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Aún con maquillaje... España desunida en el Día de la Hispanidad

 

Publicado en Diario de América: 13/10/07

Tal día como el de ayer, en 1492, Cristóbal Colón, al mando de tres navíos sufragados por Isabel La Católica, reina de Castilla, llegaba a América. Se iniciaba así la etapa más gloriosa de la historia de España y una de las más grandes epopeyas –el descubrimiento del novísimo continente- de la Humanidad. Es por ello que esta semana, América y España vivimos los 515 años de la llegada de Cristóbal Colón a territorio americano. En Estados Unidos, el “Columbus Day” o Día de Colón se vivió con gozo y normalidad, en recuerdo de la noble gesta de Colón, sólo ensuciada este año por cuatro parásitos neoindigenistas que en Denver (Colorado) quisieron ensuciar con pintura roja una emotiva celebración repetida año tras año en el seno del pueblo estadounidense.

Desde Lima a la Ciudad de México, Hispanoamérica entera ha celebrado con orgullo su Día de la Raza, expresión máxima de la idea de la hispanidad que Colón gestó hace ahora más de quinientos años. En algún lugar no han faltado los plumíferos de turno que se han agarrado a la desmemoria histórica para atacar a Colón. Han sido, un año más, los menos, precisamente aquellos que tan poco creen en la libertad y en el progreso humano, justo el que inició aquel viaje de Colón. En España, tristemente, han sido muchísimos más los que politizando esta fecha han querido enterrar la memoria histórica de este Día de la Hispanidad. Si bien, como sabemos, la unidad de España arranca de la Hispania romana y la unidad política data de la época visigoda y, modernamente, de las Cortes de Cádiz, la llegada de Colón a América ha sido uno de los hechos que más ha contribuido a reforzar el espíritu de unidad entre los españoles.

Ayer España celebró más desunida que nunca su Fiesta Nacional, el Día de la Hispanidad, al que en Diario de América nos hemos referido ya en editoriales y artículos anteriores. No nos mueve aquí el ánimo de ningún patrioterismo barato, al uso y abuso de los falsos nacionalismos secesionistas que tanto hoy se estilan en diversas partes de España. Nos mueve, en cambio, la visión que salta desde el otro lado del Atlántico de la penosa imagen que España está dando ante el mundo y ante sus hermanos de las Américas.

Porque lo de España no son ya los incidentes salteados –casi cómicos- de los antisistema neoindigenistas teledirigidos de Denver o de la Ciudad de México. Lo de España es más grave porque implica la negación misma de España como Nación libre y soberana, aspecto que no se contempla en ninguna de las repúblicas americanas. La izquierda española, que ha perdido su carácter de nacional, es un ente ajeno a los actos festivos y menos cuando estos afectan a la esencia histórica de España. La llegada de José Luís Rodríguez Zapatero al gobierno en 2004 abrió la caja de los truenos y puso en solfa un modelo de Nación. Casi cuatro años después de la llegada al poder del socialismo de Zapatero, España se enfrenta al momento más convulso política y socialmente de los últimos setenta años. 

La ofensiva terrorista y nacionalista –agravada por la inoperancia del gobierno de Zapatero-, se constata en la puesta en cuestión de los pilares de la Nación española: la jefatura del Estado, la aprobación de estatutos autonómicos que ponen en peligro el carácter unitario de España, la implantación de un sistema educativo de tintes totalitarios..., y una política internacional que aleja a España de los estados libres y democráticos, oscilando peligrosamente hacia dictaduras totalitarias islamofascistas y neocomunistas. Todas estas circunstancias han ido poniendo en peligro el Estado de Derecho en España que ha regido –en mayor o menor medida- la Nación española en las últimas tres décadas. Estos factores, además, han acabado por generar una división y crispación desconocidas en la sociedad española que se vio reflejada en los repetidos y más que justificados abucheos que el Presidente Zapatero tuvo que escuchar durante el Desfile de las Fuerzas Armadas celebrado ayer en Madrid.

La proximidad de las elecciones generales en marzo de 2008 augura un recrudecimiento de la situación política y social en España. Cuatro años de gobierno socialista han terminado por dejar a España casi al filo del abismo como Nación y en estas horas de la historia no caben ya más maquillajes ni disimulos.  Tal es el panorama que se contempla desde el otro lado del Atlántico y ante el que Diario de América no puede, ni quiere, quedarse al margen. Precisamente nacimos como diario para opinar en clave liberal conservadora sobre las Américas y sobre el lazo transtalántico que une a las Américas con España. 

A nadie puede llevar a engaño la entusiasta respuesta ciudadana y su apoyo casi al completo a las fuerzas armadas y a la Corona en el día de ayer. Esos entusiasmos responden a la nobleza de los ciudadanos españoles, pero contrastan con los abucheos contra Zapatero como fórmula que constata el desencanto popular ante la ineficiencia del actual gobierno socialista. Porque lo cierto es que aunque oficialmente se haya querido convertir este 12 de Octubre en el Día de la Fiesta Nacional más unánime de los últimos años, la realidad es bien otra. Y lo es puesto que la enfermiza procesión de la desmembración política de España va por dentro y es visible en el pulso diario de la vida política española, cada vez más parroquiana y provinciana. Es visible también en la realidad de unos políticos cada vez menos representativos del sentir de la mayoría del pueblo español.

No son, por tanto, lobos inventados ni apocalípticas visiones de las que damos cuenta aquí en Diario de América al hablar de esta España desunida en su Día de la Hispanidad. Son, en cambio, hechos comprobables que ya han dejado de ser sólo síntomas de una pasajera enfermedad política en España. Son asimismo pruebas irrefutables de una patología negadora de España que se ha instalado en un sector acobardado de la clase política y en la oficialidad gubernamental socialista conchabada con los cantonalismos más egoístas y aun con fuerzas políticas abiertamente en apoyo del secesionismo. No valen medias palabras ni guiños falsos. En Diario de América denunciamos una patología que, más allá de la buena fe de la mayoría de ciudadanos españoles, es perceptible no sólo en la clase política sino ya también en un sector de la sociedad que sigue mirando peligrosamente hacia otro lado como si no pasara nada y como si la cosa no fuera con ellos. Por eso, aun con maquillaje... España está hoy más desunida que nunca, tristemente... en el Día de la Hispanidad.

 

 

 

     

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