Newt Gingrich
es conocido en la política norteamericana como el
diseñador del “Contrato con América” que llevó al
Partido Republicano en 1994 a obtener la mayoría en
el Congreso por primera vez en cuarenta años. Con el
impulso dado por Gingrich como Presidente de la
Cámara de Representantes, el Congreso aprobó la
reforma de la asistencia social, el primer
presupuesto balanceado en toda una generación y el
primer recorte de impuestos en dieciséis años. Los
más recientes esfuerzos de Newt Gingrich por mejorar
la vida y la política norteamericana se reflejan en
iniciativas personales de gran valor como “American
Solutions” y “Plattform for the American
People”, entre otras. A ello Gingrich une además un
talento especial para comunicarse con lectores y
oyentes y para publicar libros que, sobre un sólido
conocimiento histórico, político y cultural, ayudan
a entender mejor la grandeza de Estados Unidos y las
posibilidades de futuro. Bastaría recordar aquí
títulos que en su día fueron éxitos de venta como
Contract with América, To Renew America,
Winning the Future, Pearl Harbor y
–el más reciente-
Real Change.
Uno
de los últimos libros de Gingrich es
Rediscovering God in America, publicado en
2006 y que expone cómo los líderes históricos de
Estados Unidos expresaron siempre una abierta y
sincera devoción a Dios. Gingrich y su equipo
tuvieron el acierto de elaborar una edición de este
volumen en lengua española, cuyo resultado es
Descubra la fe de una nación, del que
pronto se lanzó también un apasionante
DVD y un breve
vídeo del mismo. Se trata de un libro escrito
desde un ángulo histórico y no teológico. Su
objetivo es descubrir la verdadera fuente histórica
de la libertad norteamericana y valorar
objetivamente cómo los padres fundadores de Estados
Unidos comprendieron que para mantener la libertad
en una sociedad libre se necesitaba poseer una firme
creencia en el Creador que llamamos Dios y más allá
de confesiones concretas. El papel divino en la
historia de los primeros pasos para la creación de
la nación estadounidense y en el desarrollo de la
libertad de este país resulta incontestable, como
bien prueba este volumen.
Tras una interesante introducción sobre la presencia
de Dios como Creador y sus constantes referencias en
el ámbito público de la nación norteamericana,
Gingrich va desmenuzando en varios capítulos la
realidad visible de referencias a lo divino en
múltiples lugares claves de Estados Unidos. En los
Archivos Nacionales, por ejemplo, se puede ver el
documento original de la “Declaración de
Independencia”, la misma que recoge la célebre frase
que afirma que los hombres han sido “dotados por
nuestro Creador de ciertos derechos inalienables”. Gingrich
recorre varios monumentos de la capital
norteamericana, como los dedicados a George
Washington, a Thomas Jefferson, a Abraham Lincoln,
al de los Veteranos de Vietnam y al Monumento de la
Segunda Guerra Mundial. El libro nos invita también
a realizar un recorrido por edificios fundamentales
en el devenir histórico, político y cultural de la
nación norteamericana. En todos ellos, Gingrich
busca y encuentra la huella de Dios como testimonio
de una nación creada sobre la idea divina: así, en
edificios y espacios públicos urbanos como el
Capitolio de Estados Unidos, la Corte Suprema, la
Biblioteca del Congreso, el Edificio Ronald Reagan y
hasta en la Casa Blanca o el Cementerio Nacional de
Arlington. Este fascinante itinerario a pie por
Washington, D.C., va acompañado de direcciones y
mapas, imágenes seleccionadas de la gira y otros
detalles que hacen de este volumen una pequeña obra
maestra para leer con gusto. Paralelamente, la gira
aquí explicada sirve para negar a todos cuanto
desean eliminar a Dios de la historia de los Estados
Unidos.
Este libro de Newt Gingrich ayuda a entender que el
firme compromiso con la libertad religiosa resulta
ser la piedra angular de la libertad estadounidense.
