Históricamente,
las cumbres iberoamericanas han servido para muy
poco. Ni en lo político ni en lo económico
Iberoamérica podrá avanzar hacia delante y
progresar mientras siga gobernada por una turba
de políticos de medio pelo que han acabado
sustituyendo el valor de la extraordinaria
América Española y su noble ciudadanía por la
corrupción y la mentira de funestos tiranos y
oligarquías de patatal. La cumbre que acaba de
clausurarse en Chile ejemplifica hacia dónde va
en su gran mayoría Iberoamérica, y en especial países
queridos y hermanos de España como
Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua o Cuba.
En todas y cada una de estas utopías
colectivistas a la moda en Iberoamericana
encontramos el denominador común de unas
repúblicas hispanoamericanas que, en su mayoría,
van arrastrando a sus nobles y honrados
ciudadanos a la pobreza, la desmoralización y la
ruina.
En Venezuela
estamos viviendo en estos días el mayor atentado
contra la libertad del pueblo venezolano, y todo
siempre de la mano de Hugo Chávez, un tiranuelo
de machete, ex golpista y fanfarrón que pretende
instalarse en el poder igual que hiciera Fidel
Castro hace ya casi cincuenta años. En
Nicaragua, bajo disfraz de una democracia
verdadera aunque inoperante e ineficaz, otro
aprovechado como Daniel Ortega ha vuelto al
poder para seguir sembrando la ruina desde
Managua a León. Vuelve elegido por un pueblo
engañado y como si los tiros y asesinatos que él
mismo y sus sicarios lanzaron en los ochenta con
la vergonzosa revolución sandinista jamás
hubieran ocurrido. En Bolivia, Evo Morales sigue
desmoralizando a la población bajo pancartas de
un falso neoindigenismo, portador de falsedades
históricas y de perversos pasos en falso en
materia económica y política.
En medio de otra
más de esas ineficaces cumbres de países
iberoamericanos, el Rey de España mandó ayer
callar a Hugo Chávez ante los permanentes
ataques de éste al ex presidente del gobierno
español, José María Aznar, acusándolo de
fascista. La respuesta del Rey de España, aunque
loable, llega demasiado tarde. Porque los
insultos de Chávez a Aznar son un calco de los
que el Partido Socialista Español –incluidos
varios miembros del ejecutivo de Zapatero- y su
conglomerado mediático han venido lanzando
contra el ex presidente desde hace ya varios
años. La infantil respuesta pseudo-dialogante
del varado "buenismo" de José Luis Rodríguez
Zapatero ejemplifica la ineficacia de su gestión
política. Su engreído diálogo no sirve ni para
hacer frente a los secesionismos en España, ni
para acabar con ETA, ni tampoco para lidiar con
Chávez, en una mezcla de apaciguamiento
tenebroso y de antinorteamericanismo patológico.
El ataque a la
figura de José María Aznar –que es también un
ataque a España- que realizó Hugo Chávez es
consecuencia de lo que desde el otro lado del
Atlántico se ve día sí y noche también hacer en
España contra Aznar desde las filas del
socialismo de Zapatero. La bravuconada de Chávez
es también resultado de una nefasta política
exterior emprendida por el ejecutivo socialista
de Zapatero y Moratinos, incluidas sus
carantoñas a tiranuelos como Chávez, sus
epístolas admirativas a Castro y sus sonrisas a
Morales y aun al mismo Ortega o a Correa. Fidel
Castro no asistió, pero su espíritu estaba allí.
Justo al lado de Zapatero aparecía sentado
Felipe Pérez Roque, el mensajero de Castro, a
unos metros del rey y entre la barabunta que
sigue empeñada en fomentar el tercermundismo
para Iberoamericana. Estos son los compañeros de
viaje de Zapatero y lamentablemente, pese a su
acertada actitud, también del Rey de España.