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Bush acierta al vetar el proyecto de ley sobre las células embrionarias

 

Publicado en Diario de América: 21/06/07

Bush se ha referido al asunto de la investigación sobre células madre embrionarias en varias ocasiones y esta es la segunda vez que veta un proyecto de ley sobre la investigación con este tipo de células. El veto presidencial –el segundo sobre este tema y el tercero en su tiempo como presidente- no es un intento de cortar las posibilidades de la ciencia, sino el honesto respeto a la santidad de la vida humana. Es por ello que Bush juzga que no hay razones para aprobar este remendado proyecto.

Ya en el año 2001, Bush restringió la ayuda del gobierno federal a este tipo de investigación con células madre limitándolo a las cepas disponibles entonces. En 2006 Bush vetó también con acierto otra versión del proyecto de ley, que buscaba ampliar el respaldo económico del gobierno federal a la investigación con esas células. Ya en 2001, Bush anunció su política de avanzar en la investigación de células madres de un modo ético y efectivo. Aunque esto suele omitirse, Bush fue el primer presidente que aportó fondos federales públicos para la investigación de las células madre de un modo que aseguraba la no destrucción de los embriones. Desde entonces, la administración Bush ha proporcionado más de 130 millones de dólares para la investigación de líneas de células madre derivadas de embriones ya destruidos anteriormente. Por lo mismo, se incluyeron más de 3.000 millones de dólares para investigar varias formas de las células madre –incluyendo aquellas de adultos y de fuentes no embrionarias.

Este proyecto de ley que Bush ha vetado no es más que otro intento de la mayoría progresista del Congreso por llevar adelante una iniciativa que atenta contra la vida. Por 247 votos a favor y 176 en contra, la Cámara de Representantes, de mayoría demócrata, desafió el pasado 7 de junio a Bush y dio su apoyo a una medida que –según Nancy Pelosi como presidenta de la Cámara- suponía la oportunidad de “salvar vidas, buscar curas y ofrecer esperanza a aquellos que sufren”.

Cualquier persona mínimamente informada en materia científica al respecto, reconoce la evidencia de que con la ciencia actual las células madre embrionarias no sirven por sí solas realmente para curar. Sin embargo, y contra lo que en otros medios se da como noticia, la realidad es que la agenda de quienes están a favor de la investigación con células madre embrionarias pretenden a toda costa no permitir que el debate se centre en la discusión científica de los resultados, sino más bien en politizar un hecho y enfrentar a la comunidad científica y a la ciudadanía con un falso problema entre ciencia y religión.

Es por ello que no ha faltado tiempo para que la senadora demócrata Hillary Clinton dijera en Nueva York ayer mismo que el veto de Bush es paradigmático de cómo “el presidente antepone la ideología a la ciencia y la política a las necesidades de nuestras familias". También afirma Hillary Clinton que el veto de Bush es una prueba “de cuán lejos de la realidad están tanto Bush como su partido". Las desafortunadas palabras de Clinton suenan a las de John Edwards que, en su campaña presidencial de 2004, aseguraba que si John F. Kerry era elegido presidente, Christopher Reeves –paralizado- caminaría. Tales son las falsas expectativas y promesas de algunos políticos.

El proyecto, en cualquier caso, se aprobó en la Cámara de Representantes pero no contó con el respaldo de los dos tercios de los legisladores necesario para superar el veto presidencial: 16 congresistas del Partido Demócrata y 160 del Partido Republicano, sin embargo, se opusieron con toda razón moral y con valentía al proyecto. Estos congresistas, al igual que Bush, representan a un amplio sector de la ciudadanía norteamericana que no acepta la destrucción de embriones ni tampoco las prematuras expectativas por parte de una ciencia todavía en desarrollo. Esa ciudadanía es consciente del objetivo que hay detrás de todas esas promesas políticas: tergiversar la ciencia y hacer creer a la sociedad que los defensores de las células madre embrionarias tienen motivaciones exclusivamente científicas, mientras que los oponentes sólo tienen motivos religiosos.

Es por todo eso que se ataca y tergiversa tanto este veto de Bush afirmando que el progreso científico debe ser defendido y protegido de la religión, cuando una cosa y otra no son incompatibles en realidad. Como siempre, el objetivo es machacar en el ciudadano medio la idea de que cualquier planteamiento ético que proponga buscar soluciones que respeten la vida de un ser humano es un retroceso al progreso científico, que se acompaña con la indiferencia por el sufrimiento de los enfermos incurables y sus familias. Esa es la técnica del progresismo secular y falseado que tanto impera en los medios de comunicación y en quienes se oponen al veto de Bush.

Bush detiene este proyecto con mucha razón porque, además, se opone a que el dinero público se dedique –por vez primera en la historia- a apoyar la destrucción deliberada de embriones humanos. En definitiva, la reacción mediática ante el veto de Bush muestra cómo, otra vez, se demoniza la defensa de la vida cuando lo execrable debiera ser lo contrario. Lo peor, además, es el silencio general de lo que -en torno a este tema- debieran ser las verdaderas noticias: por ejemplo, la realidad de los enormes avances realizados en estos años en la medicina regenerativa real y que se ajusta a principios éticos que defienden la vida humana. Cabe, por tanto,  dar a la tecnología el tiempo suficiente para avanzar y hallar nuevos caminos a fin de podernos quitar de encima el grave dilema moral relacionado con la destrucción de embriones.

Se ha demostrado ya, por ejemplo, la posibilidad de cultivar células madre de gran potencial en el  líquido amniótico. Varios científicos del Hospital Pediátrico de Boston (EEUU) han desarrollado una técnica que permite obtener células madre a partir de óvulos sin fecundar. No existe, por tanto el embrión y así no hay nueva vida. Esa obtención de células madre por óvulos sin fecundar recurre simplemente a su proceso de partición del óvulo. De ser confirmados estos avances, se abre otra alternativa que Bush apoya frente a la destrucción o manipulación de seres humanos en su estado embrionario –que es lo que había detrás de este proyecto de ley-.

En la tarde de ayer, Bush compareció en la Casa Blanca junto a dos biólogos de prestigio que trabajan en la búsqueda de nuevas líneas de células madre sin violar la vida humana. Eran Bill Hurlbut, catedrático del Centro Médico de la Universidad de Stanford y de Don Landry, catedrático y director del Departamento de Medicina de la Universidad de Columbia. Ante ellos, Bush ha afirmado que Estados Unidos “es una nación que lidera el mundo en ciencia y tecnología”, pero también “una nación fundada en el principio de que toda vida humana es sagrada”. Por eso, según Bush, “nuestra conciencia nos llama a perseguir las posibilidades de la ciencia de un modo que respete la dignidad humana y que mantenga nuestros valores morales”.
 
En su clarificador discurso, Bush ha afirmado que se están dando ya avances importantes en la ciencia y en los usos terapéuticos de las células madre extraídas de adultos y niños, así como de la sangre del cordon umbilical, sin que eso suponga daño al donante. Es en esa línea de investigación donde el gobierno norteamericano a través de los Institutos Nacionales de Salud (National Institutes of Health) ha aportado gran cantidad de fondos económicos. De este modo, el dinero público se destina a la investigación de estos nuevos tipos de ciencia que no atentan contra la moral ni contra la ética.

Bush, en fin, acierta con esta decisión y con su compromiso vigente en toda sus presidencia de abrir nuevas vías de investigación por la que apostar por el bien de la humanidad sin dilema ético alguno y frente a los aberrantes excesos que implican el uso de células madre embrionarias. Esto último es justo lo que Bush ha vetado con gran razón y por lo que cabe felicitarse.

     

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