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¿McCain-Romney 2008?

 

Publicado en Diario de América: 08/02/08

Mitt Romney anunció ayer  en Washington que suspendía su carrera presidencial. Lo hizo como un caballero y por la razón única y valiente de ayudar a Estados Unidos y no a sí mismo. El discurso de Romney quedará para la historia porque supone una de las mejores articulaciones de la situación ante la que se encuentra América y Occidente en lo que va del siglo XXI y en el contexto de la guerra contra la salvajada que es el yihadismo radical terrorista. “Si esto fuera sólo sobre mí –afirmó Romney- seguiría. Pero entré en esta campaña porque amo a América… y porque amo a América, siento que debo echarme a un lado, por nuestro partido y por nuestro país”.

Mitt Romney se echa a un lado para no ser un obstáculo para McCain ni para su partido –el republicano- necesitado de curar sus heridas y aclarar su plantel a nueve meses de las elecciones generales para la presidencia. Romney se va pero McCain no debería dejarle escapar. Porque Romney deja vía libre a McCain para evitar que Barack Obama o Hillary Clinton aprovechen las luchas internas en la derecha norteamericana y se lleven la Casa Blanca para la izquierda más siniestra vista aquí desde hace muchos años. Bien sabemos que Romney podía haber seguido adelante en la campaña. Dinero no le faltaba para ganar más delegados en los casi veinte estados que aún quedan en juego. Equipo no le faltaba tampoco para alterar con sus delegados una Convención Republicana que quedaría casi rota el próximo septiembre en St. Paul y haciendo la nominación de McCain difícil y quebrada, si no imposible.

El modo en que se ha producido la salida de la campaña de Romney debe ser un orgullo para los conservadores. Supone tristemente el fin a una auténtica alternativa conservadora entre los candidatos que restaban, pero es un ejemplo de la altura política de Romney. Huckabee no puede ganar más allá del voto evangélico sureño -en realidad más el bautista que el evangélico- y debería honestamente seguir los pasos de Romney y dejar el camino libre para poder unificar una estrategia real de futuro en el seno de la derecha norteamericana con el fin de parar a Hillary u Obama. Por el mismo razonamiento, McCain debería movilizarse y asegurar con franqueza una y mil veces una agenda conservadora para su presidencia anunciando cuanto antes que su vicepresidente será un verdadero conservador: alguien de nombre "Mitt" y de apellido "Romney". No cabe otra opción si es que McCain quiere tener un apoyo real y creíble entre la base votante conservadora que tanto necesita para tener opciones reales en las generales.

Reconozcamos que no es éste el panorama que algunos hubieramos deseado, sobre todo por el difícil compromiso que supone para los conservadores ceder ante la maquinaria "moderada" republicana que ha venido elevando ficticiamente a John McCain a las alturas. Digámoslo claro ya: el éxito en las primarias de McCain está en directa proporción con el voto dividido a tres bandas de los conservadores (entre Romney, Huckabee y Thompson). De haber habido un único y fuerte candidato conservador apoyado unánimemente por toda la base conservadora -como siempre ha sido el caso en las primarias-, McCain hubiera tenido pocas posibilidades de alcanzar la nominación final, como se percibía hasta hace sólo unas semanas. Es por eso que en varias ocasiones hemos dejado claras nuestras diferencias con McCain y nuestras dudas ante un político escasamente conservador y abrazado muchas veces -demasiadas- a la progresía de los demócratas.

Pero llegados aquí, en esta encrucijada histórica de nominación que es única en los últimos ochenta años en la historia electoral norteamericana, quienes creemos en los valores conservadores no tenemos otra opción que actuar. Para ello hay que asegurar el voto a todos los conservadores que se presenten al congreso y al senado. Para ello hay también que apoyar la posibilidad de un “ticket” donde se incluya un componente conservador como el que ofrecería un posible McCain-Romney o incluso... McCain-Thompson, como otra posibilidad. Y nótese que no citamos a Huckabee, porque el ex-gobernador de Arkansas tiene más de populista que de conservador, como ya hemos escrito. No se trata de ceder en los principios, pero entre que a uno le partan las dos piernas y los dos brazos a la vez (Hillary u Obama), o que le rompan sólo un brazo, siempre preferiremos lo segundo (McCain). Y si el accidente luego tiene un buen doctor para sanar los males (Romney o incluso Thompson) mucho mejor para recuperarse y poder seguir peleando por los valores que han hecho grande a Estados Unidos.

Más allá de la problemática figura de McCain, con quien -como se verá- no coincidimos en muchas cosas, lo ejemplar de la jornada de ayer es que presenciamos la grandeza de la democracia norteamericana y, sobre todo, la altura política y la categoría humana que a nuestro juicio tiene Mitt Romney. Parte del dinero sobrante de su campaña lo ha donado el propio Romney al Hospital Militar Walter Reed, emblematico en cuanto a los heridos de la Guerra de Irak. En corolario: si McCain quiere ganar de verdad en noviembre, necesita unir a republicanos y conservadores. Para ello, su mejor opción es pedirle a Mitt Romney que sea su compañero en el "ticket" para las generales como vicepresidente. Dudamos que McCain lo haga, pero aquí queda escrito.

No actuar así y obstinarse en seguir siendo el "maverick" de los últimos años será cometer un suicidio político y tirar una ocasión de oro para unir a la más que descontenta base electoral conservadora. Otra cosa será que Romney acepte la invitación de McCain pero éste debe al menos intentarlo. Además de eso, y de los setenta años largos de edad de McCain, habría que pensar en un compromiso de éste por ser presidente durante sólo un turno y abrir el camino al Vicepresidente Romney para optar a la presidencia ya en 2012. Romney, en fin, se fue ayer como un caballero y es ahora cuando McCain debe tenderle el guante y ganar la Casa Blanca para la derecha norteamericana. El discurso de McCain ayer tarde en la conservadora conferencia de CPAC no es suficiente para cerrar las heridas levantadas entre conservadores y McCain, pero es un primer paso.

De cualquier forma, quizá estemos soñando y hasta aún estemos dando demasiado crédito a McCain. No se nos escapa que un político tan volátil como McCain en la presidencia con una mayoría demócrata en las dos cámaras legislativas achuchándole puede ser una bomba de relojería en temas como la inmigración, los jueces, Guantánamo, la cuestión energética y otras obsesiones de McCain demostradas en los últimos años. Aun así, sus acciones como presidente -de ser finalmente elegido- las juzgará la historia. Es por ello que una figura como Romney a su lado puede favorecer la orientación de los próximos años. Lo cierto, en cualquier caso, es que noviembre de 2008 es la última oportunidad presidencial real para McCain. Romney, por su parte, y más allá de lo que decida hacer McCain repecto a la vicepresidencia, siempre tendrá otras oportunidades. La brillante campaña de Romney y su discurso de hoy en el CPAC le han hecho entrar ya por méritos propios en la casa conservadora. Y eso en este país con la democracia más antigua, vale su peso en oro mirando hacia 2012.

 

 

     

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