Bush se ha
referido al asunto de la investigación sobre
células madre embrionarias en varias ocasiones y
esta es la segunda vez que veta un proyecto de
ley sobre la investigación con este tipo de
células. El veto presidencial –el segundo sobre
este tema y el tercero en su tiempo como
presidente- no es un intento de cortar las
posibilidades de la ciencia, sino el honesto
respeto a la santidad de la vida humana. Es por
ello que Bush juzga que no hay razones para
aprobar este remendado proyecto.
Ya en el año 2001,
Bush restringió la ayuda del gobierno federal a
este tipo de investigación con células madre
limitándolo a las cepas disponibles entonces. En
2006 Bush vetó también con acierto otra versión
del proyecto de ley, que buscaba ampliar el
respaldo económico del gobierno federal a la
investigación con esas células. Ya en 2001, Bush
anunció su política de avanzar en la
investigación de células madres de un modo ético
y efectivo. Aunque esto suele omitirse, Bush fue
el primer presidente que aportó fondos federales
públicos para la investigación de las células
madre de un modo que aseguraba la no destrucción
de los embriones. Desde entonces, la
administración Bush ha proporcionado más de 130
millones de dólares para la investigación de
líneas de células madre derivadas de embriones
ya destruidos anteriormente. Por lo mismo, se
incluyeron más de 3.000 millones de dólares para
investigar varias formas de las células madre –incluyendo
aquellas de adultos y de fuentes no embrionarias.
Este proyecto de
ley que Bush ha vetado no es más que otro
intento de la mayoría progresista del Congreso
por llevar adelante una iniciativa que atenta
contra la vida. Por 247 votos a favor y 176 en
contra, la Cámara de Representantes, de mayoría
demócrata, desafió el pasado 7 de junio a Bush y
dio su apoyo a una medida que –según Nancy
Pelosi como presidenta de la Cámara- suponía la
oportunidad de “salvar vidas, buscar curas y
ofrecer esperanza a aquellos que sufren”.
Cualquier persona
mínimamente informada en materia científica al
respecto, reconoce la evidencia de que con la
ciencia actual las células madre embrionarias no
sirven por sí solas realmente para curar. Sin
embargo, y contra lo que en otros medios se da
como noticia, la realidad es que la agenda de
quienes están a favor de la investigación con
células madre embrionarias pretenden a toda
costa no permitir que el debate se centre en la
discusión científica de los resultados, sino más
bien en politizar un hecho y enfrentar a la
comunidad científica y a la ciudadanía con un
falso problema entre ciencia y religión.
Es por ello que no
ha faltado tiempo para que la senadora demócrata
Hillary Clinton dijera en Nueva York ayer mismo
que el veto de Bush es paradigmático de cómo “el
presidente antepone la ideología a la ciencia y
la política a las necesidades de nuestras
familias". También afirma Hillary Clinton que
el veto de Bush es una prueba “de cuán lejos de
la realidad están tanto Bush como su partido".
Las desafortunadas palabras de Clinton suenan a
las de John Edwards que, en su campaña
presidencial de 2004, aseguraba que si John F.
Kerry era elegido presidente, Christopher Reeves
–paralizado- caminaría. Tales son las falsas
expectativas y promesas de algunos políticos.
El proyecto, en
cualquier caso, se aprobó en la Cámara de
Representantes pero no contó con el respaldo de
los dos tercios de los legisladores necesario
para superar el veto presidencial: 16
congresistas del Partido Demócrata y 160 del
Partido Republicano, sin embargo, se opusieron
con toda razón moral y con valentía al proyecto.
Estos congresistas, al igual que Bush,
representan a un amplio sector de la ciudadanía
norteamericana que no acepta la destrucción de
embriones ni tampoco las prematuras expectativas
por parte de una ciencia todavía en desarrollo.
Esa ciudadanía es consciente del objetivo que
hay detrás de todas esas promesas políticas:
tergiversar la ciencia y hacer creer a la
sociedad que los defensores de las células madre
embrionarias tienen motivaciones exclusivamente
científicas, mientras que los oponentes sólo
tienen motivos religiosos.
