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Hacer de Bush otro Nixon y de Irak otro Vietnam

 

Publicado en Diario de América: 10/07/07

En un vídeo de Al-Qaeda vertido a la prensa la semana pasada, el segundo de Bin-Laden, Ayman al-Zawahiri claramente definía la guerra de Irak como el centro de las operaciones de Al-Qaeda en el mundo y como una guerra en la que el objetivo máximo era derrotar a los Estados Unidos y sus aliados en Irak. No cabe duda, por tanto, que Irak es el centro neurálgico de esta lucha contra el terrorismo yihadista, por mucho que se empeñen algunos en negarlo.

Por su parte, Rick Lynch, comandante de las fuerzas de la coalición en la zona central de Irak, afirmó el pasado viernes que la presión política para retirar antes de tiempo las tropas estadounidenses de Irak generaría un caos precisamente en momentos en que el Ejército norteamericano está empezando a controlar los focos terroristas de Al Qaeda en Irak. Lynch, que representa el positivo estado anímico de las tropas norteamericanas, aseguró que el aumento del número de efectivos en las últimas semanas le ha permitido despejar de terroristas el 70 por ciento del territorio que tiene bajo su mando al sur de Bagdad.

Vía satélite desde Camp Victory en Bagdad, Lynch aseguró que si las fuerzas del ejército norteamericano se retirasen, esta capacidad de controlar a los terroristas se esfumaría puesto que las fuerzas de seguridad iraquíes no están todvaía del todo listas para asumir esa tarea. Lynch advirtió que si las tropas norteamericanas son retiradas, los terroristas recuperarán el territorio y realizarán más ataques en Bagdad con el consiguiente aumento de asesinatos y muertes.

Lynch considera que el abandono de Irak supondría "un caos", sobre todo ahora que –según el mismo miltar- se percibe un creciente descontento contra el terrorismo por parte de las comunidades locales, las tribus y sus líderes. De hecho, se dan ya ejemplos de grupos de iraquíes que marchan por las calles, como en el caso del distrito mayoritariamente chiíta de Abu Dshir, en el sur de Bagdad, en protesta contra la violencia sectaria y de Al Qaeda, después de un atentado con explosivos cometido la semana pasada, en el que perecieron 17 personas. La población iraquí desea que se ponga fin a la violencia y los actos terroristas que han ensangrentado el país.

Esta situación y estas declaraciones del comandante Lynch vienen a cuento ahora, justo después de uno de los fines de semana más sangrientos en Irak y días antes de un nuevo debate sobre la retirada de tropas en el Congreso de Estados Unidos, controlado por los demócratas y a petición de estos. No extraña que los terroristas hayan escogido este fin de semana para lanzar otro cobarde ataque a inocentes iraquíes, conscientes de la fragilidad que muchos políticos norteamericanos sienten en torno a Irak.

Al Partido Demócrata le pesa la presión del ala izquierda de su partido, que exige una retirada de Irak y que lanza ahora a una figura tan lamentable como Cindy Sheehan a presionar aún más a la presidenta del Congreso, la demócrata Nancy Pelosi. En ese apoyo mediático entra también el diario “The New York Times”, que lleva desde la primera elección de Bush lanzando críticas contra su política y filtrando incomprensiblemente datos e informaciones. El rotativo neoyoquino aseguraba en su edición de ayer que la Casa Blanca había abierto un debate interno sobre Irak ante el temor de que los últimos bastiones de apoyo a la guerra en el Partido Republicano se estén desmoronando.

La realidad es que en el Partido Republicano hay malestar con el tema de Irak, no tanto porque las tropas deban estar allí sino por la cuestionable estrategia del pasado que ahora confían pueda enderezarse gracias a la presencia del General Petraeus en Irak. A eso se añade la cercanía de las elecciones y la impopularidad de la guerra. Ha habido ya un grupo reducido de senadores republicanos que han anunciado en las últimas dos semanas su rechazo a la estrategia actual en la guerra y han reclamado un plan para el regreso gradual de las tropas. Aprovechando esta situación y el baño de sangre de este pasado fin de semana (por cierto, en un lugar alejado de Bagdad y de relativa importancia estratégica, a pesar de las víctimas), el Partido Demócrata y su batería mediática liderada por “The New York Times” y seguida de cerca por las cadenas CNN o NBC, intentarán exigir esa retirada.

La Administración Bush tiene previsto presentar en estos días un informe provisional al Congreso sobre la marcha de la guerra en Irak después del aumento de tropas ordenado por el Presidente en enero y que sólo hace unos días ha podido empezar realmente al entrar en plena operatividad. Tony Snow, el portavoz de la Casa Blanca, explicó que el informe será una primera imagen de la situación, pero nunca un elemento para establecer ningún tipo de calendario de retirada. El verdadero informe será el que presente el 15 de septiembre el general David Petraeus, comandante en jefe de las tropas estadounidenses en Irak, sobre la marcha de la guerra y los avances de las autoridades de Irak en lo que se refiere a la seguridad y la normalización política.

El congreso norteamericano, de mayoría demócrata, se equivoca al politizar la guerra y al seguir desmoralizando a las tropas norteamericanas con desafortunadas declaraciones sobre los avances en Irak. Lo mismo cabe decir de algunos de los congresistas republicanos (Richard Lugar o Pete Domenici, por ejemplo) más interesados en su propia reelección que en derrotar al terrorismo yihadista. En tiempos de guerra, la tradición norteamericana se apoyaba en la unión de toda la nación entera defendiendo los valores que han hecho grande a su país. Entre ellos, está también el de ganar la guerra, guste o no, fuera bien dispuesta o no.

Sorprende que los acomodados políticos de Washington crean saber más de la situación bélica que quienes están viviendo cada día y de primera mano lo que acontece en Irak. Las palabras de Lynch fueron contundentes. Lo mismo cabe decir de lo dicho ayer también por el ministro de Exteriores iraquí, Hoshyar Zebari. En línea con la opinión que suele expresar al respecto el gobierno Bush, Zebari afirmó que una retirada demasiado rápida de las tropas estadounidenses de Irak amenazaría con provocar un aumento de la violencia en el país y hasta un conflicto regional. Zebari, además, declaró a la prensa que comprendía que hubiera presiones sobre Bush para una retirada de Irak, pero aseguró que las tropas iraquíes no están listas para hacerse cargo del control del país y que la permanencia estadounidense en la zona es necesaria.

El ministro agregó que intentó hacer entender a los miembros del Congreso norteamericano que viajaron a Irak los riesgos de un cambio de la estrategia norteamericana. "Hemos debatido con delegaciones del Congreso -dijo- y explicado los peligros de una retirada rápido, que dejaría un vacío en lo relativo a la seguridad". Tal retirada "podría llevar a una guerra civil, a una división o a una guerra regional". A pesar de todo esto, los líderes del Partido Demócrata siguen sin entender la importancia de derrotar al terrorismo en Irak. Lo mismo pasa con algunos senadores republicanos que no están comportándose a la altura de las circunstancias. Es en estas situaciones cuando Bush muestra todo el liderazgo que muchos le niegan y cuando cabe felicitarle por su coherencia en este tema. Resulta difícil creer que el viejo libreto de los setenta con Vietnam vaya a servir ahora para Irak. Al final, y pese a la poca popularidad de la guerra, el pueblo norteamericano tendrá la última palabra.

     

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