El noveno debate
para elegir al candidato presidencial por el
Partido Demócrata para las elecciones de 2008
tenía especial interés. Se debía esto a los
grandes fallos cometidos por Hillary Clinton en
su anterior debate televisado en cuanto al tema
de las licencias para los inmigrantes ilegales
en el estado de Nueva York. En esta ocasión,
Hillary Clinton demostró ante las cámaras de la
cadena CNN que sigue siendo la mejor colocada
para obtener la nominación, y todo pese a su
general falta de ideas y su patológica tendencia
a tomar dos o tres posturas distintas y
contradictorias en torno a un mismo tema.
Actuando bajo el victimismo de la mujer rodeada
por el tiránico patriarcado machista, Hillary se
ha venido quejando de ser siempre acusada por
sus rivales masculinos. Ayer se enfrentó
directamente a John Edwards y a Barack Obama.
Estos dos últimos
intentaron desde buen principio desenmascarar a
la Clinton por cambiar constantemente de
posición en temas como las jubilaciones, las
licencias para indocumentados y otros temas
candentes. El choque dialéctico entre estos dos
aspirantes y la Clinton, fogoso en los primeros
diez minutos del debate, redujo a los demás
participantes demócratas en el acto a un papel
de meras marionetas con podio y corbata. El
debate en sí supuso un espejo directo de la
verdadera y preocupante falta de ideas que hoy
puebla el seno del Partido Demócrata. Uno por
uno, el resto de los aspirantes -Bill
Richardson, Joseph Biden, Chris Dodd y Dennis
Kucinich- mostraron ideas tan dispares como
desafortunadas, adobado todo con un moderador
–Wolf Blitzer de la CNN- que bien haría en
fundar la “Clinton News Network” como filial de
su actual “Cable News Network”.
Ironías aparte, a
siete semanas de las asambleas partidarias en el
estado de Iowa, que dan comienzo a las
elecciones internas de cada partido para las
primarias, Hillary Clinton parece ser ya la baza
definitiva a la que se agarran los demócratas.
No le faltó razón a Obama al criticar a la
Clinton y asegurar que lo que los americanos
buscan son respuestas directas a preguntas y
problemas difíciles, y que eso no es
precisamente lo que ofrece la Clinton sobre una
multitud de temas. El problema para Obama, sin
embargo, radica en que ni él ni Edwards, y menos
aún ninguno del resto de los aspirantes de las
filas demócratas, son capaces de articular unas
ideas serias y realistas. De hecho, el mismo
Obama tuvo hasta problemas para explicar su
posición en torno a la licencia de conducir a
ilegales, el mismo tema en el que había caído
unas semanas antes la misma Clinton.
De más está decir
que en lo que toca a la política, el pueblo
norteamericano no queda nunca al margen de los
acontecimientos. El norteamericano medio conoce
a Hillary Clinton y un alto porcentaje del
electorado reconoce abiertamente no querer votar
jamás por ella debido a las muchas sombras de su
vida y su labor política junto a su esposo en
los últimos 35 años. Al margen de las acciones
personales de la Clinton, parece difícil que el
pueblo norteamericano opte por una secuencia
presidencial de Bush padre- Bill Clinton- Bush
hijo – Hillary Clinton. Al mismo tiempo, la
ciudadanía norteamericana ve con perplejidad y
enojo la ineficacia del Congreso de Estados
Unidos, de mayoría demócrata, a la hora de
avanzar en la legislación.
Hillary Clinton,
al igual que otros cuatro aspirantes demócratas
como Obama, Biden, Kucinich o Dodd, son miembros
de ese Congreso liderado por el Partido
Demócrata. Curiosamente, este pasado viernes,
tuvieron que ser una vez más los senadores
republicanos los que acertaron en bloquear en el
Senado otro desafortunado esfuerzo demócrata por
condicionar el dinero federal para la guerra en
Irak al regreso de las tropas estadounidenses.
Clinton y su cohorte demócrata exigían el inicio
del retorno de los efectivos militares
norteamericanos antes de enero de 2008. Una vez
más, el voto de Clinton y el de los aspirantes
demócratas a la presidencia constituyen el más
reciente esfuerzo del partido de la derrota para
obligar a George W. Bush a perder la guerra en
Irak. Con todo, tampoco esta iniciativa logró
obtener los votos necesarios, lo que confirma la
inoperancia de un partido político que sigue
dando cada día más razones para el descontento
generalizado de la ciudadanía norteamericana por
la labor del Congreso. El debate de la otra
noche no hizo más que mostrar la falta de ideas
y los errores que cada sesión en el Congreso va
confirmando con hechos.