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11 de septiembre... seis años después

 

Publicado en Diario de América: 11/09/07

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 se habían venido anunciando ya en la década de los noventa: en 1993, ya en el World Trade Center de Nueva York; en 1996 en las Torres Khobar de Dahran, Arabia Saudita; en 1998 en las embajadas de Kenya y Tanzania, y en el 2000 en el ataque terrorista contra el buque norteamericano USS Cole.

Pese a todo ello, y como ya documentó Gerald Posner, la ceguera de la administración Clinton, el permanente apaciguamiento de su sonriente gobierno y la patética burocracia de agencias de seguridad mundiales (inluida la Central de Inteligencia Americana), deben hoy ser entendidas como ejemplo de lo que se hizo mal entonces y hoy no puede repetirse. De todo ello ya dio también cuenta el Informe de la Comisión del 11-S.

Desde entonces, los esfuerzos de la administración Bush por luchar contra el terrorismo han pasado por expulsar al régimen talibán de Afganistán, por empezar a restituir la democracia en Irak y por luchar contra el terrorismo de Al Qaeda en todos los rincones del mundo. El resultado han sido seis años sin atentados terroristas en suelo norteamericano, que no es poco, sobre todo si pensamos en la fuerte pervivencia del terrorismo yihadista a escala mundial.

Aun así, una gran parte de los gobiernos mundiales todavía siguen instalados en el 10 de septiembre de 2001, como si nada hubiera ocurrido, como si la cosa no fuera con ellos. Siguen culpando a Estados Unidos, y particularmente a Bush, de todos los males del mundo, con una miopía histórica de incalculables efectos negativos para el futuro de sus países y del mundo en general.

En esa miopía vive también cebado lamentablemente el Partido Demócrata en Estados Unidos, cada vez más pendiente del sector radicalizado a la izquierda y absolutamente perdido en cuanto a una real gestión legislativa. Obsesionado con el oportunismo electoralista de las próximas presidenciales, varios políticos de ese partido han reconocido abiertamente que derrotar a Al Qaeda en Irak resultaría un problema para su partido.

Como ya anunció ayer Diario de América, el general Petraeus realizó una comparecencia ante la Cámara de Representantes donde defendió con cifras los logros alcanzados desde enero, cuando el presidente George W. Bush incrementó de 130.000 a 160.000 los soldados estadounidenses en Irak. Según afirmó Petraeus, aunque los logros han sido desiguales, el terrorismo se ha reducido en los últimos tres meses en Irak, hasta el punto de que en las últimas dos semanas se logró el nivel más bajo de violencia desde junio de 2006.

La intervención de Petraeus fue interrumpida en varias ocasiones por las preguntas sectarias de los legisladores del Partido Demócrata y por gritos de los votantes y aliados Demócratas: los activistas de la izquierda norteamericana aglutintados en grupúsculos bien subvencionados y en favor del regreso de las tropas. Petraeus no tuvo pelos en la lengua para defenderse sin medias tintas de quienes le acusaban de presentar un informe escrito al dictado de la Casa Blanca, algo que Petraeus mismo negó, al asegurar que lo había redactado de su puño y letra, sin presiones de nadie.

Esta desafortunada actitud y crítica de los Demócratas contra Petraeus viene muy bien representada en un anuncio a toda página que ha publicado sin vergüenza alguna la organización izquierdista subvencionada por George Soros, MoveOn.org, en el diario “The New York Times” –cada vez más sectario- y en el que se acusa al general Petraeus de traidor, haciendo un juego de palabras con su apellido: 'General Petraeus or General Betray Us', que traducido sería “General Petraeus” o “General Traiciónanos”. Esta es, en fin, la base que dicta las acciones del Partido Demócrata, justo seis años después del 11 de septiembre.

En ese marco de política barata -tanto dentro como fuera de Estados Unidos- vive hoy el mundo esta guerra fatal contra el terrorismo. Hora es, pues, de hablar claro y dar la cara, de defender los valores de la libertad de Occidente y de no hacer más concesiones ni a los terroristas ni a quienes directa o indirectamente los apoyan.

Seis años después del 11 de septiembre de 2001, quienes siguen negando la existencia de esta amplia guerra contra el terror yijadista y quienes siguen confundiendo la lucha por la libertad humana con particulares pataletas políticas están, desde luego, ayudando a alargar esta guerra, poniendo en solfa la seguridad mundial y el futuro de nuestros hijos. Ya no valen disfraces, sino hechos.

Quitadas ya las máscaras, el baile resultaría estremecedor si no fuera por el liderazgo de un país como Estados Unidos que, pese a todo, sigue adelante, avanzando en la historia de la defensa de la libertad. Y eso... incluso cuando el enemigo vive en casa disfrazado de partido político o en la endeble Europa todavía sin ejército, la Europa "socialdemócrata" que mira pasar el calendario contando víctimas, aplaudiendo a Chávez, a Castro o a quien mejor pinte con tal de ser antiamericano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     

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