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Ahmadineyad en Nueva York

 

Publicado en Diario de América: 22/09/07

Con motivo de la Asamblea general de Naciones Unidas, Mahmud Ahmadinejad estará este fin de semana y parte de la semana próxima en Nueva York. La inmensa mayoría del pueblo norteamericano contempla la visita a Nueva York del presidente de Irán con cierto rechazo. En línea con los acuerdos y convenciones diplomáticas vigentes a nivel internacional, en su condición de nación anfitriona, Estados Unidos está obligada a permitir el acceso de los representantes de los 192 Estados miembros a las instalaciones de la ONU y garantizar su seguridad durante la estadía, dentro de un perímetro limitado.

Ahmadinejad llega, pues, este domingo a Nueva York, donde su discurso ante la Asamblea general de Naciones Unidas tendrá lugar el martes, unas horas después de que Bush hable desde el mismo estrado. A imagen y semejanza de tiranos como Chávez o Castro en sus hipócritas andanzas por Nueva York –cuando hasta aquí han llegado-, Ahmadinejad aterriza en Nueva York dispuesto a ir adelante con su propaganda bien aprendida, la misma que extrae del nazismo goebbeliano, adobada ahora con unas gotas de cinismo terrorista.

Acaso así se entiende que –en línea con la mejor tradición hitleriana- el mismo presidente de Irán ha declarado varias veces que Occidente convirtió al Holocausto judío a manos de los nazis en un mito intocable y ha insinuado la inexistencia de tal Holocausto. Además de eso, ya propuso la destrucción total de Israel, o a lo sumo trasladar a Israel a otro lugar en Europa, Estados Unidos o Canadá para devolver el territorio a los palestinos. Es con este iluminado mesiánico con el que sonríen y comparten mesa y mantel personajes como Chávez o Castro, a los que se une la tontera europea personificada por el dialogante Zapatero.

Afortunadamente, en Estados Unidos la tontería política no alcanza tales límites. Es por ello que el barbudo de Teherán, en ánimo propagandístico, adelantó ya su deseo de acercarse a la "zona cero" o dar conferencias en una universidad. En la “zona cero”, el área al sur de la ciudad, fue justamente donde estaban las Torres gemelas en las que unos cuantos fanáticos como Ahmadineyad masacraron a miles de norteamericanos hace ahora poco más de seis años. Aun así, para Ahmadinejad este viaje es la oportunidad de la foto, la del terrorista vestido de presidente que sonríe mientras las armas de su país –coladas en la frontera con Irak- llegan a manos de quienes siguen asesinando impunemente a los soldados norteamericanos.

Las autoridades de Nueva York anunciaron ya que la solicitud de Ahmadinejad para visitar la "zona cero" fue negada. El pueblo, por voz de la polícía de Nueva York, no quiere tener en ese lugar a alguien que dirige un país que patrocina el terrorismo, idea que el mismo  Bush señaló con acierto en una pregunta durante una reciente rueda de prensa. El Irán de Ahmadinejad figura en la lista del departamento de Estado norteamericano entre los países que apoyan al terrorismo. Por lo mismo, Irán es el principal enemigo de Israel y la visita de este siniestro personaje se produce, además, en medio de todo el debate en torno al programa nuclear iraní, denunciado ya abiertamente por Naciones Unidas y de forma muy clara particularmente por Nicolás Sarkozy y George W. Bush.

Si la polémica del acceso a la "zona cero" no era suficiente, anteayer estalló una nueva polémica sobre una conferencia de Ahmadinejad programada para el lunes por la "prestigiosa" Universidad de Columbia, en la misma ciudad de Nueva York. El rector de dicha universidad -Lee Bollinger- explicó su decisión de invitar al presidente iraní invocando "la libertad de expresión como valor fundamental de nuestra sociedad". En otras palabras, la Universidad de Columbia no piensa cancelar la conferencia del siniestro personajillo, al que invitó, pese a las presiones de sus muchos opositores. La presidenta del concejo municipal de Nueva York, Christine Quinn, pidió el jueves que la universidad cancelase la invitación, por considerar la idea de que Ahmadinejad sea el invitado de honor en cualquier parte de Nueva York como "ofensiva para todos los neoyorquinos". 

No le falta razón a Quinn. La invitación a Ahmadinejad por parte de la Universidad de Columbia no puede razonarse sobre la base de la libertad de expresión, sino al hilo de lo que significa Ahmadinejad en la actual situación que atraviesa el mundo. A su vez, la voluntad de invitar a Ahmadinejad contrasta con la decisión de otra universidad, la Universidad de California-Irvine, de no aceptar la presencia de Lawrence Summers –un prestigioso economista, antiguo rector de la Universidad de Harvard y ex secretario del Tesoro de la Administración Clinton- que fue repudiado por el feminismo radical en Harvard y, ahora, otra vez en Irvine. Lo peor es que a Summers se le había invitado oficialmente y, a causa de las quejas de algún grupúsculo radical feminista, se le quitó vergonzosamente la invitación. Los dos casos ejemplifican el caos intelectual del progresismo universitario. Quienes defienden la presencia de Ahmadinejad sobre la base de la libertad de expresión, deberían hacer lo mismo respecto al caso de Lawrence Summers y no mostrar una doble vara de medir. Aun así, la categoría académica y el prestigio intelectual de Summers no pueden siquiera compararse con la quebrada catadura moral de Ahmadinejad. Lo que todo esto confirma, al fin y al cabo, es cómo en Estados Unidos hay una ciudadanía que tiene sentido común y los pies en el suelo, mucho mas que lo que muestran las elites progresistas de “intelectuales” universitarios y figurillas de lo políticamente correcto. El pueblo de Nueva York rechaza la visita de Ahmadinejad a la “zona cero”. Los elitistas de la progresía universitaria de Columbia sonríen y hacen mimos al líder de la nación más terrorista del planeta.

Por otro lado, y como última enseñanza, cabe insistir en el lamentable activismo de la progresía de izquierdas que se ha infiltrado paulatinamente en la universidad norteamericana, como al hilo del caso de Lawrence Summers reconocía David E. Bernstein hasta en un diario como Los Angeles Times. Estos diletantes uitlizan los campus universitarios y las aulas para imprimir un activismo que viola cualquier tipo de decencia, de lógica y de libertad académica. Porque, en último término, quienes han vetado en California a Summers confirman no ser más que una banda de autoritarios escondidos bajo lo políticamente correcto. A su vez, pertenecen al mismo rebaño que, en la otra costa de Estados Unidos, reciben con los brazos abiertos a un protector de terroristas como Ahmadinejad.

 

 

 

 

 

 

     

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