Precisamente, quienes alcanzaron la costa Este de
Estados Unidos allá en los primeros años del siglo
XVII lo hicieron para poder practicar libremente sus
creencias religiosas y huir de la falta de libertad
y del absolutismo monárquico europeo. Ese afán de
libertad fue el que trajo a los puritanos con su
voluntad de crear una “ciudad asentada sobre un
monte” que sería un faro de luz con su creencia
religiosa y su piedad. A todo esto se unirían los
peregrinos, los cuáqueros y los católicos. Es así
cómo ya en la segunda mitad del siglo XVIII, los
padres fundadores entendieron la importancia de
diseñar una forma práctica de gobierno que
permitiera a los grupos religiosos la libertad de
expresión para pronunciar sus fuertes creencias en
el ámbito público. Fue en ese marco histórico que
Estados Unidos proclamó su Declaración de
Independencia donde se afirmó bien alto que todos
los hombres “son dotados por su Creador de ciertos
derechos inalienables; entre los que están la vida,
la libertad y la búsqueda de la felicidad”. Esta es
la cláusula sobre la que Estados Unidos se forjó,
con un rechazo al concepto de que el poder sólo
proviene de Dios por medio del monarca y luego al
pueblo.
Animado por ese texto plantado con claridad por
Thomas Jefferson, llegaría así al primer presidente,
George Washington, quien en su inauguración del 30
de abril de 1789, puso su mano derecha sobre la
Biblia y después de hacer el Juramento agregó: “So
Help Me God” (“Así me ayude Dios”). Luego se inclinó
y besó la Biblia que estaba frente a él. Años
después, Alexis de Tocqueville anotó en su perspicaz
ensayo La Democracia en América (1835): “No
sé si todos los estadounidenses tienen una fe
sincera en su religión, porque ¿quién conocerá el
corazón humano? No obstante, tengo la certeza de que
sostienen la fe como elemento indispensable para el
mantenimiento de las instituciones republicanas”.
Casi un siglo después, también Abraham Lincoln supo
ver que el nuevo nacimiento de la libertad de
Estados Unidos requeriría que la nación buscara la
fuente de sus libertades en el mismo lugar que lo
había hecho antes de la Guerra Civil: bajo Dios.
Newt Gingrich prueba también en este libro con
argumentos sólidos el implacable esfuerzo
desarrollado por el progresismo secular de las
izquierdas a fin de expulsar a Dios del ámbito
público de Estados Unidos. Porque, debe señalarse,
la idea de que la separación de Iglesia y Estado no
aparece en ningún lugar de la Constitución de los
Estados Unidos. El empeño por borrar a Dios de la
sociedad se comprueba en la decisión de 2002
dictaminada por el Noveno Circuito de la Corte de
Apelaciones de Estados Unidos citando que la frase
“Under God” (“bajo Dios”) es inconstitucional cuando,
de hecho, fue apoyada por más del noventa por ciento
del pueblo estadounidense, con la firma del entonces
presidente Eisenhower en 1954. Esta desafortunada
decisión es paradigmática del ataque fundamental a
la identidad estadounidense que valora que los
derechos inalienables provienen de Dios. Gingrich
argumenta con razón en su libro que reconocer a una
nación “bajo Dios” es clave en un país como Estados
Unidos que tiene tanta diversidad religiosa, sobre
todo porque la frase trasciende cualquier fe o
denominación y es, por tanto, inclusiva. La idea de
una sociedad sin valores espirituales y religiosos
que busca prohibir las referencias públicas a Dios y
eliminar sistemáticamente todos los símbolos
religiosos del ámbito público no se atiene a la
voluntad de los padres fundadores, ni tampoco al
talante de la gran mayoría de los norteamericanos
desde ayer hasta nuestros días. Aun así, esa
tradición y esos valores enraizados en la misma
creación de este país aparecen rechazados por
el catecismo de la progresía secular que vive
entre las elites intelectuales, judiciales y
mediáticas norteamericanas y que juzgan
negativamente toda expresión religiosa. Este libro –Descubra
la fe de una nación, es la mejor respuesta.
Newt Gingrich.
Descubra la fe de una nación. Grupo Nelson,
2007.