En un vídeo de
Al-Qaeda vertido a la prensa la semana pasada,
el segundo de Bin-Laden, Ayman al-Zawahiri
claramente definía la guerra de Irak como el
centro de las operaciones de Al-Qaeda en el
mundo y como una guerra en la que el objetivo
máximo era derrotar a los Estados Unidos y sus
aliados en Irak. No cabe duda, por tanto, que
Irak es el centro neurálgico de esta lucha
contra el terrorismo yihadista, por mucho que se
empeñen algunos en negarlo.
Por su parte, Rick
Lynch, comandante de las fuerzas de la coalición
en la zona central de Irak, afirmó el pasado
viernes que la presión política para retirar
antes de tiempo las tropas estadounidenses de
Irak generaría un caos precisamente en momentos
en que el Ejército norteamericano está empezando
a controlar los focos terroristas de Al Qaeda en
Irak. Lynch, que representa el positivo estado
anímico de las tropas norteamericanas, aseguró
que el aumento del número de efectivos en las
últimas semanas le ha permitido despejar de
terroristas el 70 por ciento del territorio que
tiene bajo su mando al sur de Bagdad.
Vía satélite desde
Camp Victory en Bagdad, Lynch aseguró que si las
fuerzas del ejército norteamericano se retirasen,
esta capacidad de controlar a los terroristas se
esfumaría puesto que las fuerzas de seguridad
iraquíes no están todvaía del todo listas para
asumir esa tarea. Lynch advirtió que si las
tropas norteamericanas son retiradas, los
terroristas recuperarán el territorio y
realizarán más ataques en Bagdad con el
consiguiente aumento de asesinatos y muertes.
Lynch considera
que el abandono de Irak supondría "un caos",
sobre todo ahora que –según el mismo miltar- se
percibe un creciente descontento contra el
terrorismo por parte de las comunidades locales,
las tribus y sus líderes. De hecho, se dan ya
ejemplos de grupos de iraquíes que marchan por
las calles, como en el caso del distrito
mayoritariamente chiíta de Abu Dshir, en el sur
de Bagdad, en protesta contra la violencia
sectaria y de Al Qaeda, después de un atentado
con explosivos cometido la semana pasada, en el
que perecieron 17 personas. La población iraquí
desea que se ponga fin a la violencia y los
actos terroristas que han ensangrentado el país.
Esta situación y
estas declaraciones del comandante Lynch vienen
a cuento ahora, justo después de uno de los
fines de semana más sangrientos en Irak y días
antes de un nuevo debate sobre la retirada de
tropas en el Congreso de Estados Unidos,
controlado por los demócratas y a petición de
estos. No extraña que los terroristas hayan
escogido este fin de semana para lanzar otro
cobarde ataque a inocentes iraquíes, conscientes
de la fragilidad que muchos políticos
norteamericanos sienten en torno a Irak.
Al Partido
Demócrata le pesa la presión del ala izquierda
de su partido, que exige una retirada de Irak y
que lanza ahora a una figura tan lamentable como
Cindy Sheehan a presionar aún más a la
presidenta del Congreso, la demócrata Nancy
Pelosi. En ese apoyo mediático entra también el
diario “The New York Times”, que lleva desde la
primera elección de Bush lanzando críticas
contra su política y filtrando
incomprensiblemente datos e informaciones. El
rotativo neoyoquino aseguraba en su edición de
ayer que la Casa Blanca había abierto un debate
interno sobre Irak ante el temor de que los
últimos bastiones de apoyo a la guerra en el
Partido Republicano se estén desmoronando.
La realidad es que
en el Partido Republicano hay malestar con el
tema de Irak, no tanto porque las tropas deban
estar allí sino por la cuestionable estrategia
del pasado que ahora confían pueda enderezarse
gracias a la presencia del General Petraeus en
Irak. A eso se añade la cercanía de las
elecciones y la impopularidad de la guerra. Ha
habido ya un grupo reducido de senadores
republicanos que han anunciado en las últimas
dos semanas su rechazo a la estrategia actual en
la guerra y han reclamado un plan para el
regreso gradual de las tropas. Aprovechando esta
situación y el baño de sangre de este pasado fin
de semana (por cierto, en un lugar alejado de
Bagdad y de relativa importancia estratégica, a
pesar de las víctimas), el Partido Demócrata y
su batería mediática liderada por “The New York
Times” y seguida de cerca por las cadenas CNN
o NBC, intentarán exigir esa retirada.
La Administración
Bush tiene previsto presentar en estos días un
informe provisional al Congreso sobre la marcha
de la guerra en Irak después del aumento de
tropas ordenado por el Presidente en enero y que
sólo hace unos días ha podido empezar realmente
al entrar en plena operatividad. Tony Snow, el
portavoz de la Casa Blanca, explicó que el
informe será una primera imagen de la situación,
pero nunca un elemento para establecer ningún
tipo de calendario de retirada. El verdadero
informe será el que presente el 15 de septiembre
el general David Petraeus, comandante en jefe de
las tropas estadounidenses en Irak, sobre la
marcha de la guerra y los avances de las
autoridades de Irak en lo que se refiere a la
seguridad y la normalización política.
El congreso
norteamericano, de mayoría demócrata, se
equivoca al politizar la guerra y al seguir
desmoralizando a las tropas norteamericanas con
desafortunadas declaraciones sobre los avances
en Irak. Lo mismo cabe decir de algunos de los
congresistas republicanos (Richard Lugar o Pete
Domenici, por ejemplo) más interesados en su
propia reelección que en derrotar al terrorismo
yihadista. En tiempos de guerra, la tradición
norteamericana se apoyaba en la unión de toda
la nación entera defendiendo los valores que han
hecho grande a su país. Entre ellos, está
también el de ganar la guerra, guste o no, fuera
bien dispuesta o no.
Sorprende que los
acomodados políticos de Washington crean saber
más de la situación bélica que quienes están
viviendo cada día y de primera mano lo que acontece
en Irak. Las palabras de Lynch fueron
contundentes. Lo mismo cabe decir de lo dicho ayer
también por el ministro de Exteriores iraquí,
Hoshyar Zebari. En línea con la opinión que
suele expresar al respecto el gobierno Bush,
Zebari afirmó que una retirada demasiado rápida
de las tropas estadounidenses de Irak amenazaría
con provocar un aumento de la violencia en el
país y hasta un conflicto regional. Zebari,
además, declaró a la prensa que comprendía que
hubiera presiones sobre Bush para una retirada
de Irak, pero aseguró que las tropas iraquíes no
están listas para hacerse cargo del control del
país y que la permanencia estadounidense en la
zona es necesaria.
El ministro agregó
que intentó hacer entender a los miembros del
Congreso norteamericano que viajaron a Irak los
riesgos de un cambio de la estrategia
norteamericana. "Hemos debatido con delegaciones
del Congreso -dijo- y explicado los peligros de
una retirada rápido, que dejaría un vacío en lo
relativo a la seguridad". Tal retirada "podría
llevar a una guerra civil, a una división o a
una guerra regional". A pesar de todo esto, los
líderes del Partido Demócrata siguen sin
entender la importancia de derrotar al
terrorismo en Irak. Lo mismo pasa con algunos
senadores republicanos que no están
comportándose a la altura de las circunstancias.
Es en estas situaciones cuando Bush muestra todo
el liderazgo que muchos le niegan y cuando cabe
felicitarle por su coherencia en este tema.
Resulta difícil creer que el viejo libreto de
los setenta con Vietnam vaya a servir ahora para
Irak. Al final, y pese a la poca popularidad de
la guerra, el pueblo norteamericano tendrá la
última palabra.