos humanitarios y desinteresados de las fuerzas norteamericanas a favor de la población, en tareas de enseñanza y educación, asistencia sanitaria, etc. Qué nos digan dónde está el beneficio puramente económico.
 
Verdaderamente quienes lo hacían por petróleo eran los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU que con su No, impidieron llevar a cabo por completo la resolución 1441 de Naciones Unidas en la que se advertía de serias consecuencias en caso de que no se cumpliera, y en la que todos estaban de acuerdo en un principio pero que quedó inconclusa por la negativa de Francia, Rusia y China que sí tenían lucrativos contratos petrolíferos con Sadam y que vieron peligrar.

Cabe destacar también que en la primera Guerra del Golfo con Bush padre a la cabeza sí tuvo un importante peso la cuestión del petróleo. Con la invasión de Kuwait por parte iraquí se violaba la soberanía de un país, que además era un gran extractor de crudo poniendo en jaque a las economías occidentales impidiendo gran parte del abastecimiento internacional de petróleo.

Los pozos de petróleo ardiendo es una imagen que aún recordamos, de cuando las tropas iraquíes vencidas incendiaban los pozos conscientes del daño que así hacían. Pero esa guerra quedó sin terminar por culpa de la visión realista de la guerra fría de Bush padre, que se limitó a sacar a Sadam de Kuwait pero que no lo derrocó del poder y que originó, represalias hacia los kurdos y chiíes que se habían unido a la coalición internacional, más hambre para el pueblo iraquí que con la justificación del embargo empobreció más a la población, y más de 10 años toreando a Occidente con el fraudulento programa onusino “Petróleo por Alimentos” que enriqueció más a Sadam, a  ciertos miembros de las compañías que participaban en el programa y a funcionarios corruptos de la ONU empezando por su mandamás, Kofi Annan. El petóleo kuwaití sí hubiera convertido en un Arma de Destrucción Masiva para el dependiente mundo occidental y el emergente oriental, sin olvidarnos de las genuinas Armas de Destrucción Masiva que Sadam usó antes y después de 1991, y que suponían además un peligro intolerable si esas armas cayeran en manos de terroristas capaces de hacer cualquier cosa como vimos el 11-S. 

Por todo esto, el supuesto aserto de Greenspan parece estar más encaminado en la creación de polémica para la venta de su biografía, además de explotar el filón anti-Bush que tan buenos réditos ofrece. Precisamente ha servido para que el fantasma Castro reapareciera en televisión citando a Greenspan como maná caído del cielo para sus diatribas contra Norteamérica. O quizá a la esposa del señor Greenspan -la conocida periodista anti-bush, Andrea Mitchell, de la cadena progresista NBC, no le satisface por completo el cargo de su marido en la empresa privada y añora la notoriedad y la fama de la que fue durante muchos años protagonista su esposo, en aquellos años "dorados" de Clinton para la Mitchell.

Finalmente, una cosa más: también Greenspan dijo públicamente que Bill Clinton había sido el mejor presidente "republicano" de Estados Unidos, en clara ironía sobre la política de Clinton y dejando claro que las politicas fiscales de la derecha norteamericana son siempre más viables que el Gran Gobierno al que aspira el Partido Demócrata. En resumidas cuentas: lo de Irak no fue por petróleo... Y Greenspan ha salido al paso de esta polémica dejando clara su posición. Esto último, como lo de la frase textual en inglés, no se lo contarán... En Diario de América lo hacemos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     

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