El presidente del
Comité Nacional Republicano, el senador por
Florida de origen cubano Mel Martínez, anunció
ayer viernes su abandono del cargo tras
desempeñarlo 10 meses. Según Martínez, el futuro
como partido para los republicanos y como nación
para Estados Unidos es brillante. Aun así, su
salida no es gratuita sino el signo de que su
labor no ha convencido a la base electoral.
Mel Martínez alega
que piensa continuar luchando por el Partido
Republicano, por Bush y por los candidatos. El
senador republicano de Florida señaló que dejaba
su cargo para pasar más tiempo con sus electores
y porque el Comité Nacional Republicano había
alcanzado los objetivos fijados cuando asumió el
cargo el año pasado. No resulta demasiado fácil
creer la versión de Martínez.
Según él, su
objetivo como presidente fue liderar el partido
mientras establecía su estructura y recaudaba
los recursos necesarios para respaldar a nuestro
candidato presidencial y asegurar las victorias
republicanas el próximo noviembre. Martínez
aseguró que creía que habíamos alcanzado esos
objetivos, afirmación que resulta difícilmente
creíble a la luz de los hechos.
George W. Bush
designó a Mel Martínez al cargo en noviembre de
2006 y prestó su juramento en enero de 2007.
Desde entonces, su labor ha resultado más
impávida que fructífera, sobre todo en sus
actuaciones en materia de cuestión migratoria.
Resulta más postiza que real la declaración de
Bush en cuanto a que Mel Martínez comunicó con
efectividad el compromiso de nuestro partido de
encarar los temas más importantes para todos los
estadounidenses.
Resulta difícil
creer que el mensaje de Mel Martínez resonara en
todo Estados Unidos y consolidara el respaldo de
nuestra agenda, como afirmó ayer mismo Bush. En
líneas generales, los votantes republicanos, en
especial los electores conservadores, ven con
disgusto la incapacidad de liderazgo de Martínez
y su tibieza a la hora de hacer frente a los
asuntos realmente importantes para los
norteamericanos.
Es por ello quizá
que un grupo de votantes conservadores
inauguraron este pasado viernes en Washington
una conferencia de fin de semana para escuchar a
los aspirantes republicanos a la candidatura
presidencial, en una reunión que culminará en un
debate el domingo.
En la historia del
Partido Republicano, los conservadores sociales
y religiosos han proporcionado apoyos cruciales
a la derecha liberal-conservadora para ganar las
elecciones, especialmente al presidente Bush.
De ahí la importancia de no olvidarlos, como en
su momento hizo Mel Martínez y –en ocasiones
también- el propio Bush y otros candidatos como
el propio John McCain.
La realidad a día
de hoy es que los líderes conservadores y los
votantes de talante liberal conservador están
algo decepcionados con la actual lista de
candidatos para la nominación de 2008, sobre
todo tras la no incorporación de Newt Gingrich.
Muchos han expresado una abierta oposición al ex
alcalde de Nueva York, Rudolph Guiliani, quien
apoya –por ejemplo- el derecho al aborto.
Tal es la
situación que un grupo de influyentes
conservadores religiosos ha amenazado con apoyar
al candidato de un tercer partido, si Rujdy
Guiliani es finalmente el nominado. Así las
cosas, Fred Thompson es la gran expectativa pero
su incremento de apoyos y su despegue en las
encuestas está todavía por realizarse.
En medio de esta
situación, aparece la figura de Sam Brownback,
senador por Kansas y aspirante a la presidencia
por los republicanos que no asistirá a la
conferencia al retirarse ya de la campaña.
Brownback no ha logrado atraer atención o fondos
para su campaña y ha renunciado a ella. La
decisión del senador fue provocada por la falta
de dinero recaudado y el fracaso en las
encuestas de opinión.
Estos movimientos
de Mel Martínez, Sam Brownback y la conferencia
de conservadores indica que las cosas están
calientes en el Partido Republicano, conscientes
de la dificultad que tendrán para derrotar a
Hillary Clinton como más que posible candidata
del Partido Demócrata.