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Fred Thompson acierta en el tema migratorio en Estados Unidos

 

Publicado en Diario de América: 23/11/07

A nadie puede escapar la importancia que el tema de la inmigración está teniendo ya en las primarias de Estados Unidos. Lo mismo cabe anticipar para las presidenciales de 2008. El pasado junio, Diario de América ya dio cuenta de los errores de los políticos norteamericanos, incluido el Presidente Bush, en materia de inmigración. Todavía está cerca la desastrosa iniciativa del Senado a favor de la amnistía a los inmigrantes ilegales, detenida gracias al impulso del pueblo norteamericano. Desde entonces, una tras otra, todas y cada una de las iniciativas de legalización de inmigrantes ilegales (llamados por algunos eufemísticamente “indocumentados”) han resultado un hondo fracaso. El sabio pueblo norteamericano exigió y sigue exigiendo a sus políticos el respeto del Estado de Derecho y el estricto cumplimiento de la Ley en materia migratoria. Entre los más avanzados aspirantes a la presidencia en uno y otro partido político en Estados Unidos, el tema de la inmigración está resultando cada vez más importante.

Más allá de intereses de grupo, estrategias de partido o ideologías concretas, el pueblo norteamericano no va a dejar de exigir a sus representantes y a su futuro presidente el respeto a la más estricta legalidad en el ámbito de la inmigración. Además de ideas claras al respecto, quien llegue a la Casa Blanca sólo podrá hacerlo si muestra una clara negativa a cualquier idea de amnistía o concesión a la inmigración ilegal. Varios aspirantes a la candidatura presidencial por cada partido están haciendo aguas debido a su posición ambigua al respecto. Hace varios meses, en el lado republicano, John McCain echó por tierra su propia campaña presidencial al posicionarse a favor de la inmigración ilegal y aliarse con Ted Kennedy y la turba del victimismo. Pese a que todavía hoy algunos –incluido el propio McCain- sigan queriendo disimular su gran error, sus aspiraciones a la Casa Blanca acabaron allí, por muchos viajes que el senador por Arizona haga Bagdad y por muy acertada que sea su posición respecto a Irak. En los últimos días, hemos visto también en el lado republicano el serio escrutinio al que está siendo objeto el aspirante presidencial Rudy Giuliani respecto a este tema. No puede olvidarse su actitud como alcalde de Nueva York respecto a la inmigración ilegal y su cercanía en el pasado a posiciones favorables a las ciudades “santuario”, como en un tiempo quiso hacer de Nueva York bajo su mandato. En el lado demócrata, hace unos días presenciamos el monumental tropezón de Hillary Clinton respecto a sus distintas e incoherentes posiciones sobre la concesión de permisos y licencias de conducir a los inmigrantes ilegales en el mismo Nueva York.

Junto a asuntos de importancia nacional e internacional como la guerra contra el terrorismo, el otro asunto interno que más importancia y efecto va a tener en las vidas de los ciudadanos estadounidenses será el de la inmigración. Las primarias de enero y febrero de 2008 reducirán el número de candidatos a dos, uno por cada partido; en noviembre de 2008 el pueblo norteamericano elegirá un nuevo presidente. En dicha elección, el tema migratorio será más importante de lo que algunos parecen juzgar a estas alturas. Una mirada a la política migratoria de los aspirantes a la presidencia más avanzados  en las encuestas deja claras algunas cosas. La primera de ellas es que la más profunda y seria visión sobre esta cuestión migratoria es la que aparece en la propuesta electoral de Fred Thompson, el aspirante a la candidatura republicana que no acaba de despegar en las encuestas, pero que asegura tener seguro el futuro apoyo de la ciudadanía al tener claras sus posiciones en éste y otros muchos temas. Diario de América ha leído con detalle todas las propuestas de los aspirantes a la candidatura presidencial en materia migratoria. Junto a la propuesta de Tom Tancredo –que desafortunadamente ha basado su campaña casi exclusivamente en este tema dejando al lado otros-, las ideas y principios propuestos por Fred Thompson resultan ser los más convincentes y serios, tanto más cuando se corresponde con las acciones pasadas de Thompson como senador por Tennessee y como candidato conservador.

El Plan Thompson sobre Seguridad Fronteriza e Inmigración se apoya en varios pilares fundamentales. Thompson quiere poner fin a la actual “cadena de inmigración” por la que la aceptación de entrada de un inmigrante supone la llegada de múltiples miembros de la familia. La entrada de esos familiares deberá estar también regularizada como privilegio ganado por los propios méritos de cada miembro de la familia. Thompson propone también la eliminación del ridículo programa federal de lotería de visados y, más importante todavía, deja clara la negación absoluta a la posibilidad de amnistía para los ilegales. El objetivo de la propuesta de Thompson se apoya en el cumplimiento de la actual Ley de Seguridad Fronteriza y Emigración que no funciona precisamente porque no se aplica. De aplicarse realmente, los propios inmigrantes ilegales regresarían a sus países por propia voluntad al no encontrar fórmulas laborales o económicas para mantenerse en Estados Unidos.  Para lograr esos objetivos, Thompson exige el uso obligatorio de estrategias concretas que impidan a los negocios emplear a ilegales, como negar deducciones fiscales a las empresas que contraten ilegales. En este particular, sí se echa de menos en la propuesta específica de Thompson el número explícito de reducción anual de inmigrantes ilegales. En el ámbito de seguridad fronteriza, Thompson exige la construcción definitiva en la frontera con México del muro de 854 millas que fue aprobado por el Congreso en octubre de 2006 y que la Administración Bush todavía tiene que cumplir. Por lo mismo, Thompson propone sistemas de supervisión de visados que permitan actuar con efectividad, favorecer a los visitantes legales y detener y deportar sin demora a los contrabandistas o criminales.

Las propuestas de Thompson resultan claras y apuntan también a la finalización de las actuales ciudades “santuarios”, como San Francisco, que amparan a ilegales atentando contra la Ley Federal. La negación de fondos federales a esas ciudades resultará en poner fin a la impunidad de ciertas ciudades y gobiernos locales.  Conforme avance la campaña electoral, estas cuestiones habrán de salir más a la luz pública y la ciudadanía norteamericana las valorará como siempre ha hecho. Se quiera o no, guste o no, Estados Unidos tiene que aplicar la ley y acabar con la incompetencia e ineptitud burocrática en materia migratoria. Quien llegue a la Casa Blanca en 2008 tendrá que entender que al pueblo norteamericano no se le puede engañar. La contundente respuesta del pasado junio por parte de la ciudadanía llamando y escribiendo a sus congresistas y senadores, documentada puntualmente por Diario de América, es un aviso para navegantes.

 

 

 

 

 

     

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