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Estados Unidos también vive la farsa de más impuestos al tabaco

 

Publicado en Diario de América: 21/08/07

Si algo hay que elogiar a la Administración Bush es su labor a la hora de intentar al menos mantener una  política de rebaja de impuestos y evitar la subida fiscal sobre el bolsillo de los contribuyentes, sean estos fumadores o no. Eso es justamente lo que más revienta a los colectivos socializantes que cada vez están tomando más impulso por Estados Unidos gracias al babeo continuo del Partido Demócrata. El éxito de la vida política norteamericana ha sido precisamente dejar vivir en libertad a sus ciudadanos, lejos de imposiciones gubernamentales y de impuestos basados en intereses particulares.

Una Comisión que supuestamente asesora a la Casa Blanca en cuestiones de la lucha contra el cáncer, asegura ahora que para ayudar a combatir el cáncer, el Gobierno Federal de Estados Unidos debería aumentar los impuestos al tabaco y sus derivados y regular rígidamente la venta y mercadeo del tabaco, calificado como “material adictivo”. Aunque por Europa y buena parte de las Américas esto suena razonable, el fondo de la cuestión es muy otra: que es el individuo el que debe responsabilizarse de sus propias acciones y no el Gobierno, imponiendo impuestos que ahora se inician con el tabaco pero que mañana seguirán con otras mil cosas.

Ambas recomendaciones son parte de un informe difundido el jueves pasado a la prensa y que contradicen la política del presidente George W. Bush. La Casa Blanca considera, con razón, muy contraproducente encarecer los impuestos de forma punitiva para financiar un aumento del gasto público. Esa es la cuestión de fondo. Además, según el Gobierno Bush, otorgar a la Agencia de Alimentos y Medicinas la autoridad para regular el consumo del tabaco podría dar a los consumidores la impresión de que el gobierno aprueba un producto nocivo.

La Comisión Presidencial sobre el Cáncer tiene tres miembros y fue establecida en 1971. Está encargada de vigilar las gestiones de Estados Unidos para eliminar el cáncer y se reúne al menos cuatro veces al año. El informe de la Comisión no pudo dejar de reconocer que en el año 2007 tuvo lugar el mayor descenso de las muertes causadas por cáncer. Aun así, en su apocalíptica visión de la vida, la Comisión aseguró saber -sin explicar cómo- que más de medio millón de estadounidenses morirán de cáncer este año, y casi dos tercios de esas muertes “podrían” haber sido evitadas mediante un cambio en el estilo de vida. El subrayado de “podrían” ya es en sí significativo.

La “sabia” Comisión señala que las gestiones para reducir el cáncer quedan en ocasiones comprometidas por las políticas gubernamentales que disminuyen la disponibilidad de alimentos sanos y limitan la educación física. Como si la educación física o el hacer ejercicio fuera labor del Gobierno y no del ciudadano...

Como suele ocurrir en la mente progresista de estas Comisiones, la responsabilidad no es del individuo, ni de cada persona, sino del Gobierno, el Gran Hermano que debe enfrentarse a las grandes empresas tabacaleras, puestas aquí como el gran demonio. Es el mismo libreto de siempre. Por eso la Comisión sugirió que los legisladores no acepten contribuciones electorales de las empresas del tabaco, prohibir que se fume en todas las instalaciones federales y aumentar el impuesto federal al tabaco, en la actualidad de 39 centavos por cajetilla. Eso es lo que les gusta, aumentar los impuestos.

Esta subida a los impuestos del tabaco se halla en la misma línea que otra que se pide para financiar otro proyecto de salud pública donde los fumadores vuelven a ser objeto de ataques. No hace falta ser fumador para defender el derecho de los individuos para hacer lo que deseen con su propia vida y su salud. Todavía hoy está por demostrarse científicamente que el humo de “segunda mano”, o sea el inhalado por el humo de otros fumadores genere cáncer en los no fumadores. Otra cosa es que a uno le pueda molestar el humo, pero de ahí a culpar a un fumador con más impuestos, va un trecho. Por lo mismo, el encarecimiento de los impuestos empieza con el tabaco y seguirá, tarde o temprano, con otras áreas de cada individuo.

En el caso de Nueva York, la cosa resulta más lamentable todavía. Si no se permite fumar ya ni en ciertos bares, ahora se intenta que tampoco se pueda hacer en el coche propio. Así, las autoridades neoyorquinas podrían multar con una cantidad de 2.000 dólares a los conductores que fumen dentro de su propio vehículo, si en el se encuentran menores de 18 años. No cabe mayor sandez.

El concejal Demócrata de Nueva York, James Gennaro, presentó esta propuesta de ley que surge de una normativa que adoptó hace dos meses el condado neoyorquino de Rockland. El objetivo es el mismo: que el Gran Gobierno tenga dinero del ciudadano y así, poco a poco, pueda ir controlando la vida privada bajo excusas de nobles intenciones. Al final, se trata del mismo sistema progresista de la dependencia que mina las bases de la sociedad libre. Lo grave aquí es que se juega con la sensibilidad de las personas, sean o no fumadoras, contando historias de cánceres que científicamente hay que demostrar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     

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