A nadie puede
escapar la importancia que el tema de la
inmigración está teniendo ya en las primarias de
Estados Unidos. Lo mismo cabe anticipar para las
presidenciales de 2008. El pasado junio,
Diario de América ya dio cuenta de los
errores de los políticos norteamericanos,
incluido el Presidente Bush, en materia de
inmigración. Todavía está cerca la desastrosa
iniciativa del Senado a favor de la amnistía a
los inmigrantes ilegales, detenida gracias al
impulso del pueblo norteamericano. Desde
entonces, una tras otra, todas y cada una de las
iniciativas de legalización de inmigrantes
ilegales (llamados por algunos eufemísticamente “indocumentados”)
han resultado un hondo fracaso. El sabio pueblo
norteamericano exigió y sigue exigiendo a sus
políticos el respeto del Estado de Derecho y el
estricto cumplimiento de la Ley en materia
migratoria. Entre los más avanzados aspirantes a
la presidencia en uno y otro partido político en
Estados Unidos, el tema de la inmigración está
resultando cada vez más importante.
Más allá de
intereses de grupo, estrategias de partido o
ideologías concretas, el pueblo norteamericano
no va a dejar de exigir a sus representantes y a
su futuro presidente el respeto a la más
estricta legalidad en el ámbito de la
inmigración. Además de ideas claras al respecto,
quien llegue a la Casa Blanca sólo podrá hacerlo
si muestra una clara negativa a cualquier idea
de amnistía o concesión a la inmigración ilegal.
Varios aspirantes a la candidatura presidencial
por cada partido están haciendo aguas debido a
su posición ambigua al respecto. Hace varios
meses, en el lado republicano, John McCain echó
por tierra su propia campaña presidencial al
posicionarse a favor de la inmigración ilegal y
aliarse con Ted Kennedy y la turba del
victimismo. Pese a que todavía hoy algunos –incluido
el propio McCain- sigan queriendo disimular su
gran error, sus aspiraciones a la Casa Blanca
acabaron allí, por muchos viajes que el senador
por Arizona haga Bagdad y por muy acertada que
sea su posición respecto a Irak. En los últimos
días, hemos visto también en el lado republicano
el serio escrutinio al que está siendo objeto el
aspirante presidencial Rudy Giuliani respecto a
este tema. No puede olvidarse su actitud como
alcalde de Nueva York respecto a la inmigración
ilegal y su cercanía en el pasado a posiciones
favorables a las ciudades “santuario”, como en
un tiempo quiso hacer de Nueva York bajo su
mandato. En el lado demócrata, hace unos días
presenciamos el monumental tropezón de Hillary
Clinton respecto a sus distintas e incoherentes
posiciones sobre la concesión de permisos y
licencias de conducir a los inmigrantes ilegales
en el mismo Nueva York.
Junto a asuntos de
importancia nacional e internacional como la
guerra contra el terrorismo, el otro asunto
interno que más importancia y efecto va a tener
en las vidas de los ciudadanos estadounidenses
será el de la inmigración. Las primarias de
enero y febrero de 2008 reducirán el número de
candidatos a dos, uno por cada partido; en
noviembre de 2008 el pueblo norteamericano
elegirá un nuevo presidente. En dicha elección,
el tema migratorio será más importante de lo que
algunos parecen juzgar a estas alturas. Una
mirada a la política migratoria de los
aspirantes a la presidencia más avanzados en
las encuestas deja claras algunas cosas. La
primera de ellas es que la más profunda y seria
visión sobre esta cuestión migratoria es la que
aparece en la propuesta electoral de Fred
Thompson, el aspirante a la candidatura
republicana que no acaba de despegar en las
encuestas, pero que asegura tener seguro el
futuro apoyo de la ciudadanía al tener claras
sus posiciones en éste y otros muchos temas.
Diario de América ha leído con
detalle todas las propuestas de los aspirantes a
la candidatura presidencial en materia
migratoria. Junto a la propuesta de Tom Tancredo
–que desafortunadamente ha basado su campaña
casi exclusivamente en este tema dejando al lado
otros-, las ideas y principios propuestos por
Fred Thompson resultan ser los más convincentes
y serios, tanto más cuando se corresponde con
las acciones pasadas de Thompson como senador
por Tennessee y como candidato conservador.
El
Plan Thompson sobre Seguridad Fronteriza e
Inmigración se apoya en varios pilares
fundamentales. Thompson quiere poner fin a la
actual “cadena de inmigración” por la que la
aceptación de entrada de un inmigrante supone la
llegada de múltiples miembros de la familia. La
entrada de esos familiares deberá estar también
regularizada como privilegio ganado por los
propios méritos de cada miembro de la familia.
Thompson propone también la eliminación del
ridículo programa federal de lotería de visados
y, más importante todavía, deja clara la
negación absoluta a la posibilidad de amnistía
para los ilegales. El objetivo de la propuesta
de Thompson se apoya en el cumplimiento de la
actual Ley de Seguridad Fronteriza y Emigración
que no funciona precisamente porque no se aplica.
De aplicarse realmente, los propios inmigrantes
ilegales regresarían a sus países por propia
voluntad al no encontrar fórmulas laborales o
económicas para mantenerse en Estados Unidos.
Para lograr esos objetivos, Thompson exige el
uso obligatorio de estrategias concretas que
impidan a los negocios emplear a ilegales, como
negar deducciones fiscales a las empresas que
contraten ilegales. En este particular, sí se
echa de menos en la propuesta específica de
Thompson el número explícito de reducción anual
de inmigrantes ilegales. En el ámbito de
seguridad fronteriza, Thompson exige la
construcción definitiva en la frontera con
México del muro de 854 millas que fue aprobado
por el Congreso en octubre de 2006 y que la
Administración Bush todavía tiene que cumplir.
Por lo mismo, Thompson propone sistemas de
supervisión de visados que permitan actuar con
efectividad, favorecer a los visitantes legales
y detener y deportar sin demora a los
contrabandistas o criminales.
Las propuestas de
Thompson resultan claras y apuntan también a la
finalización de las actuales ciudades “santuarios”,
como San Francisco, que amparan a ilegales
atentando contra la Ley Federal. La negación de
fondos federales a esas ciudades resultará en
poner fin a la impunidad de ciertas ciudades y
gobiernos locales. Conforme avance la campaña
electoral, estas cuestiones habrán de salir más a
la luz pública y la ciudadanía norteamericana
las valorará como siempre ha hecho. Se quiera o
no, guste o no, Estados Unidos tiene que aplicar
la ley y acabar con la incompetencia e ineptitud
burocrática en materia migratoria. Quien llegue
a la Casa Blanca en 2008 tendrá que entender que
al pueblo norteamericano no se le puede engañar.
La contundente respuesta del pasado junio por
parte de la ciudadanía llamando y escribiendo a
sus congresistas y senadores, documentada
puntualmente por Diario de América,
es un aviso para navegantes.