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La hoja de ruta
de la derecha americana
Publicado en
ABC: 18/03/06
Si el Partido Popular aspira
realmente a ganar las próximas elecciones, debe
entrar en la batalla ideológica y en el
delineamiento de unas políticas claras y ajustadas a
las necesidades de los ciudadanos. Nuestro
permanente reclamo por un auténtico liberalismo
conservador se inscribe en la convicción de que en
todo grupo político es conveniente la pluralidad de
opiniones, pero siempre dentro de una compartida
línea ideológica y como única garantía de unión y
avance. Una de las obligaciones de los líderes
políticos de la derecha española hacia su ejemplar y
fiel base social es la de explicar en qué consisten
los principios defendidos por el Partido Popular y
el modo en que afectarán a la vida de los individuos.
Mariano Rajoy y los líderes del
Partido Popular deberían poner mucha atención a la
actual situación política en EE.UU. De ella pueden
extraer varias enseñanzas al hilo de la actual
campaña electoral estadounidense ya en marcha. El
próximo noviembre, coincidiendo con la mitad del
segundo mandato presidencial de George W. Bush, los
norteamericanos tendrán la oportunidad de votar a
sus senadores y congresistas. Dichas elecciones
intermedias resultan claves porque para la derecha
liberal-conservadora, representada por el Partido
Republicano, supondrán o el mantenimiento o la
pérdida de la mayoría en ambas cámaras.
Lo que salga de esas urnas
constituirá el 110 Congreso en la historia de EE.UU.
y condicionará no sólo la política interior de Bush,
sino también su acción exterior al depender sus
decisiones en gran medida de la aprobación por las
cámaras del Congreso y del Senado. La pérdida de la
actual mayoría implicaría una difícil gestión para
el Partido Republicano y para Bush hasta 2008, al
margen del más que posible intento por parte de los
sectores más a la izquierda del Partido Demócrata de
poner contra las cuerdas al Presidente y hasta abrir
un proceso de acusación (impeachment) contra
él.
El caso norteamericano viene a
colación porque antes de dos años los españoles
votarán en unas elecciones generales. El modo en que
la derecha liberal-conservadora norteamericana lleve
a cabo su campaña en estos meses debería servir como
modelo y hoja de ruta para el Partido Popular.
Cierto es que las respectivas coyunturas políticas y
sociales son distintas, pero en ambos casos hay un
denominador común: el odio innato del Partido
Demócrata hacia Bush, equivalente a los similares
sentimientos que desde el PSOE y sus aliados
nacionalistas existe no sólo ya contra Mariano Rajoy
y el Partido Popular en pleno, sino todavía incluso
contra José María Aznar.
Otro de los paralelos que invita a la
comparación es el hecho de que la base social de la
derecha norteamericana es, como en buena parte de la
española, fiel a unos principios y valores. Es así
que tras el impulso ideológico dado por Reagan, la
derecha norteamericana ha ido ganando siete de las
últimas diez elecciones presidenciales. En EE.UU.
hay una fuerte
polarización social que, a nuestro juicio, tiene
también semejanzas con el caso español. Si aquella
confrontación perjudica la vida política
estadounidense, sobre todo en los tiempos actuales
de guerra contra el terrorismo yihadista, lo mismo
podríamos decir en España respecto al activismo
judicial, el intervencionismo económico y la
capitulación ante los reclamos del secesionismo y el
chantaje terrorista. La diferencia está en que los
políticos de la derecha norteamericana son capaces
de comunicar sus ideas con claridad y sin medias
tintas.
Los congresistas y senadores de la derecha
norteamericana, a pesar de su momentáneo y errado
distanciamiento de Bush por el reciente caso
portuario, saben que tienen ocho meses para explicar
a su electorado su programa político. Su compromiso
con los votantes se apoya en un mensaje claro de
libertad, desde lo individual a lo social y desde lo
económico a lo espiritual. De esas propuestas puede
y debe tomar nota el Partido Popular adaptándolas
cuidadosamente a las necesidades concretas de los
españoles.
Podrían mencionarse varias iniciativas de la derecha
norteamericana claramente expuestas a sus votantes:
la reducción del gasto público para programas
gubernamentales que no reviertan directamente en la
mejora de la vida del individuo; la aprobación de
una enmienda legislativa que fiscalmente obligue al
Gobierno a cuadrar anualmente los presupuestos
generales; la defensa de la santidad de la vida
humana; la Ley de Protección del Matrimonio, que
asegura que dicho concepto significa estrictamente
la unión de un hombre y una mujer como esposo y
esposa, vetando cualquier definición arbitraria por
parte del activismo judicial; la Ley de Ética en la
vida política que requiere transparencia y claridad
en los representantes políticos y judiciales; la
Reforma Fiscal que haga permanentes los recortes de
impuestos; la Ley de Reforma de la Inmigración, con
un plan claro y detallado; la Ley Patriótica como
medio de acabar con el terrorismo.
Podríamos seguir relatando otras varias iniciativas.
Muchas de esas propuestas son modelos válidos para
España, cuya adaptación no resulta tan difícil. A
eso cabe añadir una urgente Ley de Reforma Electoral
que termine de una vez en España con la dictadura de
las minorías. Vale la pena ahondar en el ejemplo de
la derecha norteamericana, debatir ideas y
desarrollarlas en el contexto real de la vida
española para presentarse a las elecciones con
garantías de éxito.
Los españoles no merecen menos.
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