Con motivo de la
Asamblea general de Naciones Unidas, Mahmud
Ahmadinejad estará este fin de semana y parte de
la semana próxima en Nueva York. La inmensa
mayoría del pueblo norteamericano contempla la
visita a Nueva York del presidente de Irán con
cierto rechazo. En línea con los acuerdos y
convenciones diplomáticas vigentes a nivel
internacional, en su condición de nación
anfitriona, Estados Unidos está obligada a
permitir el acceso de los representantes de los
192 Estados miembros a las instalaciones de la
ONU y garantizar su seguridad durante la estadía,
dentro de un perímetro limitado.
Ahmadinejad llega,
pues, este domingo a Nueva York, donde su
discurso ante la Asamblea general de Naciones
Unidas tendrá lugar el martes, unas horas
después de que Bush hable desde el mismo estrado.
A imagen y semejanza de tiranos como Chávez o
Castro en sus hipócritas andanzas por Nueva York
–cuando hasta aquí han llegado-, Ahmadinejad
aterriza en Nueva York dispuesto a ir adelante
con su propaganda bien aprendida, la misma que
extrae del nazismo goebbeliano, adobada ahora
con unas gotas de cinismo terrorista.
Acaso así se
entiende que –en línea con la mejor tradición
hitleriana- el mismo presidente de Irán ha
declarado varias veces que Occidente convirtió
al Holocausto judío a manos de los nazis en un
mito intocable y ha insinuado la inexistencia de
tal Holocausto. Además de eso, ya propuso la
destrucción total de Israel, o a lo sumo
trasladar a Israel a otro lugar en Europa,
Estados Unidos o Canadá para devolver el
territorio a los palestinos. Es con este
iluminado mesiánico con el que sonríen y
comparten mesa y mantel personajes como Chávez o
Castro, a los que se une la tontera europea
personificada por el dialogante Zapatero.
Afortunadamente,
en Estados Unidos la tontería política no
alcanza tales límites. Es por ello que el
barbudo de Teherán, en ánimo
propagandístico, adelantó ya su deseo de
acercarse a la "zona cero" o dar conferencias en
una universidad. En la “zona cero”, el área al
sur de la ciudad, fue justamente donde estaban
las Torres gemelas en las que unos cuantos
fanáticos como Ahmadineyad masacraron a miles de
norteamericanos hace ahora poco más de seis
años. Aun así, para Ahmadinejad este viaje es la
oportunidad de la foto, la del terrorista
vestido de presidente que sonríe mientras las
armas de su país –coladas en la frontera con
Irak- llegan a manos de quienes siguen
asesinando impunemente a los soldados
norteamericanos.
Las autoridades de
Nueva York anunciaron ya que la solicitud de
Ahmadinejad para visitar la "zona cero" fue
negada. El pueblo, por voz de la polícía de
Nueva York, no quiere tener en ese lugar a
alguien que dirige un país que patrocina el
terrorismo, idea que el mismo Bush señaló con
acierto en una pregunta durante una reciente
rueda de prensa. El Irán de Ahmadinejad figura
en la lista del departamento de Estado
norteamericano entre los países que apoyan al
terrorismo. Por lo mismo, Irán es el principal
enemigo de Israel y la visita de este siniestro
personaje se produce, además, en medio de todo
el debate en torno al programa nuclear iraní,
denunciado ya abiertamente por Naciones Unidas y
de forma muy clara particularmente por Nicolás
Sarkozy y George W. Bush.
Si la polémica del
acceso a la "zona cero" no era suficiente,
anteayer estalló una nueva polémica sobre una
conferencia de Ahmadinejad programada para el
lunes por la "prestigiosa" Universidad de
Columbia, en la misma ciudad de Nueva York. El
rector de dicha universidad -Lee Bollinger-
explicó su decisión de invitar al presidente
iraní invocando "la libertad de expresión como
valor fundamental de nuestra sociedad". En otras
palabras, la Universidad de Columbia no piensa
cancelar la conferencia del siniestro
personajillo, al que invitó, pese a las
presiones de sus muchos opositores. La
presidenta del concejo municipal de Nueva York,
Christine Quinn, pidió el jueves que la
universidad cancelase la invitación, por
considerar la idea de que Ahmadinejad sea el
invitado de honor en cualquier parte de Nueva
York como "ofensiva para todos los neoyorquinos".
No le falta razón
a Quinn. La invitación a Ahmadinejad por parte
de la Universidad de Columbia no puede razonarse
sobre la base de la libertad de expresión, sino
al hilo de lo que significa Ahmadinejad en la
actual situación que atraviesa el mundo. A su
vez, la voluntad de invitar a Ahmadinejad
contrasta con la decisión de otra universidad,
la Universidad de California-Irvine, de no
aceptar la presencia de Lawrence Summers –un
prestigioso economista, antiguo rector de la
Universidad de Harvard y ex secretario del
Tesoro de la Administración Clinton- que fue
repudiado por el feminismo radical en Harvard y,
ahora, otra vez en Irvine. Lo peor es que a
Summers se le había invitado oficialmente y, a
causa de las quejas de algún grupúsculo radical
feminista, se le quitó vergonzosamente la
invitación. Los dos casos ejemplifican el caos
intelectual del progresismo universitario. Quienes defienden
la presencia de Ahmadinejad sobre la base de la
libertad de expresión, deberían hacer lo mismo
respecto al caso de Lawrence Summers y no
mostrar una doble vara de medir. Aun así, la
categoría académica y el prestigio intelectual
de Summers no pueden siquiera compararse con la
quebrada catadura moral de Ahmadinejad. Lo que
todo esto confirma, al fin y al cabo, es cómo en
Estados Unidos hay una ciudadanía que tiene
sentido común y los pies en el suelo, mucho mas
que lo que muestran las elites progresistas de
“intelectuales” universitarios y figurillas de
lo políticamente correcto. El pueblo de Nueva
York rechaza la visita de Ahmadinejad a la “zona
cero”. Los elitistas de la progresía
universitaria de Columbia sonríen y hacen mimos
al líder de la nación más terrorista del
planeta.
Por otro lado, y
como última enseñanza, cabe insistir en el
lamentable activismo de la progresía de
izquierdas que se ha infiltrado paulatinamente
en la universidad norteamericana, como al hilo
del caso de Lawrence Summers reconocía David E.
Bernstein hasta en un diario como Los
Angeles Times. Estos diletantes uitlizan
los campus universitarios y las aulas para
imprimir un activismo que viola cualquier tipo
de decencia, de lógica y de libertad académica.
Porque, en último término, quienes han vetado en
California a Summers confirman no ser más que
una banda de autoritarios escondidos bajo lo
políticamente correcto. A su vez, pertenecen al
mismo rebaño que, en la otra costa de Estados
Unidos, reciben con los brazos abiertos a un
protector de terroristas como Ahmadinejad.