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Otro debate sin ideas entre los aspirantes presidenciales demócratas

 

Publicado en Diario de América: 17/11/07

El noveno debate para elegir al candidato presidencial por el Partido Demócrata para las elecciones de 2008 tenía especial interés. Se debía esto a los grandes fallos cometidos por Hillary Clinton en su anterior debate televisado en cuanto al tema de las licencias para los inmigrantes ilegales en el estado de Nueva York. En esta ocasión, Hillary Clinton demostró ante las cámaras de la cadena CNN que sigue siendo la mejor colocada para obtener la nominación, y todo pese a su general falta de ideas y su patológica tendencia a tomar dos o tres posturas distintas y contradictorias en torno a un mismo tema. Actuando bajo el victimismo de la mujer rodeada por el tiránico patriarcado machista, Hillary se ha venido quejando de ser siempre acusada por sus rivales masculinos. Ayer se enfrentó directamente a John Edwards y a Barack Obama.

Estos dos últimos intentaron desde buen principio desenmascarar a la Clinton por cambiar constantemente de posición en temas como las jubilaciones, las licencias para indocumentados y otros temas candentes. El choque dialéctico entre estos dos aspirantes y la Clinton, fogoso en los primeros diez minutos del debate, redujo a los demás participantes demócratas en el acto a un papel de meras marionetas con podio y corbata. El debate en sí supuso un espejo directo de la verdadera y preocupante falta de ideas que hoy puebla el seno del Partido Demócrata. Uno por uno, el resto de los aspirantes -Bill Richardson, Joseph Biden, Chris Dodd y Dennis Kucinich- mostraron ideas tan dispares como desafortunadas, adobado todo con un moderador –Wolf Blitzer de la CNN- que bien haría en fundar la “Clinton News Network” como filial de su actual “Cable News Network”.

Ironías aparte, a siete semanas de las asambleas partidarias en el estado de Iowa, que dan comienzo a las elecciones internas de cada partido para las primarias, Hillary Clinton parece ser ya la baza definitiva a la que se agarran los demócratas. No le faltó razón a Obama al criticar a la Clinton y asegurar que lo que los americanos buscan son respuestas directas a preguntas y problemas difíciles, y que eso no es precisamente lo que ofrece la Clinton sobre una multitud de temas. El problema para Obama, sin embargo, radica en que ni él ni Edwards, y menos aún ninguno del resto de los aspirantes de las filas demócratas, son capaces de articular unas ideas serias y realistas. De hecho, el mismo Obama tuvo hasta problemas para explicar su posición en torno a la licencia de conducir a ilegales, el mismo tema en el que había caído unas semanas antes la misma Clinton.

De más está decir que en lo que toca a la política, el pueblo norteamericano no queda nunca  al margen de los acontecimientos. El norteamericano medio conoce a Hillary Clinton y un alto porcentaje del electorado reconoce abiertamente no querer votar jamás por ella debido a las muchas sombras de su vida y su labor política junto a su esposo en los últimos 35 años. Al margen de las acciones personales de la Clinton, parece difícil que el pueblo norteamericano opte por una secuencia presidencial de Bush padre- Bill Clinton- Bush hijo – Hillary Clinton. Al mismo tiempo, la ciudadanía norteamericana ve con perplejidad y enojo la ineficacia del Congreso de Estados Unidos, de mayoría demócrata, a la hora de avanzar en la legislación.

Hillary Clinton, al igual que otros cuatro aspirantes demócratas como Obama, Biden, Kucinich o Dodd, son miembros de ese Congreso liderado por el Partido Demócrata. Curiosamente, este pasado viernes, tuvieron que ser una vez más los senadores republicanos los que acertaron en bloquear en el Senado otro desafortunado esfuerzo demócrata por condicionar el dinero federal para la guerra en Irak al regreso de las tropas estadounidenses. Clinton y su cohorte demócrata exigían el inicio del retorno de los efectivos militares norteamericanos antes de enero de 2008. Una vez más, el voto de Clinton y el de los aspirantes demócratas a la presidencia constituyen el más reciente esfuerzo del partido de la derrota para obligar a George W. Bush a perder la guerra en Irak. Con todo, tampoco esta iniciativa logró obtener los votos necesarios, lo que confirma la inoperancia de un partido político que sigue dando cada día más razones para el descontento generalizado de la ciudadanía norteamericana por la labor del Congreso. El debate de la otra noche no hizo más que mostrar la falta de ideas y los errores que cada sesión en el Congreso va confirmando con hechos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     

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