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Verdades de Bush y patrañas de Hillary Clinton

 

Publicado en Diario de América: 03/11/07

El pasado jueves, George W. Bush no tuvo ningún empacho en comparar a los líderes demócratas del Congreso de Estados Unidos –Nancy Pelosy y Harry Reid- con aquellos otros líderes que, a inicios del siglo XX, hicieron oídos sordos al ascenso de monstruos como Hitler y Lenin. Bush aludía a que el mundo pagó ya entonces el precio terrible de los totalitarismos fascistas y comunistas, y hoy corre de nuevo el riesgo de situaciones similares con el totalitarismo que busca imponer el terrorismo islamofascista.

La acusación de Bush al Congreso parte de la situación de estancamiento en las dos cámaras de representantes de piezas legislativas claves para Estados Unidos en la lucha contra el  terrorismo, como la urgente y necesaria aprobación de una ley para regular el espionaje a sospechosos de terrorismo. Lo mismo puede decirse en cuanto a la lentitud del Congreso a la hora de aprobar paquetes de gastos para la guerra de Irak, el Pentágono y asuntos de veteranos de guerra. Según Bush, es más que desafortunado que en tantos asuntos de importancia para Estados Unidos, el Congreso se esté comportando como si la nación norteamericana no estuviera en medio de una guerra.

Sus críticas hay que entenderlas en el marco del lento proceso de confirmación por parte del Congreso de Michael Mukasey como nuevo Secretario de Justicia. Los demócratas, en su voluntad permanente de bloquear todas las propuestas y nominaciones de Bush, siguen haciendo todo lo posible por perjudicar la presidencia de Bush. Más allá de amistades o enemistades políticas, la realidad es que lo que los líderes demócratas del Congreso están haciendo es no legislar y, además, debilitar la capacidad del gobierno norteamericano de interceptar comunicaciones de terroristas sobre ataques potenciales a Estados Unidos.

Resulta difícilmente explicable cómo, en momentos de tensión internacional y con miles de soldados norteamericanos desplegados en zonas álgidas del planeta, el Congreso –por vía de sus líderes demócratas- sigan reteniendo fondos económicos vitales para las tropas norteamericanas que están haciendo frente al terrorismo de Al Qaeda, desde Afganistán a Irak.

Como suele ser ya triste costumbre, el ineficiente líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid, sigue empeñado en negar la realidad y hablar de Irak como la guerra de Bush y la guerra “perdida” y “sin rumbo”. En el ejemplo de la mayor ineficacia de liderazgo en el Senado, Reid –con bajísimos niveles de aprobación popular en las encuestas- prosigue realizando una gestión de negativas consecuencias para la ciudadanía.

En ese mismo Senado, representando al estado de Nueva York, aparece Hillary Clinton, una de las aspirantes avanzadas para la nominación por el Partido Demócrata a la presidencia de Estados Unidos. Su ventaja actual en las encuestas con respecto a los demás candidatos es más que sustancial. Sin embargo, el último debate televisado de los demócratas el pasado martes dejó serias dudas en torno a la verdadera Hillary.

A lo largo de su carrera política, Hillary Clinton ha rehusado responder honestamente a muchas cosas. El debate del martes dejó en evidencia las múltiples caras de Hillary cuando ésta tuvo que responder a una pregunta por un periodista –Tim Russert- sobre las licencias para indocumentados en Nueva York realizadas por el gobernador demócrata Eliot Spitzer. Su respuesta a favor y en contra, lo uno y lo otro a la vez, provocó que los senadores Christopher Dodd y Barack Obama y el ex senador John Edwards tuvieran que salir al paso a la mediocre y confusa respuesta de la principal candidata de su propio partido.

Como no podía ser de otro modo en el mundo de los Clinton, ahora los estrategas de la campaña de Hillary  quieren explotar el ridículo papel de la senadora y su indecisión y doble cara durante el debate demócrata para proyectarla –nada más y nada menos- como víctima de sexismo. En este caso, las siempre legítimas luchas por la igualdad entre hombres y mujeres quedan desprestigiadas por una manipuladora como Hillary Clinton y por un Partido, el Demócrata, con el rumbo cada vez más confuso.

Cierto es que a día de hoy la campaña de Hillary no está en peligro dada su abultada distancia con respecto al resto de aspirantes, pero la ciudadanía de Estados Unidos está ya viendo de primera mano el nivel de oportunismo y demagogia de Hillary Clinton, la figura que el Partido Demócrata quiere que sea su principal baza para ganar la presidencia y gobernar Estados Unidos. En este contexto cabe ubicar la inoperancia en el liderazgo que también muestran cada día los líderes demócratas del Congreso, como el mismo Bush se ha encargado de apuntar astutamente esta misma semana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     

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