Es por todo eso
que se ataca y tergiversa tanto este veto de
Bush afirmando que el progreso científico debe
ser defendido y protegido de la religión, cuando
una cosa y otra no son incompatibles en
realidad. Como siempre, el objetivo es machacar
en el ciudadano medio la idea de que cualquier
planteamiento ético que proponga buscar
soluciones que respeten la vida de un ser humano
es un retroceso al progreso científico, que se
acompaña con la indiferencia por el sufrimiento
de los enfermos incurables y sus familias. Esa
es la técnica del progresismo secular y falseado
que tanto impera en los medios de comunicación y
en quienes se oponen al veto de Bush.
Bush detiene este
proyecto con mucha razón porque, además, se
opone a que el dinero público se dedique –por
vez primera en la historia- a apoyar la
destrucción deliberada de embriones humanos. En
definitiva, la reacción mediática ante el veto
de Bush muestra cómo, otra vez, se demoniza la
defensa de la vida cuando lo execrable debiera
ser lo contrario. Lo peor, además, es el
silencio general de lo que -en torno a este tema-
debieran ser las verdaderas noticias: por
ejemplo, la realidad de los enormes avances
realizados en estos años en la medicina
regenerativa real y que se ajusta a principios
éticos que defienden la vida humana. Cabe, por
tanto, dar a la tecnología el tiempo suficiente
para avanzar y hallar nuevos caminos a fin de
podernos quitar de encima el grave dilema moral
relacionado con la destrucción de embriones.
Se ha
demostrado ya, por ejemplo, la posibilidad de
cultivar células madre de gran potencial en el
líquido amniótico. Varios científicos del
Hospital Pediátrico de Boston (EEUU) han
desarrollado una técnica que permite obtener
células madre a partir de óvulos sin fecundar.
No existe, por tanto el embrión y así no hay
nueva vida. Esa obtención de células madre por
óvulos sin fecundar recurre simplemente a su
proceso de partición del óvulo. De ser
confirmados estos avances, se abre otra
alternativa que Bush apoya frente a la
destrucción o manipulación de seres humanos en
su estado embrionario –que es lo que había
detrás de este proyecto de ley-.
En la tarde de
ayer, Bush compareció en la Casa Blanca junto a
dos biólogos de prestigio que trabajan en la
búsqueda de nuevas líneas de células madre sin
violar la vida humana. Eran Bill Hurlbut,
catedrático del Centro Médico de la Universidad
de Stanford y de Don Landry, catedrático y
director del Departamento de Medicina de la
Universidad de Columbia. Ante ellos, Bush ha
afirmado que Estados Unidos “es una nación que
lidera el mundo en ciencia y tecnología”, pero
también “una nación fundada en el principio de
que toda vida humana es sagrada”. Por eso, según
Bush, “nuestra conciencia nos llama a perseguir
las posibilidades de la ciencia de un modo que
respete la dignidad humana y que mantenga
nuestros valores morales”.
En su clarificador discurso, Bush ha afirmado
que se están dando ya avances importantes en la
ciencia y en los usos terapéuticos de las
células madre extraídas de adultos y niños, así
como de la sangre del cordon umbilical, sin que
eso suponga daño al donante. Es en esa línea de
investigación donde el gobierno norteamericano a
través de los Institutos Nacionales de Salud
(National Institutes of Health) ha aportado gran
cantidad de fondos económicos. De este modo, el
dinero público se destina a la investigación de
estos nuevos tipos de ciencia que no atentan
contra la moral ni contra la ética.
Bush, en fin,
acierta con esta decisión y con su compromiso
vigente en toda sus presidencia de abrir nuevas
vías de investigación por la que apostar por el
bien de la humanidad sin dilema ético alguno y
frente a los aberrantes excesos que implican el
uso de células madre embrionarias. Esto último
es justo lo que Bush ha vetado con gran razón y
por lo que cabe felicitarse.