Según la prensa en
general, el Partido Republicano de Estados
Unidos se enfrenta otra vez a una nueva "crisis
política", afectado por lo que dicen ser varios
escándalos sexuales y de tráfico de influencias.
El ridículo episodio del senador por Idaho,
Larry Craig, es el caso de un político fallido
que no representa al grueso del Partido
Republicano. Este errado senador se equivocó al
declararse culpable por unos hechos todavía hoy
en cuestión y su vida política está ya condenada
al fracaso. Desde aquí, Diario de
América es el primero en pedir la
dimisión de un político como Craig que, tras
declararse culpable, no está ya a la altura de
su puesto. Lo curioso del caso es que cuando
saltan estas situaciones, los senadores
Republicanos normalmente o dejan su cargo por
voluntad propia, o bien sus mismos colegas
Republicanos les piden que se vayan. Ese no es
precisamente el mismo operar que siguen los
políticos Demócratas, siempre reacios -al igual
que el socialismo europeo y latinoamericano- a
dejar su poltrona.
Para empezar, tres
legisladores republicanos exhortaron ya al
senador Larry Craig a que renuncie, a raíz del
escándalo generado por su presunta mala conducta
en el baño de un aeropuerto de Minnesota. El
congresista Republicano Pete Hoekstra de
Michigan y el senador del mismo partido, Norm
Coleman de Minnesota, instaron a Craig a que
abandone su cargo. Coleman dijo que Craig se
declaró culpable de un acto cuya conducta no
corresponde a la de un senador. Exactamente es
así. El pasado miércoles, el senador John McCain
de Arizona, precandidato presidencial
Republicano, también pidió la renuncia de Craig
diciendo que quienes se declaran culpables no
deben ejercer en el Senado. Hasta la Casa Blanca
también dijo que estaba desalentada por el caso
de Craig. Un portavoz presidencial dijo tener la
esperanza de que el asunto se resuelva
rápidamente en el interés del Senado y el pueblo
de Idaho. O sea, que la solución es su dimisión.
El senador
republicano Larry Craig aseguró el martes que no
es ni nunca ha sido homosexual y que no hizo
nada reprobable. Sea así o no, su acto fue una
estupidez y declararse culpable sin tener
siquiera asesoramiento judicial, fue otra mayor
sandez por parte de Craig. Los Republicanos –tanto
los políticos como los votantes- no han perdido
un minuto en exigir su renuncia. Esta actitud de
dejar el puesto en caso de ser inculpado o
encausado en algún caso es precisamente la misma
que vimos en meses pasados en situaciones como
el del Republicano Tom Delay, o después Mark
Foley. Sin embargo, nada de eso es observable en
las filas Demócratas a pesar de los muchos
escándalos de sus políticos, precisamente los
mismos que los medios de comunicación dominantes
suelen "perdonar".
Bastaría recordar
las figuras y los escándalos calamitosos de
varios políticos Demócratas, con mezcla de
alcohol, sexo real y corrupción: ahí están las
andanzas de Ted Kennedy, Alcee Hastings, Gary
Studds, Barney Frank, John Murtha, William
Jefferson y otros más, algunos de los cuales
siguen hoy en el Congreso sin que la prensa diga
apenas nada. Y por supuesto, no puede olvidarse
la figura de Bill Clinton, que mintió al pueblo
norteamericano en una historia que va mucho más
allá del caso de la simple becaria y que incluye
también a una larga lista de mujeres que
denunciaron al expresidente, y todo aparte del
turbio escándalo financiero del “Whitewater” con
su misma esposa Hillary Clinton en los años de
Arkansas...
El caso de los
Clinton resulta paradigamático de esa manera de
operar, siempre con ocultaciones y asuntos
turbulentos en torno a la legalidad de ciertos
actos. Ya lo vimos con la financiación de un
grupo de empresarios chinos en el mandato de
Bill Clinton y ahora, lo volvemos a presenciar
con la campaña de Hillary Clinton. Varios
líderes demócratas, entre ellos la aspirante
presidencial Hillary Clinton, se han visto
forzados y obligados a devolver las donaciones
del influyente empresario chino Norman Hsu,
debido a sus cuestionables prácticas de
recaudación de fondos y una orden de arresto en
su contra. El diario "The Wall Street Journal"
adelantó un reportaje sobre esta controversia en
torno a Norman Hsu, conocido por su enorme
habilidad para recaudar fraudulentamente fondos
políticos, en especial para Hillary Clinton.
Hsu, que aparecía como donante en la página web
de la campaña de Hillary Clinton, ha recabado
más de un millón de dólares para su campaña
electoral y en los últimos dos años y medio
incluso donó 23.000 dólares de su propio
bolsillo a su campaña para el Senado y para la
Casa Blanca.
Esa capacidad de
recaudar fondos lo sitúa entre los 20 donantes
más influyentes del Partido Demócrata, lo que es
en sí un ejemplo claro del turbulento origen de
las donaciones a los Demócratas y
particularmente de Hillary Clinton, al proceder
de un fugitivo de la justicia como Hsu. Existe
una orden de arresto en contra de Norman Hsu en
California desde comienzos de la década de 1990,
sumada a una controversia sobre los métodos de
corrupción y estafa que el empresario utiliza
para recaudar fondos. Resulta curioso que el
caso del senador Craig haya saltado justo a la
vez que el escándalo de la campaña de Hillary
Clinton, en uno de esos movimientos de la
maquinaria Demócrata y clintonista para evitar
crear más sospechas y evitar disimular el
nerviosismo entre el público y los votantes
Demócratas. Una investigación del "The Wall
Street Journal" destapó afortunadamente "un
patrón inusual entre las donaciones políticas de
Hsu y las de sus allegados", en particular, los
residentes de una pequeña vivienda en Daly City
(California), cuyas "grandes donaciones" a veces
coincidieron con la misma fecha y cantidad.
La realidad es que
el pueblo norteamericano tiene que hacer lo
posible por quitarse de en medio a este tipo de
políticos norteamericanos corruptos,
independientemente del partido del que procedan,
se llamen como se llamen. Hora es ya de acabar
con esta turba de sinvergüenzas que, aunque no
son muchos en el Congreso, están perjudicando la
vida política y la democracia de esta gran
nación que es Estados Unidos. Con todo, seguirán
leyendo titulares sensacionalistas en torno a la
lascivia, la seducción y la corrupción de los
Republicanos. Sólo de los Republicanos. La
realidad es que Larry Craig no tiene ya nada que
hacer en política. Hillary Clinton, en cambio,
es en estos momentos la casi segura candidata
presidencial por el Partido Demócrata. A ésta se
le pasa todo, incluida la gravedad de este
escándalo de financiación. Es la doble vara de
medir por parte de una masa mediática que, a
excepción de algunos medios y parte de la
blogosfera, sigue sonriendo a la progresía.