En otro gesto de
la generalizada inapacidad de Naciones Unidas,
su principal diplomático se apunta a la pseudo-religión
ecológica a la moda de la progresía para
explicar las masacres de Darfur. El secretario
general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon,
aseguraba que deben esperarse más masacres de
este tipo en los próximos años. La nueva sandez
de la Naciones Unidas, más grave por cuanto
parte de su maximo cargo administrativo,
apareció publicada y firmada el pasado sábado en
una columna de opinión del diario norteamericano
The Washington Post. Allí, el dirigente
de origen surcoreano apuntaba sin dudar que el
conflicto en Darfur se inició como una crisis
ecológica, en parte causada por el cambio
climático.
Echando mano de
las estadísticas de Naciones Unidas, Ban Ki-moon
aseguraba que las lluvias se habían reducido en
aquel territorio africano un 40% durante las
últimas dos décadas, lo que unido al incremento
de la temperatura del Océano Indico generaba una
perturbación del normal desarrollo de la
estación de los monzones. Esto sugiere- según
Ban Ki-moon- que la sequía de la zona llamada
subsahariana de Africa, se origina en parte por
“el calentamiento global causado por el hombre".
Por tanto, concluía el diplomático, no es un
accidente que la violencia en Darfur estallara
durante la sequía.
Para continuar con
su ingeniosa explicación, Ban Ki-moon indicó que
cuando las tierras de Darfur eran fértiles, los
agricultores locales le daban la bienvenida a
los grupos de árabes que llegaban a la zona y
compartían su agua. Cuando llegó la sequía los
agricultores cerraron el acceso a sus tierras
para proteger el uso de los recursos. Al faltar
suficiente agua y comida para todos, se
iniciaron los enfrentamientos.
Añadía además el
agudo secretario que el caso de Sudán no es
único, sino que hay otros países como Somalia,
Costa de Marfil, Burkina Faso y otras zonas de
Africa que presentan varios conflictos debido a
la inseguridad de provisiones de agua y comida.
Como suele ser la
norma, varias agencias internacionales de
noticias y otros cientos de diarios en todo el
mundo se han apresurado a lanzar en sus
teletipos y noticias la sandez lanzada por el
líder de Naciones Unidas. Amalgamada como sabia
explicación, se obviará que el pillaje, las
violaciones y matanzas de miles de inocentes en
Darfur no se deben a cuentos ecológicos de hadas,
sino al vergonzoso genocidio en masa perpetrado
por el régimen nacional islámico de Jartum y sus
aliados del radicalismo terrorista musulmán.
Jartum lleva a sus espaldas una Guerra de más de
veinte años contra los centros cristianos
ubicados en el sur de Sudán y las tribus que
rechazan el integrismo musulmán.
Aun así, y más
allá de la cuestión de fondo en Darfur,
complicada en sí misma y que requeriría de mayor
explicación y solución, lo moralmente abyecto de
esta noticia radica en la utilización por parte
del secretario de Naciones Unidas del tema del
calentamiento global como explicación a unos
asesinatos en masa resultantes del odio
terrorista del integrismo islámico, entre otros
intereses.
Ban Ki-moon
desconocerá posiblemente que hasta el mismo
padre de la climatología científica, el
catedrático Reid Bryson, de la Universidad de
Wisconsin, calificó de falsa la teoría del
calentamiento global como resultado de la acción
del hombre y menos aún del dióxido de carbono.
Sin negar los ciclos de enfriamiento y
calentamiento del planeta, propios de la Tierra
a lo largo de millones de años, Bryson ha negado
radicalmente en varias ocasiones la posibilidad
de un consenso científico en materia del
calentamiento global.
A Ban Ki-moon eso
le importa poco. Con apenas seis meses en su
puesto frente de Naciones Unidas, el timo de la
idea del ser humano causante del calentamiento
global le sirve ahora como explicación a la moda,
como veneración oficializada de esta patética
nueva religión de la progresía secular.
Entretanto, en Darfur se siguen asesinando cada
día a decenas de niños, mujeres y hombres
inocentes por razones étnicas y religiosas.
Progiguen las
ejecuciones, las violaciones en masa y la
limpieza étnica llevada a cabo por el ejército
sudanés y sus terroristas aliados de Yanyauid.
Aunque a Ban Ki-moon le guste más la explicación
ecológica de las matanzas, el surcoreano debería
ir a contarle a las niñas violadas y a sus
madres desgarradas lo del calentamiento global y
lo de la sequía.